El clima en Cipolletti

icon
10° Temp
74% Hum
LMCipolletti familia

Familia Chao-Oroza, inmigrantes forjadores de caminos

Doña Paz y Ramón llegaron desde la misma aldea de España, se casaron y se mudaron a Cipolletti. Fueron dueños del primer hotel. La historia de dos inmigrantes marcada por el esfuerzo y el dolor.

*Estos recuerdos fueron escritos por uno de los nietos, Gabriel Sevila.

Te puede interesar...

María Rosa Ángela de la Paz, quien quiso ser llamada “Doña Paz” o la abuelita “Paz”, y don Ramón Chao vivían tiempos difíciles en la pequeña aldea San Pedro de Cangas, en Foz, provincia de Lugo, España Y para esas épocas, llegaban las noticias de las virtudes del suelo americano. Así fue que ambos, en distintos momentos, emigraron para Argentina, donde contraerían matrimonio.

Él había nacido el 12 de marzo de 1885 y ella el 24 de enero de 1893. Primero vino Ramón, cuando tenía tan solo 18 años. Partió con una educación de quinto grado, la inteligencia, el espíritu empresario, la predisposición al trabajo y la abnegada ilusión del progreso. Con el tiempo se convirtió en un empresario autodidacta, laborioso incansable y gran lector.

Recibía, además del diario local, La Prensa que llegaba en tren desde Buenos Aires, y quincenalmente en barco y luego el ferrocarril, le acercaban el periódico de España. De tres hermanos, era el único varón. Con el tiempo traería a Clara y fue Aurora la que quedó cuidando de sus padres.

Ramón trabajó como repartidor de un almacén en Buenos Aires, pero pronto partió en busca de mejores oportunidades, a la localidad de Felipe Solá, en la provincia de Buenos Aires. Con sus primeros ahorros viajó a la lejana Cipolletti, en el entonces Territorio Nacional del Río Negro (creado tan solo un año antes de su nacimiento). Allí compró un terreno de los que el Estado, había otorgado al Coronel Fernández Oro, hoy intersección de las calles San Martín y Villegas. Allí construyó la Fonda de Chao, que luego llegó a convertirse en el Hotel España. Allí se alojaron los inmigrantes recién llegados a estas tierras, que traían, al igual que él, la ilusión de “hacer la América”.

Paulatinamente el edificio se iba agrandando y se agregaban nuevas comodidades. Tal es así, que fue esta la primera casa en contar con luz eléctrica en el pueblo, producida por su propio grupo electrógeno. Esto permitió la proyección de películas de cine mudo en el salón comedor; convirtiéndose de este modo, en el primer cinematógrafo de Cipolletti, desde el cual una sirena ululaba anunciando el inicio de las funciones.

Paz Oroza de Chao.jpg
Paz Oroza de Chao.

Paz Oroza de Chao.

“Doña Paz”, era de fuerte carácter y convicciones, cariñosa, contenedora, incansable trabajadora. Hábil con sus manos, tanto para la cocina, como para la costura, el tejido o las labores del campo. Y de carácter resiliente, que le permitiría soportar terribles pérdidas a lo largo de su vida.

Ella había partido de España pocos años después que Ramón. Llegó a Buenos Aires y se alojó en la casa de su hermana mayor, Concepción. El edificio, hoy existente, se yergue en la intersección de las calles 25 de mayo y Tucumán. Allí mismo, años después, ya el matrimonio de Paz y Ramón, compraron un departamento que mantuvieron por unos años. En el terruño permanecieron Clementina, Celestina y Mancia, que cuidaron de Ramón Oroza y Juana Rego, sus padres. Para América partieron: Concepción, Pedro, Constantino y ella. Estando ya Paz en Buenos Aires, viajó Ramón desde la Patagonia a proponerle matrimonio.

