El papá trans neuquino que con sus hijas lucha por la identidad

Benjamín Génova habla de cómo les contó y del apoyo que le dieron.

Ana Laura Calducci - calduccia@lmneuquen.com.ar

Benjamín Génova sobrevivió a la calle y la violencia, fue pionero en conquistar derechos para los varones trans neuquinos y se convirtió en un referente de la lucha por la igualdad. Pero la batalla más importante de su vida no fue el nuevo DNI sino proteger el vínculo con sus hijas, a quienes les contó de su nueva identidad con lágrimas en los ojos y recibió el abrazo más fuerte. Con apenas 11 y 5 años, ellas le dieron una lección sobre el amor y hasta lo ayudaron a elegir su nuevo nombre, el que soñó de chico, el que lo representa.

Benjamín contó su historia en los medios mil veces, para visibilizar la realidad de los varones trans, pero recién ahora relató en público lo que significó ganar su identidad con dos niñas a cargo. El jueves pasado, en una charla organizada junto a la agrupación estudiantil CEPA, respondió preguntas de los asistentes sobre un tema del que nadie habla: cómo ser padre trans en Argentina.

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“Me planteaba cómo contarles a mis hijas, me daba miedo que se enojaran, pero fueron las primeras personas que me abrazaron cuando se enteraron”, remarcó.

Benjamín creció en la zona rural de Allen, sintiéndose varón y fingiendo ser niña. Tuvo a su primer bebé antes de cumplir los 15, cuando se había escapado de los golpes de su padre y vivía en la calle. “Me enteré de que esperaba un hijo y decidí tenerlo, aunque me preocupaba que estuviera cerrando para siempre la posibilidad de contar mi identidad”, recordó.

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El embarazo lo convenció de volver a su casa y asumir el rol materno que la sociedad le imponía, pero seguía vistiéndose y actuando como varón.

Dos años después, se alejó de sus padres y ellos le quitaron a la beba. Lo consideraban una mujer lesbiana y tenían el prejuicio de que no podría criarla. Peleó para recuperarla sin éxito y aún recuerda las dolorosas palabras del juez de paz de Allen: “Date cuenta de cómo sos, vos no podés cuidar de una persona”.

A los 20 tuvo a su segunda hija. Tres años más tarde, pudo reunir a sus dos nenas en un hogar propio. Y pasaron tres años más hasta que, viendo la televisión juntos, ocurrió el episodio que le cambió la vida.

Había una promoción del nuevo ciclo de Gran Hermano y en la pantalla apareció un chico trans, Alejandro Iglesias, el participante número 19. Benjamín dijo que la imagen lo sacudió: “Fue como ganar en el casino, se me cayeron todas las fichas juntas porque vi lo que era yo, y hasta ahora me pregunto cómo no me di cuenta antes”. Era un varón trans, así se llamaba lo que sentía, pero ahora tenía que contárselo a los demás y, antes que nadie, a sus hijas.

Explicó que esperó “hasta que vieran que Alejandro era un chico común y corriente”. Un día, la más pequeña, de 5 años por entonces, le comentó que el joven era “como la tía Andru pero al revés”, en alusión a una amiga trans a la que habían ayudado. Ese fue el puntapié para hablar del tema.

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Una tarde tomó coraje y le contó a la menor. “¿Viste el chico de la televisión? Bueno, yo soy como él”, reveló. Ella solo le preguntó si siempre había sido así y por qué no lo había contado antes. Benjamín lloraba, de angustia, de miedo, de alegría, y su pequeña lo rodeó con sus brazos.

Después, los dos le dijeron a la mayor, que también lo alentó con un abrazo. “Me entendieron enseguida y hasta se tomaron el trabajo de empezar a buscarme nombre; ellas eligieron Benjamín, justo el que a mí me gustaba cuando era chico”, recordó.

En la escuela, la más pequeña les dijo a sus amiguitos que ahora tenía dos papás, “uno trans y uno cis”. Los nenes lo tomaron como algo natural, pero hasta el día de hoy los demás padres no saben cómo saludar a Benjamín.

Cada vez que va con ellas a hacer un trámite, tiene que dar una larga explicación sobre la paternidad trans. También le ocurre cuando las lleva al médico. Una y otra vez, al entrar al consultorio con sus hijas, lo frenan en la puerta y le preguntan dónde está la mamá. “A veces les digo a propósito que la madre soy yo y ahí no entienden nada”, contó divertido.

Hoy, sus nenas tienen 13 y 18 años. Aprendieron junto al papá de discriminación, derechos y estereotipos. “Ellas mismas se encargan de visibilizar el tema cada vez que pueden y tienen toda la información; tranquilamente podrían estar delante del público como yo y explicar lo que significa ser hijas de un padre trans”, afirmó orgulloso.

Benjamín dijo que no conoce a padres o madres trans en Argentina que hayan logrado el cambio de documentación para sus familiares, pero no bajará los brazos hasta cambiar esa realidad. “Cada vez somos más las personas trans que tenemos hijos, así que esta también la vamos a ganar”, aseguró.

Todavía son hijas de una persona ficticia

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Aunque Benjamín Génova rectificó su documento con la Ley de Identidad de Género hace unos años atrás, todavía no logra corregir los registros de sus hijas. Las actas de nacimiento siguen con el nombre de una persona inexistente, lo que les impide salir del país y hacer trámites en las oficinas públicas.

“Yo pasé a tener mi identidad y ellas perdieron la suya, porque no pudieron actualizar su documento de identidad durante años”, se lamentó.

Para que la mayor de sus hijas no se perdiera un viaje escolar, les entregó a las maestras una pila de papeles que confirmaban el aval paternal, pero hasta último momento tenían el temor de que Gendarmería los parara y se arruinara la salida para todos los chicos del curso.

Hace poco, después de insistir en el Registro Civil rionegrino, consiguió que las nenas actualicen sus documentos con un plástico que tiene el nombre legal de su papá. Lo emitieron como excepción y, en lo demás, siguen figurando como hijas de una persona ficticia.

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