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La paseadora de perros más popular de la ciudad y su emocionante historia

El esfuerzo para criar a sus hijas lejos de sus pagos. Pormenores de una tarea que realiza con total responsabilidad, por qué en su casa solo tiene gatos y una valiosa reflexión.

Sostiene a ocho perros a la vez con los collares entrelazados, mientras recibe a otro de manos de su dueña para el tradicional paseo matinal. Y hay siete más atados provisoriamente a un canasto para evitar desbordes y que se descontrole la situación.

Ya con todo en orden, Gabriela parte por calle Italia casi Yrigoyen con el numeroso grupo (15) rumbo a la Fernández Oro, por la zona del Ferrocarril. Siempre buscando la sombrita y que estén hidratados por las altas temperaturas.

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Es la tanda céntrica que realiza en el primero de los turnos diarios, ya que por la tarde le tocará salir con las mascotas del Rincón Lindo y barrios privados.

Sin dudas, una de las postales simpáticas que regala cada jornada la ciudad, en especial para los más perreros que la felicitan y la detienen con el fin de mimar a las mascotas y preguntarle detalles de las mismas o de su particular oficio que generan curiosidad.

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Un momento de esparcimiento para los perros, en la zona del Ferrocarril. Foto Anahí Cárdena.

Un momento de esparcimiento para los perros, en la zona del Ferrocarril. Foto Anahí Cárdena.

Se trata de una de las paseadoras de perros más antiguas y requeridas por los vecinos. Una vez que deja a cada animalito en su hogar, accede a contar su historia, pormenores de su tarea y una interesante reflexión de por qué optó por adoptar gatos y no perros en su propio hogar.

Vino de Comodoro y la luchó

Llegó hace 14 años al Alto Valle proveniente de la ciudad chubutense. “¿Qué me trajo para acá? Me vine porque me gusta más el clima, allá es más ventoso, más frío. Y la gente de Cipo es muy agradable, tenés de todo pero te saludan en la calle, en los negocios, nunca falta un ‘buen día’, o el ‘hola veci”, destaca la calidez lugareña.

Eso sí, no le resultó fácil insertarse en el mercado laboral local. Intentó hacerlo a través de empleos tradicionales pero no se abrieron puertas. Entonces, apeló a una tarea que supo desempeñar en sus pagos, la de paseadora de perros. Y mal no le fue ni le va...

“En Comodoro tuve distintos trabajos pero acá no conseguía otra cosa y empecé a pasear perros, que a la vez no era algo nuevo para mí pues hice experiencia en esto allá”, explica y vaya paradoja confiesa que “no soy tan perrera, de hecho tengo gatos. Pero lo hago con responsabilidad y amor”.

La luchó y se esforzó para salir adelante. Si, incluso, “los paseé estando embarazada; hasta unos días antes de tener a mis hijas seguí a full”.

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Gabriela nos contó su hermosa historia. Foto Anahí Cárdena.

Gabriela nos contó su hermosa historia. Foto Anahí Cárdena.

Llegaron Alexia -hoy de 20 y Sabina -11- y más que nunca se aferró a este rebusque al que siempre “tomé como un trabajo, no como un hobby. Y la verdad que fue mi sustento desde que empecé para sobrevivir y para mantenerlas a ellas”.

La pandemia y la crisis actual

La situación financiera del país se tornó muy delicada pero Gabriela ya superó “épocas bastante difíciles”.

En ese sentido, recuerda la merma de la clientela por las limitaciones y los temores que trajo aparejada la pandemia: “Es que mucha gente creía que los perros se contagiaban, o tenían miedo de que volvieran enfermos o trajeran ‘el bicho adentro’. Después de eso, se reactivó todo por suerte. Y en cuanto a la actualidad, está complicado pero hasta ahora no se bajó ningún perro por la inflación”.

Dedicada por completo a lo suyo, revela que “estoy cobrando entre 15 y 18 mil pesos la mensualidad, depende los días que salen, es una hora diaria”.

“Lo hago de manera muy profesional, a las 6.45 me levanto cada día. Yo lo tomo como un trabajo casi empresarial, es mi mini empresa y estoy constantemente pensado qué puedo hacer para expandirme un poco más. De lunes a viernes no paro y solo me tomo los días cuando viajo”, asegura mientras le avisa por celu a una clienta que notó un tanto cansado a su mascota en la caminata para que esté atenta.