Se conocían desde mucho antes, cuando vivían en San Pedro de Cangas. “Entre la iglesia y la mar no hay paso”, comentaba doña Paz, cuando rememoraba historias de su comarca. Efectivamente, San Pedro era una pequeña aldea enclavada sobre un acantilado, bañado por el mar Cantábrico. Este, siempre bravío había horadado sus erguidas paredes rocosas, a través de los siglos. Y tal como producto de un milagro, se detuvo justo sobre uno de los muros de la iglesia. Desde la casa de nuestros padres se veía la de Ramón”, también explicaba doña Paz. En efecto, la aldea era pequeña, con el terreno ondulado, de forma tal que ambas casas estaban enfrentadas a ambos lados de una hondonada”, relató uno de sus nietos, Gabriel Sevila.

Luego de la propuesta de matrimonio, en la barroca y magnífica Iglesia de la Piedad de Buenos Aires, se prometieron amor eterno. Corría el año 1919. El matrimonio se radicó en Cipolletti en un sector del Hotel, al que regentearon con maestría. Allí nacieron Elsa Concepción (Coquita), Elina y Juanita.

Con tan solo cinco años, Coquita, contrajo una meningitis que la hizo partir de este mundo. Terrible, primera pérdida, tan difícil de afrontar. Tal vez fue uno de los motivos por los que la familia decidió trasladarse a Contralmirante Cordero. El hotel fue arrendado y continuó funcionando al mando de su locatario. Cambiando su denominación, por la de Hotel Central.

En el kilómetro 1212 del ferrocarril, había una estación; en derredor de la cual se formaría un poblado, hoy Contralmirante Cordero. Allí construyeron un almacén de ramos generales, que fue próspero. Abastecía a los parroquianos, y a las incipientes chacras de la zona. Como así también a los viajeros hacia la zona de Catriel y Peñas Blancas, allá cerca del río Colorado, en el límite con el Territorio Nacional de La Pampa.

En Contralmirante Cordero fueron premiados con la llegada de Elsa. Así la bautizaron en honor de Coquita. Y finalmente nació Telba.

En la Península, en la Aldea, el clima era húmedo y lluvioso. El terreno ondulado siempre engalanado por un manto de verdes hierbas y frondosos bosques. Además, el mar Cantábrico, con su majestuosa presencia, y sus olas rompiendo bravías sobre los acantilados, enmarcaba ese paisaje bucólico. La Patagonia, en cambio, era seca, árida, plana y con fuertes vientos.

Hotel España Ramón Chao
Hotel España, de Ramón Chao.

Hotel España, de Ramón Chao.

Cuánto tiempo pasó, cuánta paciencia, energía, esfuerzos y esperanza se necesitaron para convertir a esas tierras yermas en productivas chacras. Verdaderos oasis, poblados de frondosos frutales, en medio de un desierto. Ahora, con sus suelos cubiertos por pastizales que teñían el suelo de verde; como en Galicia. Hasta esparragueras habían plantado, que se reprodujeron generosamente, y que, con el tiempo, fueron los nietos los que cosechaban.

Elina, la segunda de las hermanas, se dedicó a las artes, a la pintura, el tallado, trabajaba la plata con maestría diseñando joyas. Doña Paz decía que no era para este mundo. Tal vez por ello con solo veinte años partió a otra dimensión. Producto de una tuberculosis; incurable en esos años. Motivo por el cual y por temor al contagio se quemaron la mayoría de sus pertenencias y de su obra.

Los padres la habían mandado a Córdoba, decían que los aires de Ascochinga la mejorarían. No fue así, luego la trasladaron a Buenos Aires para ser internada, pero todo esfuerzo resultó en vano. Juanita fue a estudiar magisterio a Buenos Aires en el colegio religioso Euskal Echea. Tanto dolor le causó la partida de su hermana y querida amiga Elina, que se enfermó. Presurosos los padres la trajeron de regreso al Valle. Volvió al año siguiente, pero ya no a su querido Colegio, sino a casa de su prima Sarita Fondado.

