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Suspendieron sus 15 por la pandemia y celebró los 16 de una forma especial

Brenda tenía prevista su gran fiesta para el 20 de marzo de 2020, pero logró festejar al año siguiente incluso a pesar de las restricciones.

Brenda soñaba todos los días con su cumpleaños de quince. Quería escuchar la música y entrar al salón con el vestido perfecto para saludar a todos sus invitados y eso iba a ocurrir en una fecha concreta. La joven de Cipolletti ya había mandado las invitaciones para celebrar el 21 de marzo de 2020, pero sus ilusiones se desmoronaron cuando se anunció el aislamiento social, preventivo y obligatorio, que cambió los planes de fiesta por el temor a un futuro incierto.

"Cuando se suspendió, lloraba todas las noches, estaba muy triste", se lamenta Brenda casi dos años después. Su momento soñado se le había escurrido de las manos cuando ya tenía las invitaciones hechas y el vestido de sus sueños reposaba en su habitación, esperando por la noche para lucirse en frente de todos. Ya habían pensado la música, el salón, la torta y las fotos, pero en lugar de eso se tuvo que conformar con un encierro prolongado.

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A decir verdad, Brenda no pasó su cumpleaños de 15 en cuarentena. Había cumplido los años en febrero pero, en ese momento, no hubo festejos sino pura expectativa por la gran fiesta que iba a tener al mes siguiente. A pesar de las dificultades económicas, sus padres habían recibido la ayuda de la familia para comprar, poco a poco, todos los elementos necesarios para esa noche.

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Brenda explica que se ilusionaba con cada avance de la organización. Un día eran los centros de mesa y otro día eran los souvenirs. Con cada adquisición, su soñado cumpleaños parecía volverse más real, y esperaba con ansias la llegada de esa noche. Sin embargo, sus planes no pudieron ser: apenas un día antes de la fiesta prevista, se decretó el inicio de la cuarentena.

"Incluso antes de que empezara el aislamiento yo ya le había dicho a Brenda que no lo íbamos a festejar, por cómo estaba la situación", explicó su mamá, que seguía atenta el panorama epidemiológico para saber si era posible hacer o no una fiesta.

La noticia impactó de lleno en la familia, y Brenda pasaba las noches llorando pensando en el evento que se había terminado antes de empezar. "Fue un sueño que se rompía en dos segundos, sentía que se iba todo a la basura y no paraba de llorar", relata. Sin embargo, tuvo revancha de una forma inusual, luego de que la organizadora de eventos Cintia Ramón la convocara a formar parte de un cumpleaños virtual.

Aprovechando la popularidad de la plataforma Zoom, Cintia reunió a todas las quinceañeras que no habían podido celebrar su cumpleaños e inició una serie de reuniones para coordinar una gran fiesta a través de esta plataforma. Convocaron a un disc jockey y las propias homenajeadas les pedían la música que querían bailar. Aunque sin invitados, en cada casa y frente a la cámara web, todas habían montado un cumpleaños ideal, con su vestido, maquillaje, peinado, y las sillas del living bien separadas para improvisar una pista de baile en casa.

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El trago amargo de la suspensión de su fiesta se curó incluso con una sorpresa que organizó la propia Cintia. Brenda contó su historia en un programa de televisión de Buenos Aires y recibió el saludo del diseñador de moda Benito Fernández, que le regaló una remera de su colección. "Fue algo hermoso, nunca pensé que me iba a pasar", afirmó la adolescente, que sumó nuevas emociones a ese encierro prolongado por la pandemia.

Este año, y ya con menos restricciones de circulación, Brenda cumplió 16 años. Su mamá quiso convertir el mes de febrero en un mes especial, y organizó una serie de sorpresas para suplir la falta de una fiesta tradicional, en un contexto en que aún estaban suspendidos los salones de fiestas y eventos.

"La fui sorprendiendo toda la semana en distintos lugares de Cipolletti. Si iba a una farmacia, la empleada le preguntaba si ella era Brenda y le regalaba un perfume, y lo mismo en la heladería, una sorpresa por día", señala Roxana sobre la creativa celebración. Brenda pasó una semana recibiendo regalos de extraños, y hasta una desconocida la abordó en la calle para darle un ramo de golosinas, pero siempre sospechaba de su mamá como mente maestra detrás del plan.

"Todos los regalos tenían una foto mía de chiquita y una frase de esas que sólo se le ocurren a mi mamá", cuenta la joven, divertida por la idea. La semana terminó con un llamado de invitación a una confitería de la localidad, donde prepararon una merienda especial con un puñado de amigas, para adaptarse a los protocolos.

Aunque no de la forma en que se había imaginado, Brenda pudo ponerse su vestido y bailar el vals. Un día de febrero, su mamá la levantó muy temprano y le propuso peinarse y maquillarse. Dejaron todo listo e inventaron un cumpleaños en el garage de su casa, con los veinte invitados permitidos por las restricciones sanitarias. "Hicimos el evento más tarde con otros veinte, porque toda la familia quería participar", relata Roxana.

Los cambios de planes le provocaron emociones encontradas, pero la adolescente rescató una valiosa lección a partir de la suspensión de su cumpleaños. "Aunque a veces las cosas no se puedan dar en el momento, en algún momento se va a dar lo que uno tanto pide y desea", afirma y agrega que sólo se trata de aplicar la dosis de paciencia necesaria para que los anhelos más profundos se vuelvan realidad, de una u otra manera.

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Brenda no pudo vivir su gran noche, pero sí vivió una mañana especial con su vestido y el vals. Disfrutó con sus seres queridos y afirma que la pasó tan bien como en esa fiesta que habían organizado y que se les escurrió unos días antes de la celebración. Roxana todavía se emociona cuando habla de lo que sucedió, porque lo que más la marcó de toda esa experiencia fue comprender la importancia de atravesar estos obstáculos como familia. Así, siempre unidos y con una gran cuota de alegría y creatividad, afrontaron las limitaciones de la pandemia para celebrar y reunirse con sus seres queridos, de la manera que sea.

"Los quince son los quince, es un antes y un después de cada adolescente, a partir de ahí se viven otras situaciones y otros momentos", afirma la mamá de Brenda, y ella agrega: "A los quinces ya podés hacer otras cosas y tenés otros permisos, es una edad que las chicas esperamos un montón".

Aunque para ellas el número es muy importante por el peso cultural que tiene esa edad, Brenda supo reinterpretar las tradiciones en este nuevo contexto para adaptarse a la realidad de hoy y no quedarse sin el disfrute tan propio de la adolescencia. "Para todas las chicas que estén cumpliendo quince, no se queden sin festejar", les pide.

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