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El perro de raza que se quedó solo y en la calle por amor

Su dueño se mudó pero él no se quiso ir nunca de un barrio de Oro que lo ama. Moro vive en un terreno pegado a la casa de su novia de toda la vida. Los vecinos cuidan y adoran a la "mascota de todos". Una increíble y tierna historia.

Algunos dirán, con ironía y doble sentido, que lleva una vida de perro... Que vive solo y abandonado por su dueño, que está expuesto a las temperaturas extremas y a otras cosas desagradables.

Pero lo que todos deberían saben es por qué Moro, el “perro del barrio” en una zona de chacras y tranquila de Fernández Oro, es feliz así.

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Que él eligió a su vez ese estilo de vida, que los vecinos lo cuidan y adoran y, fundamentalmente, que se convirtió en callejero por amor. ¿Cómo?

Sí, lo explica una habitante de la zona donde este bello animal es todo un símbolo, la dueña de la perra que conquistó a Moro en la acaso historia más increíble y tierna que vas a leer este fin de semana.

“Fue el primer perro del barrio. Mi vecino, su dueño, se fue y él se quedó por ella, por Ely, mi perra. Todas las mañanas la viene a buscar y se la lleva a pasear por el barrio. Ella, cuando lo ve, se me acerca como para pedirme permiso y se van contentos”, sorprende con su maravilloso relato la mujer que reside hace tiempo en ese sector de la vecina ciudad y quiere como si fuera propio al perro de porte cordillerano y bonito pelaje negro.

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“Intentamos de mil formas que entre a casa pero no hay caso. Los días de tormenta y de lluvia sí lo hace. Está alimentado y bien cuidado por los vecinos, que quede claro, pero a él le gusta vivir así además de ser muy respetuoso. A lo sumo se refugia debajo del bote que hay en el lote contiguo. Pero creo que no podría vivir en otro lado”, amplía con una sonrisa mientras el bonachón de Moro reposa con su calma habitual en el terreno de la esquina.

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El romance más puro de todos lleva más de una década y prometen seguirla hasta el último de sus días. “Hace como 12 años que están juntos. Tuvieron una perrita, Lula, que lamentablemente falleció”, comenta la señora en el pasaje más triste.

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Buenazo pero guardián, este Ovejero Belga protege a todo el vecindario ante presencias extrañas y tiene debilidad especial por los nenes.

“Cuida a los chicos del barrio, salen a caminar solos y el va atrás de ellos. Antes hasta los seguía cuando iban en bici pero ya está grande, debe tener 14 años", explica al tiempo que el muchacho de enfrente le acerca agua y comida. Así lo asisten en forma permanente: "ahora tenemos que volver a llevarlo a que le corten el pelo", advierte.

Un atrevido caniche de la cuadra le hace el insoportable con sus ladridos y Moro un poco reniega pero, en el fondo, ambos son incapaces de hacerse daño. La mascota de todos jamás se aprovecharía de su superioridad física ante el apodado "peluche" al que ignora.

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"Es grande pero inofensivo. Una vez lo agarró un dogo, pobre, y lo lastimó, menos mal que zafó porque lo queremos tanto y porque se había venido abajo su novia también”, recuerda la mujer aquel sobresalto.

Súper ubicado, ni siquiera la vez que nevó se atrevió a ingresar a las casas del sector donde es muy popular, más allá de que muchos trataron de brindarle refugio. Prefirió jugar y revolcarse en la nieve. Y dormir en la esquina de siempre.

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Moro, el perro de raza que se convirtió en callejero por amor y, como dice la canción, "por derecho propio". A él no lo ama únicamente Ely sino todo un barrio...

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