Desde allí asistía a estudiar teneduría de libros. Don Ramón influyó en esta decisión, necesitaba alguien que lo ayudara en la administración. Y ella tenía muchas cualidades, parecidas a las de su padre. Tal que, a su regreso al Valle, colaboró en la conducción de la empresa que estaba en plena expansión.

Juanita comentaba que cierto día estando en la cocina, recibía instrucciones de su madre, para preparar una comida, pasó don Ramón y le dijo “¿qué haces perdiendo el tiempo en la cocina, con tanto que hay que hacer en el escritorio?”. Finalmente contrajo matrimonio con Jaime Sevila, con quién tuvieron a Gabriel.

Ambos trabajaron en la administración y conducción de la chacra, respectivamente, de esta naciente empresa familiar. Mientras los Chao-Oroza, estaban radicados en el kilómetro 1212, un 22 de marzo de 1929, fueron bendecidos con la llegada de Elsita, así llamada en honor de su hermanita mayor ya fallecida.

Era saludable y fuerte como su madre, con quién compartía también otras virtudes. Trabajadora incansable, hábil para todas las tareas manuales, cosía, tejía y cocinaba con igual destreza. Sus mermeladas eran famosas, y el dulce de membrillo con nueces fue la apoteosis.

Ramón Chao y familia.jpg
Ramón Chao, doña Paz y tres de sus hijas.

Ramón Chao, doña Paz y tres de sus hijas.

A los catorce años comenzó una relación de amor con Santi Belli con quién se casó en 1947, luego de cumplir los 18 años. Santi también ingresó a colaborar en la empresa de don Ramón. La nueva familia fue premiada con la llegada de cinco hijos: Graciela Elina, Marcela Liliana, Mónica Beatriz, Alberto Alejandro y Gustavo Ramón. Luego llegaron los nietos y bisnietos que alegraron sus vidas hasta los últimos días.

Elsa atendía la casa y a su prole, pero siempre tuvo tiempo para participar de actividades en la Cooperadora del Colegio, en la parroquia del pueblo, en los hogares de niños y de ancianos. Participaba en múltiples tareas. Instituciones en las que sus exquisitas mermeladas siempre eran infaltables.

Cuando los hijos se fueron independizando, disfrutaron de viajar por el mundo. Elsa vivió hasta casi cumplir noventa años, gozó del cariño de su familia, y de una memoria prodigiosa. Era un placer conversar con ella, escuchando sus anécdotas y experiencias que relataba siempre con su buen humor. Al igual que doña Paz, fueron un faro que iluminaron el camino de la familia.

Telba fue la última hija de Ramón y Paz. Llegó a este mundo con una salud endeble. Se refugió en la religión y en la música. Fue catequista y profesora de piano.

También participó activamente militando en el partido Demócrata Cristiano, desde sus orígenes. Había sido fundado en 1954. Telba fue una adelantada para su época, en esa década del cincuenta, en su condición de mujer, muy joven, y con un problema físico que se evidenciaba, tenía la fortaleza y la templanza para militar fervientemente en política.

Militaba en un partido en el que creía y depositaba sus ilusiones de cambios y de progreso social. Concurría a las reuniones que se realizaban en Cinco Saltos, en ellas exponía con vehemencia, sus convicciones. Su interés en la cosa pública, por las conquistas sociales, por tratar, en fin, de mejorar las condiciones de la gente y del pueblo. Esta militancia era de palabra y obra, porque también se la veía, portando pintura y pincel, pintando en los postes de luz, el logo del partido.

Asimismo, visitaba a las familias de la zona de las chacras, explicando las bases de este naciente partido. Ha sido ejemplo para sus congéneres y para su sobrina mayor Graciela, a la que llevaba con tan solo ocho o nueve años, tanto a las reuniones como a las pintadas, generando también en ella, esta inquietud por lo social.

Su vida fue efímera, partió con tan solo 24 años, en 1959. Esta pérdida nuevamente, fue uno de los motivos para la que sería la última mudanza de Paz y Ramón. Dejaron la chacra y se trasladaron a vivir a Cinco Saltos.

