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Cinco años sin el Chipi, cinco anécdotas inéditas del loco más lindo del pago

Se cumple el aniversario de la muerte de un personaje muy querido en la ciudad y repasamos situaciones que protagonizó. ¿Vos tenés alguna para compartir?

Aquel 8 de julio de 2018 Cipolletti vivió una jornada muy triste. La ciudad lloró la partida de uno de los personajes más pintorescos, populares y queridos. De ese loco lindo y hermoso que fue Samuel Facundo Quiroga, más conocido como El Chipi. Una tragedia en la Ruta 151, donde un auto atropelló a este caminante incansable, apagó la vida del entrañable vecino aunque su recuerdo permanece inalterable. “Chipi se fue al cielo a pedirle un pucho a San Pedro”, título LM Cipolletti a la jornada siguiente del doloroso adiós.

Pues bien, a cinco años de su abrupta partida, repasamos cinco anécdotas imperdibles y desconocidas por muchos de este gigante en todo sentido.

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1) Gustavo Pato Lozano hoy reside en Tandil pero se crió junto al Chipi. Vivían enfrente de chicos. Y comenta que los niños de la cuadra por las tardes “salíamos a andar en bicicleta por la calle 3 de octubre, que tenía salida para un costado y en la esquina hacia un redondel -rotondita- donde se armaban las carreras de bicicletas. Como el Chipi no tenía bici, nos corría a la par con su tranco largo e iba haciendo el particular sonido de la moto con la boca. Era para matarse de risa. Después nos íbamos al “rompehuevo” que le llamábamos, el circuito de motocross detrás de las vías y el vago se tiraba desde las vías corriendo por los senderos y saltaba como si fuera una moto jeje. También se hacían carreras de autos en la placita, interminables tardes. Se me pone la piel de gallina”.

Cipolletti-Murales de ''El Chipi'' (3).JPG

2) A Héctor Rodolfo Molina todos lo conocen por su apodo de Tito. Vecino de toda la vida del Chipi, el histórico mecánico fue una de las personas de confianza del emblema cipoleño, acaso el que mejor lo cuidó y más sabe de él. Y, como no podía ser de otra manera, aporta una historia increíble para esta nota: “Sucedió en una confitería en la Roca y Belgrano, en pleno centro, donde ahora hay una casa de fiambres si no me equivoco. Me la contó el mozo días después. Resulta que el Chipi entraba y pedía un pucho. Ese día estaba lleno el salón. Había un muchacho que tomaba café junto a su novia y tenía un atado de cigarro a la vista... El Chipi lo mangueó de una, pero el tipo se lo negó de mala manera aparentemente. Resulta que de la mesa de atrás otro señor lo llama y le dice, ‘Chipi vení conmigo que hay muchos ‘soretes’ acá, yo te doy’. Parece que se armó un despelote bárbaro, insultos, tumulto y el Chipi agarró el atado y se fue como si nada en medio del caos -risas-”.

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3) Cuentan que una tarde el Chipi se cruzó a un empresario de la zona en una estación de servicio y, fiel a su estilo, le pidió dinero para el faso. Cuando el vecino revisó su billetera mientras esperaba que llenen el tanque de su camioneta , se percató de que debía pasar por el cajero porque solo tenía plásticos de las tarjetas en su bolsillo. Entonces le explicó la situación y le pidió paciencia: “En un ratito te doy”. La sorprendente reacción del Chipi, además de ingeniosa, refleja sus sentimientos puros y enorme corazón: “No me digas, un tipo importante como vos no puede andar seco, tomá”, le dijo e introdujo un billete de 10 pesos en el bolsillo delantero de su elegante saco. ¡Crack total!

Cipolletti-Murales de ''El Chipi'' (5).JPG

4) Solidario y generoso, parece que era una costumbre esa de intentar ayudar a todo aquel que no disponía del dinero cuando él pedía. Puede dar fe otra vecina que tenía un jardín de infantes en la cuadra donde se crió Samuel. “Un día se cruza a casa y mi mamá estaba apurada por salir. Se iba sin billetera, sin nada y el Chipi le pide dos pesitos para el pucho. Mi mamá le dijo que no tenía encima, que fuera a la tarde, pero más que nada por el apuro… Y a las 14, le golpea la puerta y le dice, ‘tome señorita (le decía así por el Jardín) como va a estar sin plata que usted necesita para darle de comer a los pibes. Tome y cuando tenga me la devuelve”, nos confió la ocurrente salida del Chipi el propio hijo de la mujer.

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5) Tito, su gran compinche, tiene un par más para contar. “El vago volvía a mi taller todos los días con zapatillas nuevas, algunas de marcas, que le regalaba la gente. Lo gastábamos, le decíamos que ni nosotros laburando 12 horas podíamos comprarnos esas y se ponía colorado pero estaba orgulloso de las atenciones de la gente. Y después era muy responsable, yo le compraba y le daba las pastillas cada día y él por las dudas me lo recordada: ‘Tito, fuiste a buscar las pastillas, dame las pastillas’. Así cada día jaja. En el Hospital lo conocían todos como Samuel, lo adoraban, y él decía que era amigo de la doctora Armida si mal no recuerdo”.

Es para hacer un libro. Debe haber mil anécdotas suyas. Por lo pronto evocamos su enorme figura (en todo sentido) con este humilde recuerdo. ¡Gracias por tanto, Chipi querido! Jamás te olvidaremos. Cinco años sin un “cinco estrellas”.

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