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José Alberto Quiñones, el León del Don Bosco - parte II

Crónicas de un club de barrio que acompañó el recimiento de la ciudad y, especialmente, de los vecinos de su barrio.

Hace más de un año comencé con la indagación de las historias cipoleñas que, sin dudas, nacieron hermanadas con las neuquinas: personas de la sociedad civil y religiosa en sus roles sociales, tanto de Cipolletti como de Neuquén, cumplieron destacadas funciones, como el caso del Club San Martín y sus primeros referentes.

Don Héctor Demetrio Suárez no fue uno de los socios fundadores, pero ofreció su casa al club para abrir la sede. Suárez había nacido en Roque Pérez, provincia de Buenos Aires, en 1914. Cuando era un niño sus padres se trasladaron a Neuquén junto con su tío, don Amaranto Suárez, recordado hombre de la política neuquina que tuvo a su mando la intendencia de la capital. Recordemos que fue el actor social que hizo derribar la barrera que dividía el alto del bajo. Era 1936 y se la conocía como la famosa “Tranquera de los Ingleses”, que estos usaban a su antojo e impedía la fluidez de la comunicación entre esos dos sectores de la ciudad.

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Cuando era joven Héctor integró los equipos de fútbol del Club Pacífico: se instaló en Cipolletti en 1941. Trabajaba en el frigorífico Sansinena, empresa de General Cerri, localidad cercana a Bahía Blanca, que comercializaba el frigorífico La Negra: como estuvo siempre abocado a la comercialización de los embutidos, se lo identificaba con el apodo del Choricero.

Al poco tiempo, sus contactos lo vincularon al club y se convirtió en un directivo destacado. Ocupó muchos puestos en distintas comisiones directivas, fue boletero-tesorero cuando San Martín jugaba en la vieja cancha de la cervecería de Zeman. Si alguna vez faltaba el director técnico, supo reemplazarlo más de una vez.

En 1950 el club no tuvo espacio físico: Suárez prestó su domicilio en 9 de julio y Miguel Muñoz. Su esposa Ana María Calmels se sumaba a la asamblea atendiendo la cafetería. Participó en la adquisición de los terrenos en el barrio Don Bosco y en la tramitación de la personería jurídica junto a Héctor Díaz y Adolfo Rosales. Además, participó en la gestión de la solicitud al Municipio del predio de la Isla Jordán a mediados de los 80.

Adelantos inolvidables

En 1971 se produjeron adelantos en la cancha inolvidables: se resembró, por primera vez hubo luz artificial, ocurrieron hitos de relevancia. Estas obras fueron iniciativa del doctor Julio Dante Salto. En esas épocas el gobierno de la provincia auxilió al club con subsidios, lo que hizo que se terminaran más rápido las obras.

Fue muy importante la colaboración que prestó al club el doctor Alfredo Marcos Chertudi, comisionado municipal, con personal y maquinaria para preparar el terreno para la siembra. Se instaló cañería de hierro galvanizado con aspersores. La alimentación de la red se realizaba a través de una nueva bomba, preparada para extraer del subsuelo 18.000 litros de agua por hora: también se dispuso un tanque auxiliar de 8.000.

Los encargados de la cancha fueron Orlando Rapetti y Rigoberto Guzmán, que trabajaron hasta altas horas de la madrugada regando el incipiente verde.

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La luz del campo de deportes fue realizada como todo con esmero: se montaron cuatro torres de veinticinco metros de altura de hierro ángulo soldado y abulonado, construidas por Lorenzo Siracusa en la herrería de la calle Uruguay. Las bases de las torres de hormigón armado fueron obra de Sabbadini y Pistagnesi. Casa Gotlip de Neuquén proveyó la totalidad de los materiales eléctricos, proyectores, entre otras.

La instalación eléctrica estuvo a cargo de los señores Espinoza y Arias. Las características técnicas del sistema de alumbrado era una de las mejores de la zona: constaba de ocho proyectores a vapor de mercurio halógeno de alta presión.

La inauguración

El césped de la cancha fue inaugurado en una ventosa noche del 3 de octubre de 1971: estuvieron presentes el gobernador Requeijo, su Ministro de Gobierno, el doctor Chertudi, Margarita Segovia, viuda de Salto. El público presente festejó el gran acontecimiento. El presidente del club era Daniel Garabito.

El clima de efervescencia política que envolvía al país se sintió en todos los rincones de la sociedad. El club no se salvó, se vivió la lucha ideológica entre el gobierno militar y el “luche y vuelve” (Perón en el exilio), movilizó al pueblo con la JP como el sector de mayor representatividad y convocatoria. El autor relata que hubo una campaña de desprestigio dirigida a deteriorar la imagen de la comisión directiva: tendía a criticar la relación que la dirigencia mantenía con el gobierno de Requeijo.

Cuando se cumplieron treinta y un años de existencia celebraron con una cena show en los salones del Círculo Italiano. Se sortearon un millón de pesos, el sorteo fue fiscalizado por el escribano José María Pilotto, y resultó favorecido el señor Juan Braicovich.

Club que albergó a rugbiers

En 1964 una joven camada de rugbiers convocada y entrenada por Eduardo L. París, perteneciente a una pionera familia asentada en Cipolletti, secundado por T. Ciccioli, Semelak, Raúl Segovia y Dragutín Klein, le dieron forma al San Martín Rugby Club.