Responsabilidades y riesgos: “El que de verdad quiere a su perro…”

“Hay gente que no se lo toma en serio que el perro necesita salir todos los días y si es posible varias veces. Los que sí lo entienden son los que ante la falta de tiempo recurren a mi servicio o el de colegas. El que de verdad quiere a su perro o lo saca él o ella misma o mediante un paseador. Por suerte soy de los que más tengo en la ciudad, caminando en la calle, he llegado a cuidar a 25. Es un honor y agradecida estoy. Hay colegas como Pablo también que tiene colonia canina pero es distinto, si bien también está bueno. Y mi novio Martín se aboca a esto, él pasea por El Manzanar o el barrio Capellán”, específica a la vez que diseña y programa el itinerario vespertino.

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Gaby, una de las paseadoras de perros más requeridas de Cipolletti. Foto Anahí Cárdena.

Gaby, una de las paseadoras de perros más requeridas de Cipolletti. Foto Anahí Cárdena.

La responsabilidad “es muy grande” teniendo en cuenta también lo que significan esos animalitos para sus dueños. Es allí cuando Gaby repasa algunos sobresaltos que vivió en la vía pública en su extensa e intachable trayectoria.

“Te puede pasar cualquier cosa, se puede escapar un perro, lo puedo atacar otro. Me pasó alguna vez que se han escapado, por collares sueltos o se asustan de los ruidos de la calle. Me he topado con perros peligrosos en la calle, que tienen dueños por supuesto y fue complicada la cosa porque son perros que atacan y es un riesgo. El perro callejero en cambio no es de agredir. Accidente no tuve, por suerte, pero que lo muerda otro sí, nada grave pero el momento feo lo pasás igual”, resume antes de preparar la mochi para volver a la acción.

Por ello, entiende que no todos toman dimensión de lo que implica su trabajo ni le dan su real valor. “Hay gente que cree que es caro el servicio. Desde luego que esos perros conmigo no empiezan. Hay también quienes se piensan que una es la empleada y esto es en verdad un servicio. Pero me quedo con los clientes buena onda, que son la mayoría, muchos ya tienen 10 años de antigüedad”, celebra.

“Lo mismo pasa en la calle, hay de todo… En general los vecinos nos ven y les encanta. Me felicitan y me preguntan cosas de los perros pero también gente que no quiere que les pase por la vereda, porque se creen los dueños de la calle, o piensan que el perro les va a hacer algo. Son los menos, yo voy siempre con la bolsita pero ojo, acepto que te puede pasar que el perro ensucie y no lo podés juntar por algo puntual y ya se enojan y te condenan. Son los menos por suerte”, señala tras responder a una vecina que le pidió si podía ir un ratito más tarde a retirar a Tomy.

Generosa, suele tenderles una mano a los que recién arrancan ya que sabe lo que es empezar de cero. “Es una ciudad grande, tiene muchísimos perros, creo que hay trabajo para todos. Yo cuando puedo ayudo a chicas o chicos que quieren arrancar. Son perros que no puedo hacer porque no me dan los tiempos, así que no lo veo como una competencia”.

La anécdota de los pichichos compinches

Se ven todos los días. Pasean juntos. Inevitablemente, se genera un lindo vínculo entre los “pichichos”. A ello se refiere Gabriela ahora:

“Más que amigo, ellos son jauría. Ha ocurrido alguna vez que a los dueños se les escapó y aparece el perro en la casa de otro del grupo, porque saben el recorrido. Eso está bueno porque no se pierden ni desorientan. Por eso cuando viene un perro de afuera lo tengo que presentar yo, no me lo puede traer el dueño u otra persona directamente porque lo van a querer morder”, sorprende con su testimonio.

Tiene en claro que “no es un trabajo para toda la vida, no me va a dar el cuerpo”. Previsora, anticipa que “por eso lo quiero ir modificando o transformando en otra cosa más adelante para adaptarlo a mí y poder abarcar mucho más de la ciudad también”.

Valiosa reflexión final

“Los perros demandan mucho tiempo, que es lo que no toda la gente entiende… Es casi como tener un hijo. Muy grande la responsabilidad, por lo económico, por el tiempo, las ganas. Los perros te demandan, necesitan crianza, enseñanzas y uno tiene que tener ganas de hacerlo. No es una decisión que se tome a la ligera para mí, no es tener un perro porque está de moda, como pasa mucho ahora y por eso los problemas de conducta con estos animales. El gato, en cambio, se cría solo, no sufre tanto si uno viaja y por eso en casa tengo dos gatos si bien me paso el día con mis queridos perritos”, se luce Gabriela en el cierre.

Nadie le regaló nada, la peleó a cara de perro en la vida y triunfó. Y aún queda camino por recorrer junto a sus fieles amigos...

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Los pasea alrededor de una hora y tiene turno mañana y tarde. Foto Anahí Cárdena.

Los pasea alrededor de una hora y tiene turno mañana y tarde. Foto Anahí Cárdena.

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