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Mitos sobre el sexo oral y una tendencia peligrosa: qué hay detrás de la suba de casos de sífilis

¿Cómo ir al encuentro sexual sin miedo? La especialista Nadia Ciuffo Valdez habla sobre las claves para tener una sexualidad segura, donde el disfrute y el autocuidado no sean antagónicos.

Se besan, se acarician, se desnudan, se desean, pero cuando ella busca un preservativo en el cajón, él la detiene diciendo: “Si me vas a chupar con un plástico, prefiero que no lo hagas”.

Unas cuadras más allá, en otra cama, Juan le pregunta a Mariela si tienen forros. Son dos adultos de más de 40 años y es la primera vez que van a tener sexo, pero ni él ni ella se ocuparon de comprar. “Yo no hago nada sin preservativos”, le dice. Ella responde que tampoco. Para salvar la noche, él le pide que le practique sexo oral y ella accede. A los minutos se da cuenta de que va a ser una práctica unilateral y también riesgosa. Se aflige, pero en vez de frenar continúa, y por días va a cargar con una tristeza que no puede desenredar.

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En las cuentas de TikTok, YouTube e Instagram de una buena porción de pibes se ve el video de Tussiwarriors, la banda de trap uruguaya que venía en ascenso y hace cinco meses estalló con el corte A pelo, que dice en el estribillo —entre muchas otras cosas—: “No cuenta el polvo si no es a pelo”. Y también: “Quizá ella tenga sífilis, pero me la estoy matando” o “Le acabo adentro y le escupo la espalda para disimular”.

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Las escenas son tan reales y tan perturbadoras como las últimas cifras del Boletín Epidemiológico Nacional, que reportaron un aumento significativo de todas las infecciones de transmisión sexual, particularmente de la sífilis, que en 2024 alcanzó un máximo histórico de 36.917 nuevos contagios, y solo durante el primer trimestre de este año esa marca fue igualada.

Los resultados no solo advierten que los contagios subieron un 38,5% respecto a 2022, sino que tres de cada cuatro nuevos positivos corresponden a personas menores de 40 años. En tanto, en Neuquén —según informaron las autoridades— en 2024 se registraron 600 casos y durante el primer semestre de 2025, cerca de 400, lo que también indica un aumento gradual y sostenido, en línea con la tendencia nacional.

Para la psicóloga y sexóloga neuquina Nadia Ciuffo Valdez (@lic_psicoloca ) no hay una sola causa que explique estos resultados; por el contrario, tienen que ver con las formas de vincularnos, la escasa educación sexual y las construcciones erróneas en torno al preservativo, entre otras cuestiones. “Mucha gente sigue asociando el cuidarse con preservativo a evitar embarazos y no lo vincula a evitar las infecciones de transmisión sexual”, asegura.

Nadia Ciuffo Valdez

El mal uso del preservativo

Entre las causas, Ciuffo Valdez pone en relevancia el mal uso del preservativo y los mitos en torno a ello, que van desde la no utilización hasta el uso incorrecto, tanto en vínculos monógamos como casuales o en prácticas sexuales como el sexo oral.

“Estamos en un momento de relaciones más livianas; nos vinculamos a través de aplicaciones de citas, lo que implica aumentar la frecuencia y diversidad de los encuentros. Si a eso le sumamos la no utilización o la mala utilización del preservativo, la falta de percepción del riesgo, el ‘a mí no me va a pasar’… Rey, reina: sí te va a pasar”, dice.

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Y agrega: “No quiero estigmatizar diciendo que el problema es la libertad sexual. Me parece que estamos en una época fantástica donde todos podemos disfrutar de nuestra sexualidad sin tanto mambo como en generaciones anteriores, pero creo que hay falta de información confiable y hábitos de prevención”.

Respecto al aumento de casos de ITS entre jóvenes y adolescentes, Ciuffo Valdez explica que no se trata de la edad en sí, sino de lo que le subyace: la menor conciencia sobre los riesgos o consecuencias reales que puede implicar una relación sexual no protegida.

“Garchar a pelo es una tendencia muy peligrosa que está instalada, como si eso generara más placer, cuando lo que genera es más riesgo. La presión social siempre estuvo presente en las actividades sexuales, a lo que se suma el problema de la desinformación", indica la profesional.

"Pasamos del ocultismo de la sexualidad y de que el porno sea la ESI de toda una generación a una diversidad donde hay grupos donde esto directamente no se habla, o grupos donde hay exhibicionismo o una cantidad exacerbada de información. El problema lo tenemos con la información sexual”, destaca Ciuffo Valdez.

Nadia Ciuffo Valdéz

Hace algún tiempo, las estadísticas también vienen mostrando el incremento de ITS en personas mayores, posiblemente consecuencia de la generación que, como explica la sexóloga, no recibió educación sexual.

