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La mente detrás del gin que rompe la imagen masculina de los destilados

Taté Moretti es la creadora de Gina, una propuesta que resalta el lado más femenino de los gin tonics. Cómo combina su vida familiar con el trabajo y el emprendedurismo.

Taté Moretti es tan fuerte como su paladar. Y así como desde joven resistía el embate intenso de los tragos de whisky que parecían reservados a las bocas masculinas, hoy ofrece toda su templanza para balancear su trabajo en un banco, la maternidad de tres y su rol frente a la primera destilería de gin y vodka de Neuquén.

Nacida en Neuquén y criada en Cipolletti, Natalia Moretti y su esposo Hernán vivieron 18 años en Buenos Aires. En la gran ciudad, ella se recibió de Licenciada en Finanzas y él estudió Comunicación Empresarial. Tras el nacimiento de su segundo hijo, decidieron esperar a la tercera de la prole en el Valle, con la intención de criar a los chicos más cerca de la naturaleza y de sus abuelos.

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Taté pidió un traslado en el banco donde trabaja y Hernán decidió renunciar a su empleo y comenzar de cero. Era el año 2014 y, después de habituarse a la vida valletana, se sentaron a pensar qué podían crear en una provincia pujante como Neuquén, donde todo parecía ya inventado.

“Sabíamos que la zona siempre estuvo ligada a la producción de bebidas, con las sidreras primero, después las bodegas y por último el boom de la cerveza artesanal”, explicó la emprendedora. En ese mundo líquido, ella siempre había reivindicado a las bebidas blancas o espirituosas, que aún encuentran obstáculos para llegar al paladar y se asocian, de forma errónea, con las resacas más olvidables.

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“Tanto el vodka como el gin son bebidas muy nobles, y nuestra primera intención fue crear un vodka de calidad que no tuviera sabor a nada, porque la palabra justamente significa ‘agüita’ en ruso”, destacó sobre los inicios de su destilería, que llegó luego de pensar en otras alternativas para generar ingresos y donde incluían un bar o una peña. “Siempre nos inclinamos por ese lado”, afirmó.

Taté parece no hacer nada a medias. “Soy muy curiosa y, cuando algo me entusiasma, me meto a fondo”, sostuvo. Y así comenzó a inmiscuirse en el laboratorio a ensayar propuestas distintas y a darle forma a una idea que la acompañaba desde hacía años.

La emprendedora quería romper con la tradición masculina que se ata a los destilados. Cansada de ver pipas, anclas y piratas en las etiquetas, se propuso cambiar la imagen de las bebidas para darles un toque femenino y adaptar esos sabores a los paladares de las mujeres. Así nació Gina, el primer gin de la destilería que es, casualmente, el nombre de la hija más chica de la familia.

“Fue un juego de palabras en donde todo cerraba, porque es el primer gin de la marca; es decir, el gin A, y también es un nombre de mujer, es el nombre de mi hija y representa lo femenino”, resaltó. Y todo en Gina, desde el sabor que generó Taté en el laboratorio hasta la imagen que ideó Hernán, remiten al mundo de la mujer.

La bebida que crearon tiene doce botánicos y seis de ellos son florales. “Yo quería que tuviera mucho contenido floral, que destapar una botella sea como abrir un perfume, y muchos tienen esa sensación”, dijo Taté. Lavanda, flor de sauco, flor de azahar, jazmín, rosas y manzanilla le dan carácter a Gina, y la convierten en una propuesta distinta a todas las botellas de las góndolas.

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Además del cuidado proceso bromatológico y los meses de pruebas en el laboratorio, la explosión de su gin llegó con una inusitada popularidad del gin tonic, una bebida clásica que renació en época de pandemia para convertirse en protagonista de todas las noches de cócteles. Ese auge motivó a los dueños de la destilería a crear sus propias latas de la bebida ya preparada, listas para enfriar y tomar.

En épocas de pandemia también llegaron los premios. “Lanzamos el gin y a los poquitos meses se cerró todo, y nosotros creemos que las crisis son siempre pasajeras y tienen que encontrarte trabajando, para estar listo cuando todo vuelva a funcionar”, se entusiasmó Taté. Por eso, enviaron muestras a distintos países y cosecharon varias medallas en ternas internacionales.

Este año participaron del World Gin Awards de Londres, en Reino Unido, y se llevaron una medalla de oro en la categoría de “Best Signature Botanical”. Aunque no pudieron viajar a recibir su placa, les llegó el premio por correo para sumarlo a una medalla de plata y una de bronce que recibieron en otros torneos. Así, sus botellas sumaron un nuevo sello de calidad que les permitió subir peldaños en el mercado.

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Desde Patagonian Distillery hacen envíos de su vodka y su gin a todo el país. Y ya crearon una verdadera comunidad de fanáticos de los sabores florales de Gina, en la que el 70% de la clientela son mujeres. “Hay gente que nos pide cajas enteras porque Gina es la única bebida que toman, hasta nos llegó una foto de una clienta que hizo una torta con una botella de decoración”, se rio Taté.

La propensión cada vez mayor de consumir productos boutique y propuestas elaboradas a mano y a baja escala le hacen ganar terreno a Taté y Hernán, que trabajan en equipo para hacer crecer su destilería. “Él siempre dice que yo aporto la cabeza y él aporta la fuerza bruta, porque producir gin implica acarrear barriles y botellas”, afirmó la emprendedora. Y mientras ella disfruta del laboratorio donde se cocinan las bebidas, él aporta su rol en la comunicación y la imagen para darle despegue a la etiqueta.

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En lo inmediato, la destilería se abre camino como terreno de elaboración para otros destilados, cuando las marcas de cerveza y otros emprendedores de la zona les piden ayuda para crear sus propias bebidas. “Siempre buscamos darle una identidad diferente, que no sean todos iguales”, explicó Taté sobre este nuevo costado de su emprendimiento.

A medida que Gina crece, la destilería les demanda una buena dosis de tiempo. Por eso, ensayan una ingeniería casi perfecta para adecuarse a la vida familiar y el exigente trabajo que tiene Taté en el banco. Con ayuda en casa y un empleado en la fábrica, reparten el trabajo con los viajes a la escuela, a fútbol, guitarra o gimnasia de cada uno de sus tres hijos mientras hacen crecer a sus destilados, los retoños de la destilería.

En plena pandemia, Patagonian Distillery sumó nuevos alambiques y ya tiene un volumen de producción en torno a los mil litros semanales. Sin embargo, la expansión continúa con la creación de nuevas etiquetas que no llevan marca propia pero que prometen expandir el amor por el gin tonic por otros bares y vinerías de la región. Y aunque la crisis ahora les sonríe, Taté y Hernán están seguros de una cosa: siempre debe encontrarlos trabajando.

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