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Sandra busca a su mamá, a la que no ve hace 47 años

Fue entregada en adopción en septiembre de 1973. Lo único que sabe es que en ese entonces su madre era una joven de 18 años que vivía en el campo.

Nació el 11 de septiembre de 1973 en el hospital Castro Rendón, de la ciudad de Neuquén. Su madre estuvo con ella 20 días buscando a una buena familia que la pudiera criar hasta que finalmente la encontró. A partir de ese momento, nunca más volvió a verla ni a saber nada más de ella.

La historia de Sandra Leticia Parente es similar a la de miles de personas que rastrean su identidad y sus orígenes y que no se cansan en preguntar y de bucear en el pasado tratando de encontrar pistas que la ayuden en su búsqueda. En su caso, no siente rencor por el abandono. Es más, cree que fue un acto de amor desesperado de una joven que quedó embarazada y que ante la imposibilidad de darle una buena crianza se encargó de buscarle una familia que lo pudiera hacer.

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Sandra se enteró de esta historia cuando tenía 5 años. Fue su madre adoptiva la que se lo contó. Lo hizo en forma de cuento infantil tratando de maquillar tristezas y angustias para que el relato tuviera un significado de esperanza en esa nena que la escuchaba con tanta curiosidad. Le habló de esa chica jovencita que la había llevado en la panza, pero que ante una serie de problemas, se había preocupado de que fuera feliz entregándosela a otra mamá que le pudiera dar todo el amor del mundo porque ella no podía hacerlo.

“Yo les agradezco mucho a mis padres que me lo hubieran contado cuando yo era chica; lo tomé como algo muy natural”, reconoce Sandra, quien hoy tiene 47 años y sigue buscando pistas para reconstruir su historia.

Muchos datos más no tiene. Sabe que su mamá biológica fue a la iglesia católica para tratar de encontrar a una familia que la adoptara, que se entrevistó con integrantes del Movimiento Familiar Cristiano y que una mujer que participaba en ese grupo se contactó con la tía de Sandra porque sabía que su hermana llevaba muchos años de casada y no podía tener hijos.

“Ella se preocupó; eso lo valoro mucho. Estuvo esos 20 días tratando de encontrar alguien que me quisiera y que me cuidara”, relata emocionada.

Una vez que se hizo el contacto, la tía de Sandra fue la que se dirigió hasta una pensión que había en la calle Chaneton, cerca del aserradero Álvarez y Durán, en el Bajo de la ciudad de Neuquén. Allí la recibió la jovencita con la beba en brazos. Le dijo que le había puesto de nombre Nancy Leticia; le contó que no la podía criar porque tenía que volver al campo y sus padres no sabían que había quedado embarazada. La síntesis de una historia triste y dramática.

La mujer tomó a la beba en brazos y se la llevó a su hermana. Allí comenzó la otra vida de Sandra Leticia, quien lo único que conservó de ese pasado fue su segundo nombre.

La familia se fue a vivir a Allen y en esta localidad se educó, se crió con sus padres adoptivos (que todavía viven) y hasta tuvo la suerte de tener un hermano ya que después de 17 años de estar casada, su madre finalmente quedó embarazada. “Fue un regalo; un milagro para nosotros”, reconoce.

A los 30 años Sandra decidió empezar a buscar datos que le permitiera reconstruir su historia. Se entrevistó con personas que parecían tener pistas, pero que finalmente no la condujeron a ningún lado. También fue al hospital Castro Rendón para ver si podía encontrar el registro de su nacimiento, pero le informaron que muchos papeles se habían perdido en una gran inundación que hubo hace tiempo en la ciudad de Neuquén.

Con lo poco que tiene hoy, Sandra igual se siente con fortaleza para seguir con la búsqueda. Participa activamente en un grupo que se llama “Patagonia por la Identidad”, que integran 23 personas que están en la misma situación que ella y que quieren saber de sus raíces.

Con esa fuerza y apoyo que recibe todos los días, espera encontrar a aquella jovencita que la tuvo en el vientre y que hoy debe tener unos 67 años, aproximadamente.

Desea volver a volver a verla, saber cómo está, cómo siguió su historia, si sigue viviendo en el campo…

Tiene la necesidad de contarle su vida para que sepa que la beba que gestó tuvo una buena crianza como ella soñó, que formó una familia, que hoy tiene tres hijos que son sus nietos…

Pero fundamentalmente, tiene la urgencia que le demanda un recuerdo borroso reconstruido a partir del relato: el de sentir un abrazo, uno intenso y similar al que tuvo como despedida en aquella primavera de 1973.

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