“Hay muchas parejas monógamas que no utilizan preservativos y se contagian en situaciones de descuido con terceros. ‘¿Cómo vamos a usar preservativo si somos pareja?’, se preguntan. Una chica el otro día me decía: ‘¿Por qué voy a usar preservativo con mi pareja si tiene la vasectomía?’. Otra vez, la utilización del preservativo vinculada solo al embarazo. Y, por otra parte, hay personas divorciadas que vuelven a la actividad sexual, y como no está la presión del embarazo, también se relajan: entonces, dale que va. Tal vez en estas generaciones haya más tabúes al hablar del uso del preservativo que en las más jóvenes”, explica.

“Nuestras creencias terminan repercutiendo en nuestras prácticas. Por ejemplo, está muy arraigado que a través del sexo oral no se contagia nada, y es mentira. Culturalmente, se lo ve como menos riesgoso; muchas personas sienten que poner preservativo en ese momento corta el mambo, interrumpe la situación. El problema no es el sexo oral, sino esta educación insuficiente. Ese, por ejemplo, es uno de los errores cognitivos que terminan influyendo en que nos encontremos con las estadísticas de sífilis que hay, que es un tema que cobró relevancia, pero no es solo sífilis: es gonorrea, HPV, clamidia, VIH, hepatitis B y C”, detalla.

Preservativo o riesgo extremo

El preservativo continúa siendo el único método anticonceptivo que previene al mismo tiempo embarazos no deseados e ITS. La Ley 25.673 establece, entre otros puntos de relevancia para la salud sexual y reproductiva, la obligatoriedad de su entrega en centros de salud públicos, aunque en los últimos años haya habido un recorte considerable en la inversión en salud.

—¿Qué hay de mito y qué hay de cierto en que el uso del preservativo disminuye el placer?

—Mito total. El preservativo no disminuye el placer; se trata de saber qué preservativo utilizar. La gente no sabe que hay variedades: ultrafinos, texturados, XL, con lubricación, con sensaciones. Los compran con vergüenza y al pasar. Lo que puede generar disminución del placer no tiene que ver con el preservativo en sí, sino con que el tamaño no sea el adecuado, el material no sea el adecuado, haya mala lubricación, una mala colocación o una mala inclusión dentro del acto sexual. Cuando está bien elegido y puesto desde el principio, la diferencia en el placer es mínima entre el uso y el no uso. Puede haber diferencias de sensaciones —claro que las hay—, pero eso no implica una disminución del placer.

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—¿En qué momento de la práctica sexual debemos usar preservativo?

—Siempre desde el principio. Dentro de la práctica del sexo oral también tiene que estar: campo de látex o preservativo. La incorporación va a depender de cada pareja. También es parte de la creatividad que tiene que tener el encuentro sexual; no tiene que estar todo guionado. Dependerá de que cada uno se sienta cómodo, de que las mujeres se animen a ponerlo y no lo dejen para el otro. Aprender a ponerlo. No hay muchas vueltas, pero sí debería haber mucha creatividad en el acto.

—¿Qué necesitamos para tener una vida sexualmente activa y, al mismo tiempo, segura?

—El disfrute de la sexualidad no está peleado con el autocuidado; al contrario, lo potencia, porque podés conectarte más con el placer sabiendo que se tomaron todas las medidas para que ese sea un encuentro placentero y no quedarte con el momento de pasarla bien y después estar con dudas o preocupado. Lo que tiene que generar es un encuentro que se sienta más relajado, más seguro. Necesitamos normalizar la conversación sobre el uso del preservativo y sobre los testeos. Necesitamos marcar los límites que tiene todo encuentro sexual antes de que el encuentro se produzca. Eso también genera tranquilidad. Normalizar la pregunta: “Che, ¿vos te cuidás siempre? ¿Usamos este o este otro preservativo?”. Más natural, sin que se genere tensión.

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—¿Cómo hacemos para que los miedos no atenten contra el placer?

—Así como el cuidado tiene que ser parte del encuentro, también tiene que serlo de la preparación erótica: que esté incluido para no generar miedos. Tenemos que cambiar la lógica del miedo por la de la responsabilidad compartida, que no sea una cuestión de una sola de las partes. Quiero estar con vos, quiero que esto sea bueno para los dos; eso implica que sea un encuentro seguro. Es más común la pregunta sobre la cantidad de sexo que uno tiene que sobre la calidad de sexo que uno tiene. Hay que cambiar de lógica. El cuidado es parte de la calidad: necesitamos naturalizarlo para poder estar tranquilas y tranquilos después del acto sexual, que el disfrute no sea solo del momento.

Hay mucho que las estadísticas no muestran, pero sí infieren. Nada de lo que ocurre en el sexo escapa a las lógicas en las que estamos inmersos: violencias, estereotipos, desinformación. La cultura del descarte hace que dejemos en soledad a una juventud porque no podemos, no logramos o nos aterra entender. Estamos tan desconectados de lo bueno, de lo que nos hace bien al corazón, de nosotros mismos, que nos cuesta cuidarnos y cuidar a otros. Urge poder transformar nuestras prácticas para dejar de horrorizarnos frente al espejo.

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