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En nombre del padre: Andrés siguió el legado de Rodolfo Viale y evitó que se muera el oficio de zapatero en Cipolletti

El comercio familiar se inició en 1980 y continúa vigente en calle Sáenz Peña. Soledad, de limpieza a mano derecha. “La gente no quiere perder su calzado por la crisis y lo sentimental”, dicen.

Un popular dicho reza “zapatero a tus zapatos”, es decir cada cuál en lo suyo. Y si bien hasta los 30 trabajó en otro rubro, Andrés Viale estaba predestinado a continuar el legado de su papá Rodolfo Ricardo Viale y de su abuelo.

Fue en una emotiva charla con su viejo, pionero en el rubro, cuando comprendió que su tiempo había llegado. Advirtió que si pretendía conservar la tradición familiar, evitar la muerte del negocio que tantas satisfacciones les había dado, tenía que involucrarse de lleno como hizo.

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“Un día vine a tomar mate al negocio con mi viejo y me contó que iba a cerrar y se iba a dedicar a vender materiales, como distribuidor. Le dije bueno, te compro todo para seguir el oficio. Yo tenía 30 años, renuncié a mi trabajo en Siembra AFJP y todavía estoy por acá. Vi todo lo que hizo mi viejo con la zapatería y fue un aliciente para mí. Siempre lo admiré, también era mecánico, un genio”, resume el comerciante cómo se volcó al emprendimiento que va de generación en generación.

Pequeños retoques como el nombre del local, que pasó a llamarse Scarparo, un par de innovaciones y manos a la obra. Fue en 2005 y aún hoy se sostiene mientras las noticias indican que incluso los colosos del centro bajan sus persianas o están de rodillas por la asfixiante situación económica.

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Hijo e' tigre. Andrés junto al padre de la criatura, el pionero en la restauración de calzados.

Hijo e' tigre. Andrés junto al padre de la criatura, el pionero en la restauración de calzados.

Puede charlar con LM Cipolletti un buen y agradable rato porque le cubre las espaldas “La Sole”, la incondicional empleada que ingresó a realizar tareas de limpieza, supo aprovechar las oportunidades y hoy es una suerte de mano derecha del dueño, además de persona de absoluta confianza.

“Gracias a Dios me fue bien, no me puedo quejar. Con el tiempo a la reparación de calzado le anexé talabartería, trabajo con artículos cuero, cintos, billeteras, pedidos y regalería. También bombachas, todo lo del campo”, explica sobre las distintas variedades que se encuentran en el negocio de Sáenz Peña 379. “Gracias a Dios me fue bien, no me puedo quejar. Con el tiempo a la reparación de calzado le anexé talabartería, trabajo con artículos cuero, cintos, billeteras, pedidos y regalería. También bombachas, todo lo del campo”, explica sobre las distintas variedades que se encuentran en el negocio de Sáenz Peña 379.

Oferta que resulta mucho más amplia aún. “Vendo botas salteñas, alpargatas. También hago realces para gente que tiene problemas en el pie, o uno más corto que otro. Reparo valijas, realizó tapizados y alfombras de motos, afilo cuchillos, tijeras”, enumera las múltiples funciones y con el martillo acomoda el taco de un zapato.

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Posa para las fotos de “Stefy” Petrella y por la puerta justo pasa Toti Spagnuolo, histórico reportero gráfico del diario. “Uf, qué personaje, yo andaba jugando con los autitos en el otro local, de Saénz Peña 390 y él ya estaba estaba sacando fotos”, ameniza la charla con la simpática anécdota.

Quien nació en La Plata por circunstancias de la vida, repasa luego la historia familiar: “Mi viejo vino de provincia de Buenos Aires, estuvo viviendo en Roca, conoció a mi mamá en Plaza Huincul y se asentaron en Neuquén. Se puso el taller en Cipolletti y en una época vivieron en Cinco Saltos en casa de mi abuelo. Somos 3 hermanos (los otros se llaman Gustavo Ricardo que es visitador médico y Natalia, productora de seguros). Mi mamá lamentablemente falleció, una grosa Julia Esther Pichaud”.

