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Margus, la panadería a la que nadie entraba y que hoy es un ícono de Cipolletti

Nélida Pérez y Mariela Cormenzana contaron la historia del emprendimiento familiar que creció, se ramificó y agregó confiterías.

Un universo de tentaciones que nació con mucho esfuerzo y que logró llegar al corazón de los cipoleños luego de un comienzo marcado por la indiferencia. Casualidad o -mejor dicho- destino, ya que hoy Margus es una marca registrada de la ciudad, sinónimo de exquisitez, calidad, variedad, calidez, buena atención e innovación.

Corría el año 1986 cuando Antonio Helguero y Nélida Pérez decidieron abandonar Buenos Aires y apostar al sueño de conquistar el Alto Valle con sus panificados, luego que de él descubriera Cipolletti en un viaje que hizo para acompañar a su ahijado a una fiesta de 15. Así avizoró una tierra de oportunidades y no dudó en buscar la forma para trasladarse con su familia y seguir amasando el sueño de crecer disfrutando de la pasión que descubrió a los 9 años, cuando -por necesidad- tuvo que comenzar a trabajar en una panadería "lavando latas".

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"A mi marido siempre le gustó la panadería. Él decía que en sus venas en vez de sangre, tenía harina. Nosotros empezamos en Buenos Aires. Pedimos plata prestada para comprar un fondo de comercio y nos ubicamos en Segurola y Marco Sastre, entre Floresta y Villa Devoto. Él era el que fabricaba y yo atendía. Teníamos la idea de comprar la panadería, pero cuando teníamos el dinero, no la querían vender. La cuestión es que Dios quiso que no compráramos allá y yo estoy tan agradecida de que hayamos podido venir acá, la debemos mucho a Cipolletti", exclamó Nélida antes de recordar esa escapada de su fallecido marido con su ahijado que marcó un antes y un después en sus vidas.

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Nélida en los primeros tiempos de Margus en Cipolletti.

Nélida en los primeros tiempos de Margus en Cipolletti.

"Antonio se re contra enamoró, encontró un montón de cosas para hacer, de lo que a él le gustaba. Vio que acá los domingos estaba todo cerrado, cuando en Buenos Aires ese día era el que más vendíamos. Así que le dijo al papá de la chica que cumplía años que si sabía de alguna panadería que se vendiera o se alquilara, le avisara", relató al explicar cómo se dio la posibilidad de desembarcar en la zona con sus dos hijos mayores, Gustavo y Martín, -quienes inspiraron la marca 'Margus'- y Débora, la menor de los Helguero.

Abrirse paso en la localidad rionegrina no fue tarea fácil, sino más bien desesperante. "Al principio como que nos rechazaban un poco. Yo decía 'Díos mío, ¿a quién le hice tanto daño?' porque no me entraba nadie", contó Nélida, tras señalar que Margus levantó las persianas de una panadería que estaba al borde de fundir en 9 de julio 1056, local que hoy sigue a pleno funcionando como la joya originaria de una empresa en plena expansión.

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Gustavo Helguero, Mariela Cormenzana, Nélida Pérez y Débora Helguero en la casa central de Estación Margus. Créditos: Antonio Spagnuolo

Gustavo Helguero, Mariela Cormenzana, Nélida Pérez y Débora Helguero en la casa central de Estación Margus. Créditos: Antonio Spagnuolo

Casi como en una película, un inesperado episodio y una atinada actitud, cambiaron la historia para siempre. "Un día, al mes de abrir, yo estaba en la puerta, pidiéndole a Dios porque no entraba la gente; y una señora se para y me pide levadura. Yo sentí una alegría. Mi marido me dijo: 'Ni se la cobres, dásela'. A partir de ahí, empezamos a trabajar bien, al punto que los domingos sacaban número, se iban y después volvían", recordó.

