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Las plazas céntricas, el curioso "comedor" de los alumnos cipoleños

Los jóvenes del secundario de distintos colegios copan el Paseo de la Familia y la San Martín cada mediodía. ¿Tienen espacio en las escuelas para almorzar? ¿Les brinda seguridad la policía?

Un par de abuelos conversan animadamente y con nostalgia en uno de los bancos. En el de enfrente, dos alumnos del Crear se devoran lo que mamá les preparó con amor en el táper. Un pastor con micrófono y parlante de baja gama intenta cautivar nuevos fieles. A su lado, decenas de chicos preparan la mesa imaginaria en el césped, sin mantel, y le “entran” con ganas a lo que compraron en La Bocata, Margus, La Anónima y otros comercios cercanos. Un cincuentón sin techo ya inicia la siesta en la plaza y una nena se hamaca en la zona de juegos. A pocos metros, la fila para comprar el pancho no para de crecer.

Con distintos uniformes, pero la misma alegría, los alumnos de nivel medio de colegios cipoleños copan las plazas céntricas de la ciudad para almorzar juntos y al aire libre. De lunes a viernes, un ritual infaltable, un clásico. Un curioso fenómeno social que tiene epicentro en el Paseo de la Familia y en la San Martín, que de esta manera se convierten en grandes comedores de los chicos.

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Se trata, en especial, de aquellos jovencitos y jovencitas que un rato más tarde deben volver a los centros educativos y cuyos padres no pueden retirarlos durante esa franja horaria ya sea por cuestiones laborales o de distancia (ejemplo los que residen en Oro, Cinco Saltos o barrios alejados).

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Desisten de almorzar en el colegio

A pesar de que desde los establecimientos se aclara que les brindan la posibilidad de alimentarse en espacios internos destinado a ello, “se van por elección”, como explica una fuente del Fátima, colegio lindero a la plaza que se ubica en Roca, entre Sarmiento e Italia.

Tendencia que empezará a revertirse a medida que bajen las temperaturas y se acerque el invierno, pero por lo pronto asisten masivamente a los espacios verdes.

“Los chicos tienen un comedor aquí. Ellos deciden irse a comer afuera. Seguramente para airearse y compartir el rato con sus amigos, les debe resultar más divertido...”, deduce alguien de la mencionada entidad.

"El colegio brinda un espacio para almorzar, donde los estudiantes llevan preparadas sus viandas y en ese espacio pueden calentar la comida y almorzar", explica Mariana Rot, la directora del Crear.

"Pasa que en mi caso es bastante más de una hora y quedarme solo a comer en el colegio y después esperar aburrido no tiene mucho sentido", expone su argumento un pibe de esa institución.

Entre las 13 y las 14 se observa el pico de afluencia de los alumnos, que luego regresan a sus respectivas escuelas para completar las extensas jornadas escolares. Suelen moverse en grupos, incluso hasta por razones de seguridad, cargando las mochi y los abrigos.

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La policía garantiza seguridad

A propósito, y teniendo en cuenta que han sufrido algún episodio aislado de inseguridad, consultamos también a altas fuentes de la Comisaría Cuarta, que interviene en esa jurisdicción, para conocer qué relevancia le otorgan al tema y qué medidas adoptan.

“Estamos al tanto de esta situación y naturalmente tomamos todos los recaudos. En esa franja horaria se vigila especialmente el sector y tratamos de brindarle toda la seguridad posible a los alumnos”, comenta el informante de esa fuerza.

Quien seguidamente reflexiona: “Quizá lo ideal sería que almuercen en el colegio, pero se da así, lo entendemos y no nos da lo mismo, por el contrario, tomamos cartas en el asunto”.

Al respecto, la dire del Crear admite con una mano en el corazón: "Nos preocupa que los chicos opten por irse, más que nada por cuestiones que tienen que ver con la inseguridad principalmente o por lo expuesto que quedan los estudiantes a cualquier situación que pueda ocurrir en la vía pública. También es verdad que sus familias tienen conocimiento de donde almuerzan sus hijos".

"Como colegio preferiríamos que se queden y que sigamos compartiendo tiempos, anécdotas y momentos lindos, pero también somos conscientes que muchas veces los estudiantes necesitan cambiar de espacio y aire para renovar sus intereses y nivel atencional y motivacional", analiza la autoridad docente.

"Hay varios alumnos que se vuelven a sus hogares y que también invitan a sus pares para almorzar juntos", destaca en el final de la charla con LMC.

Cabe destacar la prolijidad y el compromiso de los estudiantes a nivel higiene y con el medio ambiente, ya que cuando se retiran de las plazas casi no quedan rastros de su estadía y los cestos se llenan de botellitas de agua, gaseosas y envoltorios de comida.

Antiguamente, allí se iba por día de la Primavera para el tradicional picnic. Hoy, los chicos asisten todos los mediodías a las plazas. ¿Y está bien? ¡Buen provecho!

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