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“Desde que ella no está, papá ya casi no viene. Fue quedándose cada vez más en su casa cada vez”, comenta y la emoción gana la escena.

El viejo es sagrado para él, que a la vez es padre de cinco varones: Franco (28), Lautaro (23), Facundo (22), Nicolás (15) y Juan Ignacio de 15.

“Conservo un montón de clientes que eran de mi papá, hoy estoy incluso atendiendo a nietos, hijos. De los clientes históricos, también es cierto, muchos han fallecido. Mi padre además era radioaficionado, mucha gente venía al taller y lo encontraba hablando por radio, él se hacía tiempo para todo. Mucha gente me pregunta por Rodolfo”, señala con una risa cómplice, que denota respeto y admiración.

Un oficio que en tiempo de crisis renace

“La gente viene, no se quiere deshacer del calzado por la crisis y por un sentimiento por sus cosas. ‘Con este par me casé’, ‘este lo use para el bautismo de mi nieto’ y cosas así cuentan. Hay también personas que reparan por necesidad, aparte no por una pavada vas a tirar un calzado que sale 250 o 300 mil pesos”, explica Andrés y despacha a un vecino que viene a retirar sus mocasines (“quedaron como nuevos”, lo felicita).

A propósito, reconoce que la calidad del calzado de antes era superior. “Eran todos de cuero, de suela de goma, no existía el plástico, todo de primera calidad. Lamentablemente ha cambiado un 100 %, mismo la pelota de fútbol, los botines, todo”, reflexiona y convida un amargo.

Entre las situaciones gratificantes de su oficio, además de la lealtad del público, señala que tuvo el honor de dictar “un curso de reparación de calzado en la Municipalidad, me llenó de orgullo, incentivar a los jóvenes para que esto no se muera fue muy lindo”.

Quien es capaz de “arreglar una silla de ruedas a una vecina de acá a la vuelta” o de “hacerle un sillón a otro cliente”, se tienta al recordar como una de las cosas insólitas que le pasaron en estos años que le llevaran “a reparar una olla Essen, por ahí decís nada que ver, pero lo loco es que pude y quedó impecable”.

Párrafo final en reconocimiento a “la clientela, siempre nos felicitan por todos los trabajos que hacemos, le ponemos mucha dedicación. Lamentablemente hace 3 ó 4 años viene cayendo el laburo a nivel general, con los distintos gobiernos, pero tenemos trabajo y seguimos adelante”. En el nombre del padre...

“Lo mío fue atípico, agradecida eternamente a Andrés”

Por Soledad Fuentes

“Estoy hace 16 años en Scarparo Cipolletti y lo mío fue re atípico porque empecé trabajando de limpieza en el negocio y un día que estaban tapadísimos de trabajo y necesitaban alguien para lustrar me ofrecí y ahí mismo me puse a lustrar.

Al principio venía 3 veces a la semana, yo trabajaba en otro comercio y un día Andrés me propuso trabajar los 5 días y acepté.

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La Sole supo ganarse su lugar a base de esfuerzo y hoy es baluarte del negocio de la calle Sáenz Peña.

La Sole supo ganarse su lugar a base de esfuerzo y hoy es baluarte del negocio de la calle Sáenz Peña.

De a poquito empecé con la atención al público, no sabía nada de zapatería... Sumamente agradecida, acá adentro aprendí muchísimo y ya a esta altura si no me ven preguntan por mí los clientes. Aprendía cocer, a pulir, a emparchar.

Si Andrés no me hubiera dado la oportunidad cuando me vio barriendo la vereda de enfrente y lo que hizo después, no hubiera aprendido, no sé donde estaría hoy. Y me encanta lo que logré con su respaldo”.

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