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"Yo trabajaba desde las 6:30 de la mañana y eran las 8 de la noche y todavía estaba haciendo cajas en mi casa. Acá no se conocían las medialunas de grasa, finitas y crocantes. En ese momento lo que se estilaba acá era hacer una sola masa para las facturas, dividirla para ponerle a una, sal y a la otra, azúcar. Mi marido, en cambio, hacía de grasa, de manteca y de hojaldre", diferenció al explicar el boom de Margus a partir de un exhaustivo trabajo, los novedosos y ricos panificados de calidad que elaboraba su marido y el "buen feeling con la gente" de ella, detrás del mostrador.

-> Sobreponerse y seguir adelante

Ocho años después de "pagar ese derecho de piso" y establecer un vínculo muy cercano con sus clientes, Margus perdió al alma mater del proyecto. "Al principio no quería trabajar más. Fue justo para Semana Santa y Gustavo me dijo : 'Mamá: a papá le hubiese gustado que estén las empanadas de vigilia y las roscas, así que vamos a trabajar. Así que a los dos o tres días que enterré a mi marido, abrí", dijo Nélida, antes de que su nuera, Mariela Cormenzana, tome la posta para relatar cómo continuó Margus a partir de ese momento, con Gustavo y su suegra al frente, escoltados por Martín y Débora.

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Nélida frente al mostrador de la panadería original de Margus.

Nélida frente al mostrador de la panadería original de Margus.

"Mi marido comenzó a trabajar en la panadería a los 13 años. Es el mayor. Él aprendió a hacer todo al lado de su padre, que antes de fallecer había empezado a brindar servicio de catering. Tenía el sueño de poner un salón de eventos", comentó Mariela, quien conoció a Gustavo tres años después de ese quiebre, cuando él estudiaba Administración de empresas y ella Marketing y Publicidad en Faena.

-> Expansión

Su historia de amor, también implicó un giro para Margus ya que ella comenzó a oficiar de motor y usina de ideas, propiciando una fuerte expansión y la conversión de un emprendimiento familiar en una empresa con alto nivel de profesionalización.

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Mariela, Gustavo y su hija panificando en Margus.

Mariela, Gustavo y su hija panificando en Margus.

"Cuando nos casamos abrimos nuestra primera sucursal en Irigoyen 1727. Al principio, como todo, con mucho esfuerzo y sacrificio. Mi suegra atendía en la 9 de Julio y yo en esa sucursal. Gustavo seguía produciendo en la casa central. Estuvimos así dos o tres años, hasta que pudimos abrir otro local en la calle Esquiú 390", relató Mariela.

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Mariela, años atrás, al frente de su equipo de trabajo en Margus.

Mariela, años atrás, al frente de su equipo de trabajo en Margus.

"A partir de ahí, yo pude salir de la atención al público y Gustavo de la producción. Él se dedicó a la administración y yo a la comercialización y marketing. Ahí empecé a armar y capacitar equipos de trabajo, ya que empezamos a tener bastante personal. La idea era que incorporaran el 'Modelo Nelly" que está basado en las formas que ella tenía de atender al público. Lo mismo en producción, que no se pierda el famoso 'Know how' (saber hacer)", enfatizó.

"Yo tenía muchas ganas de abrir una sucursal en el centro, así que en año 2009 hice un estudio de mercado que arrojó como resultado un bajo posicionamiento de la empresa en la mente del consumidor. En Cipolletti nos conocía sólo una parte, los sectores cercanos a la panadería original de 9 de Julio. Quienes nos conocían, nos referenciaban como algo muy bueno, de primer nivel", destacó Mariela, pero advirtió que la panadería no era muy conocida por su nombre, sino como "la panadería del barrio San Pablo, o la panadería de Nelly".

