La misa central tuvo lugar ayer a las 11 y fue oficiada por el obispo de Viedma, Esteban Laxagüe. Pero la peregrinación se inició ya el viernes, día en el que comenzaron a llegar las primeras familias a Chimpay. El flujo de personas fue incesante durante el sábado, en las vísperas de la actividad de ayer, que incluyó la celebración de varias misas en el polideportivo.

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La de este año fue la 48ª peregrinación religiosa al santuario de Ceferino Namuncurá y se realizó bajo el lema “Como Ceferino joven, renovamos la historia”.

Una de las propuestas más convocantes, como ocurre generalmente, fue la oración del amanecer en el Cerro de la Cruz, sobre la Ruta 22, que tuvo lugar a las 7. Minutos después, la procesión bajó hasta el polideportivo, donde se realizó la tradicional misa de recepción de los peregrinos. Para aprovechar la concurrencia, se instaló en Chimpay un mercado artesanal.

Una devoción mundial

Ceferino nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay y tras su muerte (1905) se acrecentó la devoción popular hacia él, tanto en Argentina como en los países limítrofes, donde lo bautizaron cariñosamente como el santito mapuche. Se le atribuyen milagros y curaciones de enfermedades graves, reconocidas por el Vaticano.

El 7 de julio de 2007 el papa Benedicto XVI firmó el decreto que lo declaró beato y cuatro meses más tarde se proclamó ante más de 100.000 personas, en una ceremonia multitudinaria realizada en su ciudad natal.

12.000 fieles se dieron cita este fin de semana en Chimpay.

Como todos los años, Ceferino Namuncurá convocó a una multitud de personas que se acercaron a agradecer y a pedir.

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