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Estación Limay, el colegio cipoleño

En su nombre, resume la historia cipoleña de la estación ferroviaria de Colonia Lucinda (Cipolletti), el espíritu pionero, y que surgió para hacerle frente a la crisis educativa.

A fines del Siglo XX, más precisamente en 1990, la escuela pública argentina y la rionegrina sufrían las consecuencias de la crisis de la economía nacional y provincial, el endeudamiento, la retracción del Estado y lo que luego conoceríamos como “la globalización”. En ese contexto un grupo de padres que integraban distintas cooperadoras escolares de Cipolletti se reunieron con la idea de formar una federación y desde allí intentar participar en solucionar los problemas profundos de la estructura de la educación.

En ese intento comprobaron que en el ámbito estatal existía una fuerte puja entre las corporaciones gremial docente, por un lado, y la de los políticos por otro, con una gran apatía de muchos docentes motivada por falta de políticas claras e incentivos económicos. Cansados de luchar contra tan fuertes adversarios el grupo se fue disolviendo.

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En los años siguientes hubo un nuevo intento trabajando con el gremio docente en la lucha por el mejoramiento escolar. La experiencia tuvo mucha repercusión mediática pero no arrojó resultados positivos.

Luego de tantas frustraciones un grupo de familias cipoleñas, (Baruf, Diez, Ramos y Romero) en busca de mejorar la educación de sus hijos, comenzaron a imaginar la idea de crear una escuela que sea encabezada por los padres.

En 1995, con atrasos en pago de sueldos a docentes, falta de insumos y mantenimiento de edificios escolares, se generó una crisis provincial. En ese contexto, el grupo realizó una convocatoria comunitaria y la respuesta de los padres fue la de sumarse con entusiasmo a una idea aún difusa.

En sucesivas reuniones surgió como idea conveniente para enmarcar el proyecto la creación de una Mutual de servicios educativos.

“En la mutual los padres cuentan con el derecho a que sus hijos reciban los servicios educativos, pero no son dueños de parte alguna de su patrimonio. Esto quedó plasmado en la definición de Socios Activos, que son quienes pueden formar parte de su Consejo Directivo y su Junta Fiscalizadora. Los socios activos deben ser papás con hijos en la escuela……”, palabras de Rubén Romero en la asamblea fundacional, socio fundador lamentablemente fallecido el 12/11/2020 durante la pandemia Covid-19.

Posteriormente se definió la conveniencia de comenzar con el Colegio Secundario por ser el área más crítica. Tomada esa decisión, el primer paso fue la de consultar quién sería la persona capaz de elaborar un proyecto pedagógico para presentar ante las autoridades del Consejo de Educación. Se aceptó la sugerencia de encomendar la tarea a la Profesora Diana Luongo de Bossero, quien fue la primera Directora del Secundario.

Simultáneamente un grupo reducido comenzó a elaborar el estatuto y el acta fundacional de la Mutual. Los tiempos se acortaban, y se fijó la fecha de la Asamblea Fundacional para el 12 de octubre de 1995, en la Sala Benavente de la Biblioteca Rivadavia.

“.. Elegimos llamarla con el nombre que tuvo la estación ferroviaria de la entonces Colonia Lucinda (hoy Cipolletti): Estación Limay y con ello intentar recobrar el espíritu pionero de quienes llegaron a esta región en los primeros años del siglo pasado….” Carlos A. Ramos, socio fundador

Se acordó comenzar a funcionar con el secundario en marzo del 96:

”…no teníamos nada más que voluntad. No contábamos con edificio, ni bancos ni pupitres, ni siquiera una oficina y sólo habíamos presentado un proyecto en el Consejo Provincial de Educación, el que aún no había sido aprobado…” Carlos A. Baruf, socio fundador.

Las gestiones ante el Consejo de Educación en cuanto a la solicitud de aporte económico para pago de sueldos, no fueron positivas, solo ofrecían la posibilidad de funcionar como escuela privada, es decir sin ningún aporte económico oficial. Ese fue un momento bisagra en la historia “del Limay”. Una trascendental disyuntiva: abandonar el proyecto o continuar con el financiamiento exclusivo de las cuotas de los padres.

“…Tomamos el segundo camino, dispuestos a demostrar en los hechos que un grupo de ciudadanos organizados puede llevar adelante un proyecto de esta naturaleza sin el aporte económico del Estado, pero manteniendo el propósito de lograr con el tiempo el objetivo fundacional de convertirse en una Escuela Pública de Gestión Privada que fuera accesible para una gran parte de los sectores de nuestra sociedad…”, afirmaba Alberto Larreguy, socio fundador.

Finalmente, el 12 de octubre de 1995 se realizó la Asamblea fundacional con un gran marco de concurrentes. “…Sabíamos del apoyo de parte de la comunidad a nuestra iniciativa, pero ese 12 de octubre, realmente quedamos sorprendidos por la concurrencia. No sólo fueron papás interesados por la educación de sus hijos, fueron también representantes de otras instituciones como la que estábamos creando, a apoyarnos. Un caso que recuerdo fue el de la Mutual Pablo Bessón, y en las aulas que nos facilitaron pudimos dictar los cursos de nivelación para el ingreso”, afirma Jorge Diez, socio fundador.

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Cuando ya estaba fundada la Mutual de Servicios Educativos Estación Limay, las tareas se multiplicaron. Por una parte, estaba la inscripción en el Instituto de Cooperativas y Mutuales (en ese momento denominado INACyM), por otro la inscripción y reconocimiento de la escuela ante el Consejo Provincial de Educación de la Provincia, la diagramación e implementación de los cursos de nivelación de los alumnos, la selección del cuerpo directivo y docentes, el alquiler y adaptación del edificio para que funcionara el Colegio, el equipamiento.

