"La llave la tiene Kielmasz, pero ya perdí la esperanza"

Mary Mella, tía de las hermanas González, relató la dura historia.

Mary Mella es tía de las hermanas González y hace 20 años lucha para mantener vivo el recuerdo de Paula, María Emilia y Verónica, aunque cree que después de tanto tiempo la verdad nunca saldrá a la luz. Si bien recibió un sin fin de amenazas de muerte y llamadas anónimas en la mitad de la noche, no tiene miedo. Pero sí siente la necesidad de proteger a su familia porque cree que si alguien la va a lastimar, lo va a hacer "por el lado que más le duela".

El 9 de noviembre de 1997 fue el cumpleaños de Mary pero la sorpresa que recibió hacia el final de la noche fue la menos esperada. Susana, su cuñada, la llamó alrededor de las 22 para preguntarle si sus hijas estaban en su casa: le parecía extraño que Emilia dejara a su hija tanto tiempo sola. Desde ese instante, no se separó de ellos y aguardó a su lado hasta que recibieron la peor noticia.

"Yo hice base en la casa de Ulises porque Susana estaba sola con la nena, él estaba ido, desesperado, buscando en Los Olivillos. Me acuerdo que estaba en el patio de adelante cuando vi que un amigo entraba y salía, se agarraba la cabeza. Le pedí que me dijera la verdad, ahí me confesó que las habían encontrado muertas. No sabíamos como decírselo a su mamá, fue muy duro, mi hermano llegó desgarrado", recordó.

Sin embargo, el momento más complicado los golpeó cuando llegó la hora de guardar la ropa, cuadernos y otros objetos de las chicas, hasta un papel de caramelo que alguna de ellas había dejado sobre la mesa los hacía romper en llanto. Al dolor se le sumó la impotencia y el enojo por los errores cometidos en la investigación, por el encubrimiento, por la falta de verdad.

Luego de dos décadas, Mary perdió las esperanzas de que se haga justicia y, aunque está segura de que "Kielmasz tiene la llave" para esclarecer el panorama, está segura de que el único condenado no va a hablar, "y menos ahora que sólo le quedan tres años para quedar en libertad". Además, expresó su enojo con el trabajo realizado por el juez de la causa, Pablo Iribarren, a quien llevaron a juicio político por su mal desempeño. Como tantos otros, quedó libre de culpa.

Finalmente, la tía de las hermanas confesó que la angustia que sintió los días posteriores al hallazgo fueron insoportables porque la hija de María Emilia había quedado sola, porque su cuñada había pasado de ser abuela a madre en cuestión de segundos y "no pudo elaborar su duelo como correspondía".

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