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Francisco Aliaga Vera: "Quiero saber qué pasó con mi mamá"

Tenía 15 años cuando Emilia Vera, su mamá, desapareció y nadie volvió a saber de ella. Cuenta su historia, en primera persona, por primera vez.

"El 15 de enero de 2016 fue la última vez que la vi, tenía 15 años, imagínate que a esa edad lo único que querés y das bola es a la banda de tus amigos, me la pasaba de joda, como todos los pibes a esa edad. La vi contenta, mi mamá, Emilia Vera, era una mujer súpersimpática, graciosa, amiguera.

Vivíamos junto a mi abuelo o sea el papá de mi vieja, los tres juntos, en el Barrio del Trabajo, donde es mi casa todavía, mi abuelo estaba enfermo (demencia senil), a veces nos turnábamos para cuidarlo.

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El último mensaje de texto decía: “Me voy al Correntoso”, no di mucha bolilla, me imaginé que era el río. La denuncia la hicimos entre el sábado y el domingo, no recuerdo bien, pero si al otro día, cuando llevaba 24 horas desaparecida.

Y Emilia Vera ¿dónde está?

La primera vez que lloré, ya que me cuesta llorar, es cuando caí en cuenta que algo malo estaba pasando, cuando llegó la Policía con perros que entraron a oler mi casa. Olían todo, desesperados. Era un pibe, de repente me hice adulto, y solo pensé ¿dónde está mi mamá?

Al tiempo los buzos encontraron la campera, la bicicleta cerca del río, pero en Neuquén. El Correntoso queda en Cuatro Esquinas de Cipolletti, pero ahí no encontraron nada. Averigüé al tiempo qué pasaba si mi mamá se ahogaba, qué pasaría con el cuerpo. “En algún momento saldría a flote” me dijeron, pero nada de eso nunca ocurrió.

Se dijeron tantas cosas, una que mi mamá tenía problemas psiquiátricos, solamente padecía de ataques de pánico, algo muy común en estos tiempos. Y estigmatizaron con eso porque tomaba medicación.

Una vez una amiga de mi vieja, estaba en Buenos Aires e iba en bondi por General Rodríguez y dice que vio a una chica con rasgos similares, que se la quedó mirando, y la chica bajó la mirada.

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Cuando era más pibe con la banda de mis amigos que jugaba a la pelota, fuimos a golpearle la puerta a Nina. Nina, es una mujer que es bruja, vidente, del barrio, conocida, fuimos en patota, a ver si nos atendía, pero nos sacó cagando, quería ver si me tiraba data de mi vieja.

Cuando falleció mi abuelo en el 2019, pensé que iba aparecer, una amiga de mi vieja también dijo en un momento, tuve la sensación que iba a entrar Emilia, fue cuando el mundo se me vino abajo".

“Sabés que opté por pensar que se fue, formó otra familia y va a volver…”, me dice Francisco con una mirada cómplice con su compañera de vida con la que convive hace dos años junto a Firu, su perro que movía su cola y lo miraba atentamente.

Emilia Vera, mamá de Francisco

"Era re buena mamá, me tuvo re de piba, a los 16 años, nos criamos juntos prácticamente, me enseñó a tener autonomía, lo comprendí de grande. A lavar los platos u ordenar la casa, me convencía y me decía: “200 pesos y limpias los platos, cuando llegue los quiero limpios”, llamaba a mi amigo del barrio y repartíamos la guita y ella se reía cuando nos veía.

Me llevaba a las peñas, a mi medio que me embolada, pero ella era feliz cantando y bailando y yo medio que se la pinchaba para volvernos , me decía: “Viste cómo sos, eh! Nos perdemos la mejor parte…”

Recuerdo algo que me marcó mucho, a los 10 años hablando me dijo: “Vos luchá siempre, tenés que luchar, aunque estés solo, luchá…”

***

Emilia Vera emprendió el camino en el año 2007, con la ayuda de su vecina Norma, la lucha por el ADN para que el papa de Francisco lo reconociera. Esa lucha de tanta espera, dio positivo en el año 2011, así es cuando Francisco termina de armar su identidad conociendo a su padre.

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Emilia era una mujer decidida, pasando miles de batallas, logró lo que muchas mujeres pelean a diario pasando por tantas burocracias judiciales.

Fanática de Maná, la banda mexicana que sonó bastante en los 90, se la pasaba escuchando día y noche, “bendita la luz, bendita la luz de tu mirada, bendita la luz de tu mirada desde el alma, bendito el reloj que nos puso puntual ahí, bendita tu presencia”, le escribió en una carta a Francisco, la canción que le dedicaba, que decía que era para él.

***

“Amaba escribir, escribirme cartas y escribir cosas de ellas que aún conservo...”

Nos llevaba a la pileta a mí y a mis amigos en el verano, a todos. Se cagaba de risa o nos miraba en la vereda de la cuadra de casa mientras se tomaba una cervecita y nosotros jugábamos a la pelota.

Desaparecida, dicho de una persona: que se halla en paradero desconocido, sin que se sepa dónde vive y si vive.

“Es como que a mi mamá se la chupó la tierra…”

Hace 7 años que nadie sabe nada de Emilia Vera. La mujer de 31 años se fue de su casa a mediados de enero del año 2016 y nadie más la vio. Se realizaron rastrillajes en esta ciudad, en Neuquén y se la buscó por los ríos, pero sólo se logró dar con parte de sus pertenencias.

Francisco Aliaga Vera, ¿quién es?

Es la primera vez que se animó a hablar, antes no podía hacerlo porque era menor de edad. Participó en marchas en Cipolletti, en reclamo de la aparición con vida de su mamá, acompañado de tías y compañeros del colegio, su banda de amigos. Pudo construir parte de su identidad y tener un vinculo con su padre y familia de su padre, gracias a la lucha de Emilia.

Laburante eterno, labura desde lavar autos, verdulerías, en la cosecha, pollería, pibe de mirada noble, una risa con dientes que son parecidos a los de Emilia cuando miro sus fotos juntos.

Jugador de fútbol, entrena, corre, participó de carreras en Neuquén, quiere terminar de estudiar, cuando era más pibe lo ayudaba un profesor, le conseguía becas, lo estimulaba para que no dejara de hacerlo. La vida lo hizo laburar dejando el estudio. “Es eso o comer”, dice.

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Es un pibe sano, risueño, de voz suave, mirada fuerte y frágil, sigue viviendo en la casa que se crió con su mamá, junto a su compañera Danise, que lo miró y escuchó atentamente durante la charla entre mates en casa, junto a su otro compañero “El Firu”, su perro, que hace 6 años está junto a él y les banca todas, me confesó, mientras me posaron para la foto.

Francisco, tiene 22 años, Francisco quiere respuestas, optó por elegir creer que su mamá se fue y algún día va a volver aparecer. Mecanismo de defensa, llámalo como sea, pero tiene derecho de saber el paradero de su mamá, que pasó con Emilia. “Ya no tengo más 15 años, quiero la búsqueda de la verdad. Mi abuelo, que lo cuidé hasta sus últimos días, se fue sin saber nada de su hija. Ella además nunca me abandonaría…”

“¿Y cuándo vuelve el desaparecido? Cada vez que lo trae el pensamiento. ¿Cómo se le habla al desaparecido? Con la emoción apretando los dientes…"

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