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Mateo Álvarez, el pibe de Allen que gambetea la distancia y juega en Racing

El joven de apenas 13 años, que la rompió en el Alto Valle, ya forma parte de las inferiores de la Academia. El comienzo de una historia que inspira a los adolescentes futbolistas de la región.

El humilde polvo de las calles de Allen todavía está impregnado en sus botines, pero el corazón de Mateo Álvarez ya late al ritmo de Racing. Desde la semana pasada, este adolescente de 13 años comenzó a escribir una de esas historias que nacen entre gambetas y que, como todo sueño de potrero, aspira a llegar bien lejos.

Tras ser seleccionado por una de las instituciones más grandes del fútbol argentino, el joven volante se instaló en la pensión de Racing Club para sumarse a las divisiones inferiores de La Academia, en un paso que promete cambiar su vida para siempre.

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El ojo experto que vio futuro

La oportunidad, como suele ocurrir en el fútbol, llegó de la mano de un buscador de talentos. Fue Carlos Romero, experimentado captador de la institución de Avellaneda, quien observó a Mateo en acción y detectó en sus movimientos algo diferente. Esa chispa que distingue a los niños con condiciones especiales para la redonda.

Romero no dudó: decidió llevarlo a una prueba formal en el club. Entre el 26 y el 31 de enero, Mateo participó de las exigentes evaluaciones que el departamento de captación de Racing realiza periódicamente en busca de nuevas promesas. Días intensos de muestra, de mostrar condiciones, de demostrar que la distancia y el sacrificio valen la pena.

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Fotos: AN Allen

Fotos: AN Allen

El balance no pudo ser más positivo: el pibe de Allen logró destacarse entre decenas de aspirantes y convenció al cuerpo técnico, que no dudó en recomendar su incorporación definitiva a las inferiores académicas.

Un camino forjado desde los tres años

Lejos de ser fruto de la casualidad, el presente de Mateo es el resultado de un camino que comenzó a construirse cuando apenas aprendía a dar sus primeros pasos. Su historia con la pelota arrancó muy temprano: a los 3 años ya pisaba el césped de la escuelita "Hándicap", ese primer hogar futbolístico donde muchos niños de la región dan sus primeros toques.

Allí permaneció hasta los 6, cuando dio el salto a San Francisco, club donde continuó su formación y comenzó a pulir esa técnica que hoy llama la atención en Buenos Aires. Más tarde, defendería los colores del Deportivo Roca, institución con peso en la región, donde sumó rodaje y aprendizaje en categorías cada vez más competitivas.

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Fotos: AN Allen

Fotos: AN Allen

Pero Mateo no se conformaba. En paralelo a su paso por Roca, el joven talento entrenaba en el club Cefpa de Allen, una doble jornada que habla a las claras de su compromiso y de ese plus que suelen tener los que realmente persiguen un sueño. Allí, en su ciudad natal, siguió sumando experiencia y consolidando un crecimiento constante que hoy empieza a dar sus frutos.

El día que todo cambió

El lunes 9 de febrero quedará marcado a fuego en la memoria familiar. Ese día, Mateo llegó a la pensión de Racing acompañado por sus padres, quienes no quisieron perderse este momento crucial. El orgullo se mezclaba con la emoción contenida de ver al hijo emprender una aventura tan desafiante a una edad tan temprana.

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Aquí junto al arquero Facundo Cambeses, titular en Racing e integrante de la selección nacional. Fotos: AN Allen

Aquí junto al arquero Facundo Cambeses, titular en Racing e integrante de la selección nacional. Fotos: AN Allen

En la pensión el joven allense compartirá con otros chicos de su edad que, como él, dejaron sus provincias y sus casas persiguiendo la misma ilusión: la de vestir la camiseta celeste y blanca en las divisiones formativas.

El desafío de crecer entre gambetas

Ahora, instalado en la pensión de Racing, Mateo enfrentará una etapa intensa. Deberá combinar los entrenamientos de alta competencia con los estudios, la convivencia con sus nuevos compañeros y la adaptación a una ciudad tan grande como Avellaneda, muy distinta al Allen que lo vio nacer.

El club, consciente de la importancia del acompañamiento en estas edades, dispone de un equipo interdisciplinario que sigue de cerca la evolución de los jóvenes futbolistas, tanto en lo deportivo como en lo psicológico y educativo.

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Mateo con Marcos Rojo, experimentado defensor. Fotos: AN Allen

Mateo con Marcos Rojo, experimentado defensor. Fotos: AN Allen

El orgullo de una ciudad

Mientras tanto, en Allen, el orgullo y el acompañamiento hacia Mateo son enormes. No es para menos: cada vez que un pibe de la región logra insertarse en un club de la magnitud de Racing, el sueño se renueva para todos los que alguna vez gambetearon en los potreros del Alto Valle.

El desafío recién comienza. Mateo tiene todo un futuro por delante. En Avellaneda probará, partido tras partido, entrenamiento tras entrenamiento, si ese camino como futbolista profesional que hoy apenas asoma termina de tomar forma definitiva.

Por ahora, el pibe de Allen ya cumplió el primer gran objetivo: gambetear la distancia y ganarse un lugar entre los sueños de La Academia.

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