El quince celeste jugó un tiempo en el predio situado en la Oficina Meteorológica y después en el barrio Don Bosco. Integraron el San Martín RC, entre otros: Ferracutti, Di Genti, Painevilu, Eduardo Buono, Héctor Alfonso, Catulo Padín, el Gordo Picardi, los hermanos Aquino y los Maionchi, Alfonso, Urrea, Renzetti, Oyarzábal, Benzadón, Ciccioli, Biancalani, Honorio, Grispino, Rossi, Larralde, Rosauer, Tapattá, Andrada, J.V. Rainhazar, Piatka, Cabaña, Soto, Dvorachuk, Guerrero, Vilanova, Allan, Diego y Andrés Mac Donald, Suárez, Pagano, L. Fernández, Appel, Flores, Marinozzi, Álvarez, y M. Badillo.

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Este deporte tuvo activa presencia durante algunos años, hasta que surgió entre los muchachos la idea de crear un club propio, y varios de sus exintegrantes formarían parte luego del Marabunta Rugby Club.

Las bochas

La actividad bochófila obtuvo gran desarrollo en algún tiempo, con destacados jugadores y torneos importantes. En un principio, Humberto Longoni y el gringo Ferracutti, con un grupo de numerosos aficionados, comenzaron con la construcción de las canchas, con el apoyo de comerciantes y el aporte de los mismos bochófilos con la mano de obra. Se hizo una platea al aire libre, al costado del gimnasio, pero la iniciativa no prosperó. En el sector sobre calle Juan XXIII se demolió parte del contrapiso y se levantaron dos canchas de 24 metros de largo por 4 metros de ancho.

El trabajo sostenido de las distintas subcomisiones mantuvo a la disciplina en constante crecimiento. El club llegó a tener equipos de primera, segunda y tercera en la Asociación Alto Valle y en 1985 fue sede del certamen provincial. Las “lisas” y “rayadas”, como les decía Tito Herrera- relator-, tuvieron sus tiempos de fulgor y del ocaso. Poco a poco se fue abandonando la actividad: en 2010 las canchas fueron desmanteladas.

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Ciclismo

Fue incorporado al club en 1981, su presidente era Daniel Garabito. Juan Ramón Jañaz fue un fiel impulsor. Estaban también en la sub comisión Horacio Maíz, Heriberto Sepúlveda, José Villareal, Pocholo Berrío y Juan Gerner. “La Vuelta de Cipolletti” en el mes aniversario de la ciudad, fue una de las más trascendentes.

Comenzó en 1981 y continuó por más de treinta años, hasta la última disputada en 2011, donde ganó Luis Canziani de Viedma. Primero participaron pedalistas locales hasta fines de los ’80: luego comenzaron a llegar ciclistas de otras localidades, como los hermanos Parón de Villa Regina, Carreño, Juan Carlos Aedo, Placánica.

Esto hizo que se inscribiera la prueba en el calendario nacional de la Federación Argentina de Ciclismo de Pista y Ruta. Cuando Jañáz renunció, sus colaboradores intentaron mantener el manejo impuesto por él, pero no lograron los resultados esperados.

Juan Ramón Jañáz, nacido en Villarrica Chile en 1939, se radicó en Cipolletti en 1960. Fue fundador del Centro de Bomberos Voluntarios Retirados de la Provincia de Río Negro. Obtuvo la ciudadanía argentina, participó en los campeonatos argentinos de ciclismo. Jugó al fútbol en el Club San Martín desde 1962 a 1967, como arquero de la reserva, en los tiempos en que Antonio Tucho López atajaba en primera.

Julio Dante Salto

El doctor Salto vivió el “Cipolletazo”: el pueblo tomaba la calle en defensa irrestricta de sus derechos. Una medida geopolítica amenazaba con avasallar las conquistas de una comunidad pujante que de la mano de su mentor se había convertido en una ciudad progresista. El doctor Salto era un médico cirujano militar nacido en Junín, Buenos Aires en 1915: había llegado a Cipolletti a principios de los años 50, luego de haber estado en el comando de Neuquén.

Previamente había ido a Covunco, donde se había confinado en la década del ’40 por no haberse afiliado al peronismo. En el interior del territorio neuquino tenía como baqueano a Marcelo Berbel, -autor de la música del Himno Provincial neuquino- que era músico de la banda del regimiento.

El doctor Salto recorría a caballo los desolados parajes para asistir a los enfermos. El “Doctor de los humildes” no tardó en ganarse el respeto y aprecio de sus conciudadanos.

Su labor política y su numerosa familia, compuesta por su esposa Margarita Segovia y sus diez hijos, se compaginaron para que pueda participar del club. Fue un destacado dirigente desde la presidencia se constituyó en uno de los artífices de los buenos momentos que tuvo la institución en sus años de expansión.

El fútbol fue su debilidad: en 1948 pudo convencer a un arquero que atajaba en Cipolletti para que se pasara a las filas de los “Leones”: este señor era Oscar Jorge Ludman, que jugó hasta 1954 y luego fue un personaje emblemático del club.

José Alberto Quiñones escribió que luego del “Cipolletazo” el doctor Salto quedó marginado de la actividad política, pero mantuvo inalterable su benefactora vinculación con su “gente”, los desposeídos.

Falleció el 31 de marzo de 1971, una existencia plena, abrazando con pasión y conducta todas las nobles causas que lo tuvieron como protagonista. Su memoria ha quedado perpetuada en el estadio del club San Martín que lleva su nombre, al igual que el camino de acceso a la Isla Jordán y el plan de las 432 Viviendas. En el cementerio de Cipolletti está su mausoleo, que fue construido con la impresión de monedas con su efigie para reunir los fondos.

Historias deportivas de Cipolletti, inscriptas en la historia de la ciudad y que recopiladores las reúnen para que no pasen al olvido. Historias que, a través de una ovalada, una redonda o una bocha atraviesan horizontal y verticalmente las vidas de los habitantes de toda una ciudad.

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