Enero de 1983, fue un momento difícil para la familia. Luego de una larga enfermedad falleció Juanita. También en ese mismo mes, se cruzaron los destinos de inmigrantes de la abuela Paz y su nieta Marcela. Es que ella con su esposo y los tres pequeños hijos decidieron mudarse a la madre patria. Esta decisión no fue aprobada por la familia.

La abuela Paz, con su experiencia y su firme carácter, fue quien le hizo un duro vaticinio. “Te vas a mi tierra, pero llorarás muchísimo con las fotos debajo de la almohada”. Y si, cuánta razón tenía, ella sabía de qué hablaba. Hoy Marcela vive en la tierra de sus abuelos, conteniéndose y amándose mutuamente con sus tres hijos y nietos que formaron sus familias.

Emula la entereza y fortaleza heredada de sus antepasados. Pero seguramente es quien más puede entender el sufrimiento que han tenido estos inmigrantes. Cortando amarras con su terruño natal, quedando en medio de dos familias amadas; la de origen y la que crearían en el nuevo mundo.

Ramón Chao familia.jpeg
Ramón Chao y familia.

Ramón Chao y familia.

Don Ramón fue un pionero, un verdadero empresario de aquellos que forjaron los inicios del Alto Valle. En la chacra original, creó una bodega. Producía los vinos Ramón Chao, tinto, clarete o blanco, que alcanzaron gran prestigio en la zona y en Buenos Aires, donde se trasladaban en bordelesas. Luego compró tierras en el kilómetro 1215 del ferrocarril., muy cerca de Contralmirante Cordero y sobre la costa del río Neuquén. Había que emparejarlas, hacer los caminos, cavar canales y desagües, hacer compuertas y alcantarillas. Todo se logró con buenas dosis de esfuerzo, tesón y perseverancia.

Ya cuando la producción de frutales era considerable, fue el momento de crear una planta empacadora de frutas. Y fue don Ramón, el gestor, coordinador y fundador, junto a otros 13 socios que él convocó, de la sociedad a la que llamaron “Los Catorce SRL”. La regenteó como socio gerente, llegando a ser en esa época, una de las más importantes de la zona.

Las frutas que, en prístinos papeles, se embalaban en cajones, se enviaban a Buenos Aires, ya sea para el comercio local o de exportación. Así fue que se hizo necesario un frigorífico. De tal modo que don Ramón convocó a familiares y vecinos, que se convirtieron en los socios del que fue el pujante Frigorífico Cinco Saltos SA.

En épocas de la durísima Guerra Civil Española y de la posguerra, Paz y Ramón, enviaban para proveer a sus familias paquetes con ropa. Eran prendas nuevas a la que tenían que maquillar con rudimentarios parches, para que aparentaran estar en mal estado y desuso. Puesto que, si lucían nuevas, nunca les llegarían a los destinatarios, serían incautadas en el camino.

Regresaron a España 50 años después de su partida, con Telba la hija menor y la prima Sarita Fondado. El viaje fue encantador, Telbita, al regreso, arribando al puerto de Buenos Aires les dijo que, desde allí mismo, se volvería con sus tías españolas, debido al cariño con que los habían recibido. Solo quedó como una expresión de deseo. En reconocimiento por haber cuidado de sus padres hasta sus últimos días, fue en ese viaje que concurrieron a la notaría, para donar a sus hermanos, la herencia que les correspondía.

En la casa de Cinco Saltos, ya con una vida serena, dedicado a la lectura y arrobado por el cariño de su familia falleció Ramón en 1960. Paz murió en 1984, a los 92 años. Su recuerdo enorgullece hoy, a sus herederos y vecinos de las localidades que ellos ayudaron a forjar con tanto esfuerzo y esmero.

Leé más

¿Qué te pareció esta noticia?

71.428571428571% Me interesa
14.285714285714% Me gusta
0% Me da igual
0% Me aburre
14.285714285714% Me indigna

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario