Entre multas y raíces el problema de las veredas rotas que desató la polémica en Cipolletti
El anuncio de multas por veredas en mal estado generó una fuerte reacción de comerciantes y frentistas. ¿Qué opinan?
La decisión del Municipio de Cipolletti de avanzar con multas que pueden alcanzar los $7 millones para frentistas que no tengan sus veredas en condiciones desató una fuerte polémica en la ciudad. Mientras desde el Ejecutivo se plantea la necesidad de ordenar el espacio público y mejorar la seguridad peatonal, comerciantes y vecinos advierten que el problema es más complejo y que las formas elegidas para imponer las sanciones no son las adecuadas.
En una recorrida realizada por LM Cipolletti por el centro de la ciudad, distintos frentistas coincidieron en un punto clave: la necesidad de mejorar las veredas es indiscutible. Sin embargo, cuestionaron que la medida haya sido anunciada directamente con sanciones económicas sin una instancia previa de diálogo o planificación conjunta.
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“Venimos hace diez años con este pedido. Es una gran necesidad por cuestión de seguridad, hay mucha gente grande caminando y que sufre accidentes. Y otro motivo es por la imagen y prolijidad del centro”, señaló Guillermo, comerciante del rubro librería sobre calle Roca.
No obstante, marcó diferencias con la estrategia municipal: “No son las formas anunciar multas millonarias. El Municipio debe hacer otra comunicación con los comerciantes y frentistas. Estamos en una caída de consumo brutal, se necesita un plan más integral”.
El problema de fondo: árboles y veredas rotas
Uno de los puntos que más se repite entre los frentistas es la contradicción que genera el arbolado urbano. Por un lado, la normativa obliga a mantener y preservar los árboles en las veredas; por otro, muchas de las roturas en las aceras son provocadas por sus raíces. “El gran problema es ese. Estamos obligados a tener el árbol en el frente, pero no podemos retirarlo salvo con un permiso especial. Y la mayoría de las veredas rotas o levantadas son por eso”, explicó Guillermo.
Desde hace años, los árboles que están permitidos para colocar en la vereda tienen raíces que no provocan roturas de vereda. Sin embargo, los ejemplares más antiguos son de especies que sí suelen causar problemas.
La situación abre un dilema que se repite también en los barrios: retirar árboles añosos implicaría un perjuicio ambiental y paisajístico, pero mantenerlos sin intervención adecuada impacta directamente en la infraestructura peatonal.
Julio, kiosquero de la zona céntrica, lo resumió con crudeza: “Es una locura que nos hagan pagar 7 millones por una rotura que genera el árbol. No soy partidario de talarlos, porque llevan años y dan sombra a toda la cuadra. Habría que buscar la forma de arreglar sin quitarlos, porque sacarlos sería una picardía”.
En la misma línea, una comerciante del rubro textil femenino relató situaciones cotidianas: “Veo continuamente cómo la gente se cae. En este caso es un árbol que rompió parte de la vereda y el cordón cuneta. La gente viene y reclama acá, pero no tenemos idea quién es el responsable”.
¿Qué dice la ordenanza y por qué genera confusión?
Detrás de la polémica también aparece el desconocimiento generalizado sobre lo que establece la ordenanza municipal respecto a las veredas. La normativa se encuadra en la Ordenanza de Fondo Nº 210/2013 y en la sección V es clara en un punto: los frentistas están obligados a construir y mantener las aceras en perfecto estado de conservación y limpieza.
Además, se detallan aspectos técnicos que muchos desconocen: las veredas deben estar completamente embaldosadas (excepto el espacio para árboles), contar con juntas de dilatación, respetar pendientes específicas y garantizar accesibilidad mediante rampas o vados.
Incluso se regulan los materiales, los anchos mínimos y hasta la disposición del arbolado, que debe ubicarse en espacios determinados y con distancias establecidas entre ejemplares.
Sin embargo, hay puntos que complejizan la interpretación. Por ejemplo, la ordenanza indica que si la vereda es destruida por trabajos municipales o de empresas de servicios, la reparación debe ser asumida por quien realizó la obra. Pero en el caso de daños provocados por raíces de árboles, el propietario debe gestionar el permiso y hacerse cargo de la reparación. Este aspecto es, justamente, uno de los más cuestionados por los frentistas.
Multas, obras y costos: el rol del Municipio
Otro punto poco difundido es que la ordenanza no solo contempla sanciones económicas. También habilita al Municipio a intervenir directamente en los casos de incumplimiento.
El procedimiento establece que, tras una notificación y el vencimiento del plazo otorgado al frentista, la Municipalidad puede ejecutar la obra por su cuenta. Luego, el costo (más un 30% adicional por gastos administrativos) se incorpora a la liquidación de tasas. Es decir, la responsabilidad final recae igualmente sobre el vecino.
Entre la necesidad y la falta de consenso
A pesar de las críticas, los comerciantes no niegan el problema. Por el contrario, coinciden en que las veredas deterioradas representan un riesgo real para peatones y afectan la imagen de la ciudad. “Estoy de acuerdo en que hay que arreglarlas, pero falta articulación”, insistió Guillermo.
En ese sentido, varios frentistas plantean la necesidad de un plan integral que contemple financiamiento, plazos razonables y criterios claros sobre responsabilidades, especialmente en los casos vinculados al arbolado urbano.
Mientras tanto, la polémica sigue creciendo. Entre multas millonarias, veredas levantadas y árboles que resisten el paso del tiempo, Cipolletti enfrenta un debate que excede lo económico y pone en juego el equilibrio entre desarrollo urbano, responsabilidad ciudadana y cuidado ambiental.
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