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A los 83 años sale a caballo a ganarse el pan de cada día

Martín recorre más de 15km en busca de alimentos para los cerdos que cría. La desgracia familiar por la que quedó solo, el recuerdo de cuando conseguía agua para el Santa Elena y la discusión con los proteccionistas.

El tránsito en las primeras horas de la tarde continúa movido sobre Naciones Unidas, cerca del Hospital. Pasan ambulancias, taxis, colectivos, motos, bicis, aunque ningún medio de transporte llama tanto la atención como el carro de Martín, que el veterano vecino conduce con la complicidad de su fiel caballo Baltazar.

Ya a esa hora el anciano de 83 años anda de regreso rumbo al barrio Santa Elena, contento con la ración de alimento que pudo conseguir para, una vez pulida y procesada, alimentar a sus cerdos en la chacra.

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Con la tranquilidad del deber cumplido, se detiene a un costado del camino y le cuenta su brevemente historia a LM Cipolletti.

No son pocas las veces que levanta su mano para responder algún saludo, en un indicio de su presunta popularidad.

“Mucha gente me ayuda, ven que uno es alguien de laburo. Con lluvia también salía. Me dan facturas, pan para los perros, papas para los animales”, comenta quien luce boina negra y campera inflable rosa.

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Su vida estuvo ligada a los animales, los pingos y las tareas rurales. “Yo me crié en el campo. En Mencué, a unos 300 kilómetros de acá nací, pero hace 50 años me vine. Trabajé también en el trigo, en Santa Rosa de donde era mi papá, hombreaba bolsas, también en Córdoba. Nunca fue fácil pero acá estoy”, agrega mientras acaricia al equino.

“Haremos 15 kilómetros diarios. Recorro feria de los bolivianos, verdulerías. Voy guardando en un tambor grande lo que recojo. Hoy por ejemplo llevo lechuga, mandarina, naranjas, cebollas, limones”, indica e invitar a hacer un control de calidad a su carro, donde se aprecian bolsas verdes con la mercadería descripta por el protagonista de esta historia.

El rédito es a largo plazo. Pero el trabajo cotidiano es quizá lo que mantiene activo, sano y fuerte. “Para navidad vendo, ahora nada, las chanchas están preñadas. El veterinario Jorge Rodríguez es el que me lleva todos los controles. De salud estoy bien, no tomo alcohol, no fumo, nada de gaseosas”, explica y bebe un sorbo de una botellita de agua.

Admite que la pandemia lo condicionó y puso en jaque su trabajo. “Me hizo volver a casa la policía, porque si no me quitaban todo. Decí que tenía maíz en la chacra y con eso tiré. Pero un día me vine y le expliqué a la policía que si no me permitían salir iba a perder los animales, que son mi medio de vida”.

Su ayuda al barrio y la tragedia

“Antes criaba ovejas, gallinas, pavos. Ahora no se puede más porque llegó mucha gente a vivir. Pero fue mejorando la zona. Al principio no teníamos agua. Veníamos con otro a caballo a buscar a la escuela de Ferri”, evocó aquellos tiempos de mayor precariedad.

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Hace unos 15 años perdió a Filomena, su compañera de toda la vida a la que “se la extraña mucho”. Encima, también partió abrupta y trágicamente el único hijo que tuvo con ella. “Cuando yo estaba internado en el Hospital, él vivía en Barda del Medio, de donde era su señora, y falleció viniendo a verme... Me dejó dos nietos, uno de 14 y otro de 10 que suelen venir a visitarme”, señala con emoción.

De la Muni a la discusión con los proteccionistas

Consultado si cuenta con la autorización municipal para circular, reconoce: “No me hacen problemas, me conocen. Me dijeron ‘tenés que andar como andan los vehículos, el semáforo tenés que respetarlo’. Así que cuando se pone verde y veo que no voy a llegar me ubico en una parte que no molesto y vuelvo a salir una vez que todos se marcharon para ponerme bien adelante, justo en la raya, con el rojo así una vez que da el verde arranco”.

En tiempos en que muchos sectores de la comunidad cuestionan el uso de animales para llevar cargas, en especial los Proteccionistas, Martín da su versión: “He discutido con muchos por ese tema, el peso lo lleva la rueda. Está justo calculado, por eso se lo ve tan intacto al caballito, al que cuido como a nadie. Baltazar es mi gran compañía”, culmina. Se enciende el verde y ambos retoman su propio y largo camino…

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