Alejandra se quedó sin poemas para leer y empezó a escribir los propios
Alejandra tiene 58 años, vive en el barrio Godoy y participa de los talleres de Arrimate al Fogón. Reunió más de 70 textos y sueña con publicar un libro.
Alejandra tiene 58 años y vive en el barrio Godoy de Cipolletti junto a su mamá. Desde hace algunos años participa de las actividades de Punto de Encuentro, donde funciona Arrimate al Fogón, un espacio que combina talleres y actividades culturales, los días jueves y que también tiene su lugar en la Radio Mural de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia.
Llegó allí por recomendación de su médica, Alicia Hermida, quien le indicó que incorporara nuevas actividades a su rutina. Lo que encontró fue, además, un lugar de encuentro, una biblioteca y, con el tiempo, una nueva relación con la lectura y la escritura.
Te puede interesar...
Cuando llegó, Alejandra todavía no escribía de manera habitual. Su primer vínculo con la poesía fue a través de la lectura y del recitado en el taller y luego en la radio. Participaba de los talleres y leía poemas de otros autores, especialmente aquellos relacionados con el amor.
Entre los escritores que fue descubriendo aparece Pablo Neruda, uno de sus preferidos, y también Ruth Osses, autora de Río Negro vinculada a la historia de Radio Mural. A medida que se acercó a la biblioteca del espacio, de la que también se hizo socia, comenzó a leer a distintos autores y a ampliar sus referencias.
Sin embargo, la escritura no era completamente nueva para ella. Cuando tenía alrededor de 15 años ya había tenido un cuaderno en el que escribía poemas de amor y de amistad. El cuaderno quedó en manos de una amiga y nunca volvió a recuperarlo. Muchos años después, aquella experiencia regresaría de una manera que Alejandra no había previsto.
Uno de sus primeros poemas que recuerda haber escrito fue en 2016. Era un texto de amor que comenzaba con “Te amo desde el primer día que te vi”. En ese momento fueron pruebas, intentos que quedaron aislados. La escritura comenzó a ocupar un lugar más importante en su vida recién a partir de 2023, cuando empezó a producir poemas con mayor continuidad.
La historia tiene una particularidad: según cuenta Alejandra, fue su mamá quien terminó de darle el empujón. Como ella participaba recitando poemas en la radio, su mamá le dijo que algún día, cuando se quedara sin poemas para leer al aire, podía empezar a escribir los suyos.
“Mi mamá decía que me había quedado sin poemas para decir al aire y empecé a escribir”, recuerda.
Desde entonces, la cantidad de textos no dejó de crecer. Alejandra ya tiene más de 70 poemas. Algunos fueron escritos durante los talleres y otros surgieron en distintos momentos de su vida cotidiana. Los escribe a mano porque no tiene computadora. Una compañera de Punto de Encuentro la ayuda a pasarlos a una computadora, pero el origen de cada texto sigue siendo una hoja escrita por ella.
La naturaleza ocupa un lugar importante en su producción. El Parque Rosauer es uno de los lugares que la inspiran y también encuentra ideas en las canciones y durante la noche, cuando, según cuenta, suele sentirse más predispuesta a escribir. En uno de sus poemas observa los árboles durante el otoño y los transforma en una imagen vinculada al amor: “Los árboles están desnudos, se dan a caer su ropa”, dice uno de sus versos.
Sus temas son variados, aunque el amor aparece con frecuencia. También escribe sobre la amistad, las personas y la naturaleza. Son textos que nacen de aquello que observa, de lo que recuerda y de las emociones que quiere poner en palabras.
La posibilidad de reunirlos en un libro surgió con el acompañamiento de quienes participan de los talleres. Cecilia y Adrián, cuenta Alejandra, comenzaron a animarla para que pensara en esa posibilidad. Ahora el proyecto está en marcha, aunque todavía falta dar un paso importante: encontrar una editorial que quiera publicar su trabajo. La idea la entusiasma, pero también le genera cierto temor. Nunca presentó un libro y reconoce que todo lo que todavía no conoce le da un poco de miedo. Sin embargo, cuando habla de escribir, no duda. Le gusta hacerlo y quiere continuar.
También tiene un sueño que hasta hace poco parecía lejano: que sus poemas sean leídos por otras personas y, algún día, poder vivir de la escritura.
En tiempos en los que buena parte de los textos pueden producirse con herramientas digitales y sistemas de inteligencia artificial, Alejandra escribe de otra manera. Lo hace a mano, con su propia letra, en hojas que después alguien ayuda a digitalizar. Cada poema comienza ahí, en el papel.
El próximo desafío es convertir ese conjunto de hojas en un libro. Alejandra todavía no sabe qué editorial podrá acompañarla ni cómo será el día en que tenga su primer ejemplar, de hecho le da risa de solo pensarlo. Pero ya tiene lo más difícil: una voz propia, una cantidad de poemas que no deja de crecer y las ganas de que alguien, en algún lugar, los lea.
Por ahora sigue escribiendo. Y leyendo. Como empezó en Arrimate al Fogón, donde primero encontró los poemas de otros y, casi sin darse cuenta, terminó encontrando los propios.
Leé más
¿Dónde está la primavera? Qué dice el pronóstico para los próximos días en Cipolletti
Llegan las "Olimpíadas para Personas Mayores": cuándo serán y qué disciplinas incluirán
Valeria Lima cruza el Río de la Plata para llegar a Cipolletti con: "De fiesta y arrabal"
Noticias relacionadas
Lo más leído
















