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"Vana", el fletero que da trabajo y mueve la rueda de la solidaridad 

Marco Vanacloy se las ingenió para crear un sistema solidario en el cual arroja un 'salvavidas' diferente: ayuda a que las familias con más carencias puedan recibir una compensación trabajando, haciendo mudanzas.

Las historias son miles. Y todas conmueven. Porque hablan de vidas, de miseria, de necesidad, de urgencias, pero también de trabajo, de peso a peso que cada uno logra ganarse a pulmón, con orgullo y dignidad.

“Nunca me voy a olvidar la cara de un viejito que me ayudó a hacer una mudanza. Todo lo que cobramos ese día lo compramos en mercadería. Cuando llegó a su casa y puso una caja con las cosas arriba de la mesa, le dijo a su mujer ‘esto me lo gané trabajando’. A los dos se les caían las lágrimas”.

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La cara de Marco Vanacloy se desdibuja y la sonrisa le llena la cara, cuando habla de cada historia que le tocó compartir. Historias ajenas que las hizo suyas.

También cuando logró llevarle una silla de ruedas a un hombre que esperaba a su mujer fuera del hospital de Roca, luego de que le amputaran una pierna y se contagiara de coronavirus. “Me agradeció tanto, pese a que la señora murió meses después, por haber ayudado un poquito a mejorar su calidad de vida. Me dijo ‘¿Sabe qué Vanacloy? Usted me dio la oportunidad, la pude tener de vuelta en casa…’”.

Marco es un vecino de Roca, ya un “personaje conocido” en la ciudad, como el “fletero solidario”. Tiene 40 años y junto a Valentin, su mayor tesoro de la vida, de 11 años, recorren de punta a punta la ciudad, “llevando y trayendo” donaciones. Pero como la solidaridad no tiene fronteras, donde algo surge, allí van. Como ocurrió con familias solidarias de Neuquén, Cipolletti y ciudades vecinas. Todo sirve. Nada sobra.

Él es empleado de un organismo hace años, vive solo con su hijo y alquila porque no tiene casa, pero todo lo que trabaja y reúne como fletero, con su viejo camioncito Ford, va directo hacia la mesa de quienes lo necesiten.

Todo surgió hace casi dos años, cuando en pandemia, empezaron a ponerse en evidencia cada vez más necesidades.

“Una vez estaba haciendo una mudanza y cuando pasé por un sector de Barrio Nuevo, vi un ranchito muy humilde con gente que la estaba pasando mal. Entonces fui, trabajé y con todo lo que me pagaron ese día, fui al supermercado. Compré comida y se las llevé”, contó Marco. “Esa familia no lo podía creer… a veces hasta cuesta que te abran la puerta. Porque piensan que uno tiene algún otro interés. Hay gente qué me dice, de qué partido (político) es, ¿quiere que le firme una planilla? Nada, les digo, nada…”, sonríe.

Y ahí empezó su gran idea: la rueda solidaria. Detecta necesidades, gente que busca ayuda, hasta se armó su propio “listado” de gente que tiene voluntad, ganas de salir adelante, y trata -junto con amigos, carpinteros, metalúrgicos conocidos y demás- de dar una mano.

Porque en ese devenir se topaba con personas que no se sentían cómodas en la situación que les tocaba vivir, con el desempleo y la extrema pobreza, y querían trabajar.

“Esto lo hacemos por amor. Mi hijo Valentin me acompaña y a él le encanta. A veces invitamos a sus compañeros, cuando se puede respetando los protocolos. Ellos aprenden y toman conciencia lo que es la necesidad. Aceptamos a todo aquel que quiera ayudar”.

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“Mudanzas 100% Solidarias”

Esto lo motivó a crear un sistema para que las familias con más carencias puedan recibir una compensación realizando mudanzas.

‘Vana’ explicó que ofrece el servicio y busca que vecinos sin trabajo lo asistan para cumplir la tarea. Cuando cobra se dirige junto a la familia que colaboró con la mudanza y compra alimentos y elementos básicos. “Esa es la única condición: yo pongo mi tiempo, mi camión, el combustible… pero ellos se tienen que comprometer a usar el dinero para comprar lo que les haga falta”, señala.

El 100% de cada pago tiene ese destino.

Además de este sistema donde las familias pueden recibir alimentos a cambio de un poco de trabajo también busca donaciones y lleva a hogares carenciados. Colabora con merenderos y comedores.

“Mi objetivo es que esto le sirva a la gente. Que trabajemos juntos, que haya un rédito, pero sea ganado por esa persona. Que sepa que se lo merece. Un hombre me llamó un día y me dijo, ‘ya estoy listo. Hoy me afeité -me dijo- para salir a trabajar. Te da una alegría inmensa”.

A Mariano, de 12 años, la tablet que pudieron conseguirle le permitió no abandonar la escuela. “Un gran estudiante, pero no tenía como conectarse…”. Otro vecino, que dormía sobre una montura de caballo, a través de los fletes solidarios ahora cuenta con un colchón. Los agradecimientos espontáneos se multiplican en las redes.

“No te imaginás la cantidad de cosas que hemos llevado de forma totalmente solidaria, ver familias llorando de agradecimiento, sorprendidas, hemos llorado juntos, nos hemos reído, nos hemos ido preocupados, son historias muy fuertes”.

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