Lila Calderón, la referente del sacrificio y la lucha vecinal

De una infancia muy dura a ser la defensora de sus pares. Del drama al final feliz.

Referente del Barrio Obrero, integrante del movimiento popular La Dignidad, defensora de los derechos de las mujeres, luchadora social, madre tenaz y perseverante, trabajadora y sobreviviente. Cuando de Lila Calderón se trata, no hay palabras ni conceptos que alcancen para comenzar a describirla. Nacida y criada en Cipolletti, lleva en la piel las marcas de una historia teñida por la violencia de género, la persecución policial y la desigualdad, pero sanada por la autosuperación, el respeto y el empoderamiento femenino.

Su padre padecía una adicción al alcohol y era violento con su madre, por lo que tuvo una infancia muy dura junto a sus hermanos. Y antes de llegar a la adolescencia, vivió en la calle. Situaciones dramáticas de las que emergió una mujer decidida a tener una vida mejor.

Te puede interesar...

Al menos 15 años antes de llegar al Barrio Obrero, en el que hoy es la mayor referencia de los vecinos, Lila Calderón había comenzado a organizarse junto con otros vecinos, a luchar por los derechos de los más vulnerables y a intentar superar la peor época del menemismo. Los hombres no conseguían trabajo y las mujeres vivían sumergidas en la preocupación de no poder darles un plato de comida a sus hijos.

Lila Calderón

“Me fui transformando en una referente. Comencé en las 1200 Viviendas, salíamos a los supermercados en el afán de conseguir alimentos para los nenes. Yo era bravísima, no me paraba nadie. Era muy chocante para todos y mi personalidad se hacía cada vez más fuerte. Después me mudé al Obrero, al norte de la Circunvalación, cuando mi tercera hija tenía 6 meses, y transformamos un baldío del que todos se quejaban porque estuvo abandonado más de 40 años. Entre todos hicimos las calles, pusimos agua, luz, nos organizamos por manzanas y cada una tenía su delegado que la representaba en las asambleas. Fue un momento lindo y fuerte”, remarcó.

En la actualidad, el Obrero ya lleva 9 años funcionando y es un ejemplo en Latinoamérica por su nivel de organización y sus logros. Allí funcionan un salón comunitario donde las vecinas cocinan, la casita de Red Puentes para ayudar a pibes que sufren consumos problemáticos y un jardín, y se están construyendo una casa para mujeres víctimas de violencia y una plaza para disfrutar de los espacios al aire libre.

El asentamiento fue denunciado en la Justicia cipoleña y el primero en tener una sentencia de desalojo. Lila y los vecinos resistieron. En marzo de 2018, la Legislatura rionegrina convirtió en ley el proyecto que declara de utilidad pública y sujetas a expropiación a las tierras de cinco asentamientos cipoleños, entre ellos el Obrero A y B. Si bien aún no se sabe cuánto deberán pagar por los terrenos, las 1400 familias que residen en las 66 hectáreas creen que el monto podría rondar los 20 millones de pesos

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario