Vecinos buscan rescatar a una abuela abandonada

Vive en la miseria con su perro. Murgueros se solidarizaron con ella.

Doña Rosa Canullan, de más de 80 años, camina con un palo de escoba para no tropezar. Tiene un andador, pero no lo puede usar porque el piso de su casa está roto y teme caerse. La acompaña un perrito y se alimenta de lo que le acercan algunos vecinos. Como no tiene una heladera, utiliza un balde para refrescar una botella de agua o gaseosa. Tampoco tiene cocina y se las arregla con un anafe precario, mientras apila alimentos y enseres derruidos por el tiempo y el polvo sobre una mesada que hace las veces de alacena.

Vive en la calle Ecuador 1296. El techo parece venirse abajo en cualquier momento, totalmente ennegrecido por la estufa a leña que utiliza para calefaccionarse; y de allí cuelga una maraña de cables pelados que son un peligro. Hace poco, dos hombres que la fueron a ver para hacerle unos arreglos se llevaron la radio y el televisor con los que la abuela se entretenía. A partir de entonces sus días son más largos, y por las noches se recuesta en una cama toda desvencijada.

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Por fortuna, hay cipoleños solidarios que mueven cielo y tierra para morigerar su abandono y mejorar sus condiciones de vida. Uno de ellos es Pablo Cava, coordinador de los Murgueritos de Cipolletti, que se dan cita en Arenales y Belgrano. A pedido de otro vecino, fue a conocer a doña Rosa y al ingresar a su casa, no pudo creer que estuviese viviendo en esas condiciones.

“Yo pensé que era algo sencillo de resolver, pero su estado es lamentable. Por cómo vive, hace mucho tiempo que no la ve nadie”, relató Pablo a LM Cipolletti.

Le pidió permiso para entrar y sacarle fotos a su casa. Entonces la abuela le pidió que le pagara la boleta de luz con un dinero que guardaba; aunque tuviese la instalación más precaria en su casa y pagara la boleta por adelantado.

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Lo primero es arreglar el cielorraso, la carpeta del piso y el tendido eléctrico. “Vamos a ver cómo mejoramos su casa, no nos puede llevar más de tres días hacerlo. Necesitamos 20 litros de pintura blanca, un metro de arena para hacer la carpeta, dos bolsas de cemento, cinco placas de durlock, un paquete de perfilería, diez metros de cable canal y cuatro tomacorrientes. Es lo básico para blanquearle la casa enseguida”, detalló el murguero solidario.

Cuando hayan podido reacondicionar su vivienda, solicitarán también a la comunidad si pueden donar una mesa y sillas, una cama de una plaza, un colchón, sábanas y frazadas, cubiertos, ropa y otros elementos para equipar mejor a la abuela, antes de que llegue el invierno.

Se moviliza con un andador, pero el piso está tan roto que no lo puede usar. El techo de la casa se está por caer.

Ya le consiguieron una cocina y se la van a acomodar con dos garrafas, pero no tiene heladera. También le van a llevar un calorama eléctrico. “Vamos a hacer todo lo posible para ayudarla. Empezamos y no vamos a parar, como sea vamos a mejorar su vivienda”, sostuvo Pablo.

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La abuela dice que está sola, que no tiene familia, y al murguero solidario le cuesta creer que la tenga: “Yo creo que si tuviera un hijo, un hermano, un pariente, así no estaría”.

Sin embargo, según comentaron algunos vecinos, doña Rosa no siempre estuvo tan sola en este mundo. El abandono que padece también habla de un conflicto familiar del que poco se conoce.

Personal de Desarrollo Humano y del CITE tienen conocimiento del caso y aseguran colaborar con la abuela acercándole alimentos y leña. Sin embargo, desde el Ejecutivo municipal se indicó que las asistentes sociales tienen dificultades serias para acceder a la abuela porque rechaza la ayuda.

--> Dicen que no se deja ayudar

“Desde el CPC del Don Bosco hace años que se la asiste. Las asistentes sociales le llevaron una frazada, pero se las tiró por la cabeza porque dijo que no la necesitaba. En otra oportunidad, la señora les acercó la tarjeta social, fueron las chicas, le hicieron la lista, le llevaron los alimentos y tampoco los quiso. Este año, en una entrevista domiciliaria, no pudimos mantener una comunicación con la señora ni entrar al domicilio. Acordamos que le llevábamos un módulo alimenticio, pero tampoco nos dejó entrar a la casa para acercárselo. Desde el CITE se le lleva la vianda almuerzo, de lunes a viernes. En las dos visitas que hicimos este año, pudimos ver que tiene dos bolsas de leña cortada del Plan Calor, del año pasado”, aseguraron desde Desarrollo Humano.

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