Se llamó a inscripción de alumnos y por no contar todavía con una sede, se hicieron en el “garaje” de la casa de la Directora. En principio se consideró crear solo un curso por año de primero a tercero y avanzar progresivamente, pero la demanda fue tal que debieron crearse dos cursos por cada año.

“…Una etapa que ocasionó mucha preocupación fue la de conseguir en alquiler un edificio que contemplara las necesidades iniciales y las de un futuro no muy lejano. Casi todos los padres buscaban edificios y me consultaban diariamente si se adaptaba a nuestros requerimientos. Logramos encontrar un edificio donde había funcionado una agencia de autos usados. Básicamente un galpón al fondo, una vivienda al medio y unos locales al frente sobre calle Brentana. Lo reformamos, en el galpón hicimos aulas en dos plantas, en la vivienda la dirección y sala de profesores, y en los locales comerciales los talleres y oficina de la mutual. Todo en tiempo record…”, agrega Carlos A. Ramos, socio fundador.

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Los fondos para solventar los costos del alquiler, las refacciones, el equipamiento y la contratación del personal docente, provenían de la cuota de inscripción de cuatrocientos pesos por alumno que abonaban los padres. La cuota mensual se había fijado en doscientos pesos.

“…El primer contrato lo firmamos miembros del Consejo Directivo a título personal, por no tener aún el reconocimiento en forma oficial hasta junio de 1996”, recuerda Alberto Larreguy, socio fundador

Paralelamente a la adaptación del edificio escolar, los futuros alumnos participaban de cursos de técnicas de estudio y de nivelación en matemáticas y lengua tratando de cubrir, al menos en parte, las falencias en el aprendizaje por falta de clases durante 1995. Los cursos se dictaron en las aulas del colegio Pablo Besson gentilmente cedidas por esa institución.

Después de varios viajes a Buenos Aires al INACyM, y las gestiones del (entonces) Diputado Nacional Jorge Ocampos, se logró la inscripción definitiva como Mutual.

Y por fin el 14 de marzo de 1996, en calle Brentana 161, se inauguró el Colegio con una matrícula de 150 alumnos distribuidos en dos primeros, dos segundos y dos terceros.

“…cuando inauguramos el Colegio Secundario nuestra incipiente comunidad vivió un momento de alto contenido emocional. El recuerdo de los padres barriendo el patio y esperando los primeros bancos (que por supuesto llegaron a último momento) es el símbolo de aquel instante, a partir del cual la escuela comenzó a funcionar y algunos padres (solucionado su problema) se fueron alejando. Algunos miembros del Consejo Directivo se sumaron a esa deserción…”, recuerda Carlos Baruf socio fundador.

Con el impulso del secundario, se tomó la decisión de crear nivel inicial y primario. En el año 1997 comenzó a funcionar en la calle Irigoyen casi Brentana (ex tienda del Barrio). Se designó como directora a la Sra. Marta de Bandieri.

Con cada ciclo, se iba agregando un curso más que a su vez necesitaba de otra aula. Razón por la que tuvieron que alquilar otro inmueble, el de la calle Brentana casi Yrigoyen (ex rotisería el Bambi/hoy Outlet Olimpia) para el primario. Otra vez reformas, aulas nuevas, sanitarios, dirección, secretaría, etc., etc. Luego se trasladó Primaria a un nuevo edificio, a la calle Belgrano al 150, y al de calle Brentana el inicial. En el año 2000 egresó la primera promoción que cursó íntegramente el ciclo medio en el Estación Limay. En el año 2006 egresaron del primario los que empezaron en la salita de 3 años y cursaron todos los años en ésta Institución. En el 2011 egresó la primera promoción completa del Limay, desde salita de 3 años hasta 5to del Nivel Medio. Cuando cerró el Colegio Krausse, se alquiló esa propiedad que podía albergar los tres niveles en un solo edificio.

En la actualidad, después de muchos años, Estación Limay tiene un edificio construido especialmente para que funcione una escuela, en la que están todos los niveles juntos y cuentan con un gran espacio libre. Ese siempre fue el sueño de todos los padres, que todos los ciclos estuvieran juntos, como comenta Jorge Diez, socio fundador.

Gimnasio y Salón usos múltiples es propiedad de AMSE estación Limay en calle Vélez Sarsfield.

A las Autoridades actuales y a los padres de alumnos les corresponde ahora el reto del edificio propio definitivo. “…Hay dos personas que fueron los motores del proyecto, por el compromiso, el tiempo y energía que le dedicaron: Carlos Baruf y Alberto Larreguy. El resto acompañamos, pero ellos fueron los que día a día y durante varios años, le dedicaron muchas horas a la Mutual”, destaca Jorge Diez, socio fundador.

Todas las personas son importantes en las construcciones colectivas, aunque algunos hayan tenido tareas más visibles. En este proyecto hubo una importante y activa participación de padres, directivos, profesores, personal administrativo y de maestranza, todos muy consustanciados y entusiasmados con el incipiente proyecto, y absolutamente necesarios para la concreción del mismo. Hoy, Estación Limay forma parte de la comunidad de Cipolletti, como un símbolo de lo que es posible lograr escuchándonos, generando acuerdos, respetando las mutuas necesidades y teniendo en cuenta que lo esencial es preservar el bien común. Nos muestra en hechos cómo, desde las aspiraciones e ideales profundamente sentidos, se puede pasar a la práctica, materializando imposibles.

Es la narración de los orígenes de una escuela cipoleña, su caminar, creada por padres con el gran objetivo de la educación de sus hijos, agradezco a integrante de la comisión fundadora por brindarme la historia de la institución.

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