"Así surgió la necesidad de trabajar en la imagen de marca y llegar a la parte de la población que no nos conocía", indicó. "Yo insistí con abrir una sucursal en el centro, encontramos un local en Roca y Belgrano y abrimos con una importantísima campaña publicitaria que incluyó vía pública, radio y otras acciones. Para esa fecha la panadería cumplía 25 años, así que cortamos la calle, hicimos un gran festejo y sorteamos un crucero para dos personas. El impacto fue muy grande, todo el mundo cantaba nuestro jingle que empezaba diciendo 'Casa de pan Margus, Margus...'. Al tiempo, volví a hacer un estudio de mercado y ya todos nos conocían", subrayó.

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La celebración de los 25 años de Casa de pan Margus . Créditos: Antonio Spagnuolo

La celebración de los 25 años de Casa de pan Margus . Créditos: Antonio Spagnuolo

Tras ese salto, el proyecto sumó en 2010 la venta de medialunas en la ciudad balnearia de Las Grutas en temporada alta. "Eso fue una movida grande también. Alquilamos un local allá, pero la factura se elaboraba acá y se mandaba semi congelada. Allá se cocinaba y se vendía, tanto en el local como en la playa. Teníamos medialunas rellenas de todo tipo: jamón y queso, dulce de leche, pastelera, chocolate, frambuesa, café. Estuvimos cuatro o cinco temporadas", precisó.

Acto seguido, ponderó la apertura en 2012 de otra sucursal de Margus en la esquina de Esmeralda y Ecuador como otro hito importante ya que, además de vender, sumó producción diferenciada a la elaborada en la casa central.

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La celebración de los 25 años de Casa de pan Margus . Créditos: Antonio Spagnuolo

La celebración de los 25 años de Casa de pan Margus . Créditos: Antonio Spagnuolo

La nueva apuesta implicó un nuevo punto de inflexión, ya que la familia decidió dividirse, manteniendo la marca. "No hubo un conflicto en el medio, solo nos parecía que íbamos a funcionar de manera más ordenada. Mi suegra se retiró en ese momento y entre los hermanos decidieron que Gustavo y yo nos quedáramos con la casa central de 9 de julio y las sucursales de Irigoyen y Roca y Belgrano. Las de Esmeralda y Esquiu quedaron bajo la dirección de Martín, y la venta de medialunas de Las Grutas, en manos de Débora", detalló y agregó que actualmente su cuñada cambió dicho emprendimiento por la elaboración y distribución de churros en Cipolletti.

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Los hermanos Helguero con Nelly en la celebración de los 25 años de Margus.  Créditos: Antonio Spagnuolo

Los hermanos Helguero con Nelly en la celebración de los 25 años de Margus. Créditos: Antonio Spagnuolo

Estación Margus: delicias con sabor a tren

Con el nuevo esquema, Mariela pudo lograr concretar una fantasía que venía teniendo hacía tiempo: potenciar a Margus con una confitería en el centro.

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"Cuando se desocupó el local lindero a la panadería de Roca y Belgrano, lo anexamos e hicimos una reforma. Al principio, nos íbamos a llamar 'Margus, casa de pan', pero al dividir la empresa, dividimos la producción, lo que generó cierta confusión en el cliente. Como cada uno empezó a tomar sus propias decisiones, por ahí venía gente a buscar productos que nosotros no hacíamos y viceversa. Ahí decidí hacer unos focus group para conocer qué le gustaba a la gente, qué quería y con qué relacionaba nuestros productos. De ahí surgió esta idea de mantener la tradición con una vuelta de tuerca ligada a innovación. Así que decidimos cambiar el nombre a Estación Margus para no perder la historia", contó.

"El tema de la estación de tren nos cerraba porque es algo característico de la zona, los primeros pobladores vinieron en tren. La idea era rescatar las raíces con una impronta moderna, actualizada, fresca. El concepto de estación nos gustaba también a la hora de pensar un lugar para detenerse, descansar, disfrutar", explicó sobre el acogedor espacio sectorizado con puertas galponeras con vidrios y exquisitamente decorado con elementos ferroviarios y cuadros con frases alusivas a viajes y buenas compañías.

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La sucursal de Estación Margus en Roca y Belgrano.  Créditos: Antonio Spagnuolo

La sucursal de Estación Margus en Roca y Belgrano. Créditos: Antonio Spagnuolo

"Todo esto fue proyectado y comunicado. Igualmente muchos nos decían: 'Ponele estación, lo que quieras, para nosotros es Margus'. Así que valoramos mucho eso, la gente siente Margus como propio", expresó, para luego poner el foco en la amplia gama de tentadoras propuestas que ofrece en sus espacios gastronómicos.

"El focus group que hicimos, en verdad, confirmó lo que yo tenía en mi cabeza y lo que venía proyectando. Yo tenía ganas de incorporar una línea de productos saludables, complementar las panificaciones. Tenemos opciones para todos los gustos: en Estación Margus podés comer desde una torta de chocolate suculenta, hasta una ensaladas de frutas y desayunos frescos y livianos, pasando por ensaladas de vegetales, hamburguesa con huevo, panceta y papas fritas, bondiola de cerdo con batatas o un raviolón de cordero", destacó precisando dos opciones que sólo se encuentran en la nueva panadería-confitería que inauguraron en mayo de este año en Roca e Italia.

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"En panadería en todos los locales encontrás los mismos productos. Nosotros defendemos las recetas tradicionales, seguimos elaborando de la misma forma que lo hacía mi suegro. Elaboramos de manera artesanal y cocinamos con horno de ladrillo y pala de madera. Eso hace que los productos tengan un sabor completamente diferente a cuando cocinas en un horno eléctrico como los que se usan hoy. Eso es lo que más defendemos porque es nuestro sello distintivo", resaltó.

A su vez, aclaró que el menú que ofrecen en cada una de las confiterías son distintos aunque mantienen propuestas de abundantes desayunos -uno de ellos bien criollo con mate- con nombres que rinden tributo a integrantes de sus respectivas familias. "La idea es mantener el diferencial, encontrar cosas que no hay en otro lado. La gente valora y agradece lo que servimos, destacan que todo es abundante y rico", subrayó Mariela con orgullo y gratitud.

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Gustavo y Mariela en la sucursal de Estación Margus de Roca e Italia.  Créditos: Antonio Spagnuolo

Gustavo y Mariela en la sucursal de Estación Margus de Roca e Italia. Créditos: Antonio Spagnuolo

En cuanto a los planes a futuro la gerente de comercialización y de recursos humanos de Estación Margus, adelantó: "Tenemos varias ideas en mente. Ahora estoy desarrollando una línea de regalería que se llama 'Caprichos de estación'. Son cajas y desayunos para obsequiar. Y también queremos brindar servicios para eventos".

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Gustavo, Nélida y Mariela en la casa central de Estación Margus. Créditos: Antonio Spagnuolo

Gustavo, Nélida y Mariela en la casa central de Estación Margus. Créditos: Antonio Spagnuolo

"Todo esto nos llevó mucho sacrificio, mucha inversión, mucho tiempo en pensar, planificar, hacer, diagramar desde una obra, hasta el menú, la ambientación y los equipos de trabajo. El balance para mi es súper positivo. Es un sueño hecho realidad. Todo esto superó nuestras expectativas. Todos estamos muy agradecidos", enfatizó Mariela.

"Estoy agradecida, súper contenta y orgullosísima de mis hijos y mi nuera por lo que han hecho. Ellos tienen otra mentalidad y mucha fuerza. Si bien nosotros fuimos quienes iniciamos y dejamos la base, ellos han hecho un montón de cosas", concluyó, por su parte, Nélida.

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Débora, Nélida, Mariela y Gustavo en la fábrica de Estación Margus. Créditos: Antonio Spagnuolo

Débora, Nélida, Mariela y Gustavo en la fábrica de Estación Margus. Créditos: Antonio Spagnuolo

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