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Reparten tortas fritas, café y mate a caballo en medio del drama: "Hay que ayudar"

Tan nobles como Regalito, el pingo que siempre colabora en las inundaciones, Sebastián y Dylan tuvieron una saludable iniciativa.

Las calles angostas y “vivoreantes” del Costa Norte están de “bote a bote”. En varios tramos, el humilde barrio se torna intransitable. Hay sectores en los que directamente no se puede acceder ni avanzar de a pie. Solo se animan vehículos de gran porte como los de Protección Civil.

También un caballo, Regalito, en el que se trasladan dos vecinos solidarios como Dylan y Sebastián viendo qué hace falta. Son quienes por las noches heladas, reparten torta frita, mate y café calentito para quienes lo necesitan en medio del incesante trabajo para evitar que el agua de la crecida penetre en los hogares.

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“La idea salió de la nada, como andaba la gente trabajando y hacía frío, salimos a repartir tortas fritas y café para la gente que estaba ahí. Había que dar una ayuda”, comenta Dylan, un muchacho de 23 años que vivió siempre en la zona.

“Los trabajadores quedaron contentos y esta noche seguro que haremos lo mismo. También ahora vamos a salir a dar una recorrida. Hace falta un poco de todo, el que quiera colaborar que avise nomás y nosotros vamos hasta el puente a caballo”, agrega, ahora él apelando a la generosidad ajena.

Todos lo conocen en el barrio. Se crió allí, a la orilla del río. “Siempre con mi abuelita y mi abuelo que lamentablemente falleció hace un año. Y tengo a mi hermanito conmigo también”, señala en una pausa entre el cansador hombre de bolsas de arpilleras para colocar a modo de barrera en el frente de la vivienda.

“En auto no se puede salir porque además de arruinarlos mandás el agua adentro de las casas. Así que el caballo es ideal para esta circunstancia”, explica Dylan y lamenta el panorama que no tiende a mejorar…

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Dylan, esta mañana, entrando a la casa de Sebastián.

Dylan, esta mañana, entrando a la casa de Sebastián.

Ayudante de alabañil, cuando no hay trabajo asegura que se las rebusca con las changas y como “también me gusta hacer pan, me salen ricas las torta fritas. La mujer de Sebastián, mi compinche y pariente, fue la que esta vez las hizo. Estaban riquísimas”.

Por las noches, los trotes en el pingo sirven también para reforzar la seguridad, si bien “todos los vecinos estamos unidos y atentos”.

Sebastián, otro pingazo

Es el dueño del caballo. El también repasa la saludable iniciativa: “Estaba todo inundado, vimos que la gente se estaba mojando y le comenté a mi señora: ¿qué te parece si hacemos unas tortas fritas y salimos a repartir’. Ella me preguntó pero en qué vas a ir. Y le respondí: “no te olvides que está Regalito en el fondo”.

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Seba, Regalito y Dylan, tres genios.

Seba, Regalito y Dylan, tres genios.

“Así fue como se puso a amasar y lo fui a buscar a mi primo Dylan, que se copó y le sumó café, termo con agua para el mate y nos fuimos a repartir”, amplía a punto de subirse una vez más al incondicional animal para inspeccionar esas cuadras.

“Regalito es un caballo muy noble”, resume. El nombre del zaino colorado se ajusta a la perfección a esta historia. Un caballo tan noble como Dylan y Seba, que ofrecen de corazón y sin que le sobre nada ayuda a la gente. Dos caballeros. ¡Buenos vecinos!

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