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Raúl Quadrini, el primer médico nacido y criado en la ciudad

En el mes del aniversario 118 de Cipolletti, homenaje al doctor Raúl Quadrini, genuino cipoleño, hijo de inmigrantes italianos.

El matrimonio conformado por Matilde Croceri y Augusto Quadrini arribó a la Argentina en 1913, proveniente de Monte San Pietrangeli, una pequeña localidad italiana ubicada en la provincia de Fermo, región de Las Marcas. Uno de los tantos ejemplos de inmigrantes que llegaron a nuestro país en búsqueda de un futuro prometedor. Se instalaron en nuestro naciente valle, forjaron su vida familiar y laboral en él.

Don Augusto se desempeñó en diversas actividades agrícolas, desde el emparejamiento de la tierra hasta el cultivo y explotación de cereales, hortalizas, frutales, y se trasladaba hacia diversas localidades: Fernández Oro, Ingeniero Huergo, Cinco Saltos, Colonia Marconetti. Doña Matilde quedaba abocada a las tareas de la casa y el cuidado de sus 9 hijos: Guido, Brandina, Raúl, Nelo, Enio, Delio, Matilde, Roberto e Hilda.

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Todos ellos echaron raíces en la región: concibieron sus vidas y las de sus familias, y le dieron continuidad a la obra iniciada por sus padres. Luego de trabajar incansablemente, con avances y retrocesos, don Augusto pudo acceder a la propiedad de la tierra: compró una chacra en el sector de La Llanada, cerca del pueblo que ya comenzaba a llamarse Cipolletti (por ley en 1927). Por ese entonces, aún era Colonia Lucinda.

Luego, construyó su vivienda donde hoy se encuentra el barrio que se conoce como barrio Quadrini, entre la calle Leandro N. Alem y la calle Doctor Quadrini, en homenaje a su tercer hijo, Raúl, que nació en Colonia Lucinda un 18 de mayo de 1919, ya que por esa época no había ninguna institución asistencial médica. El parto fue atendido por doña Rosa Verdini de Croceri, una vecina con conocimientos prácticos.

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Casa del doctor Quadrini, en Miguel Muñoz e Yrigoyen.

Casa del doctor Quadrini, en Miguel Muñoz e Yrigoyen.

Su escolarización primaria la realizó en la Escuela N° 33 (hoy en el barrio San Pablo), los estudios secundarios los cursó en el Colegio Don Bosco, en la ciudad de Bahía Blanca, bajo la tutela de José Ginnóbili, que en vida fuera gerente de la querida y recordada Cooperativa 12 de octubre.

Algunos cuentan que sus familiares querían que estudie Ingeniería, pero él decidió Medicina: cursó su carrera en la Facultad de Medicina de Rosario y se graduó en diciembre de 1947. Durante toda su carrera universitaria, y cuando el receso lo permitía, regresaba al valle y trabajaba como embalador en el galpón de empaque Fruticultores Unidos de Peluffo (sus compañeros lo recordaban como un muy buen embalador). De este modo, durante 9 meses estudiaba y los otros tres juntaba dinero para poder ayudarse con los gastos que demandaba su vida universitaria. Pero en 1942, ante su “osadía” de solicitar un aumento de sueldo en representación de sus compañeros, fue despedido. Breve fue la carrera de Raúl como gremialista.

Tiempo antes, su padre gestionó ante la Comisión de Fomento, presidida en aquel entonces por Jorge González Larrosa, una contribución para que su hijo Raúl pudiera seguir cursando sus estudios universitarios; desestimado el pedido por la Comisión, que argumentó no estar entre sus facultades atender a la solicitud, a propuesta del comisionado Ernesto Rey, se decidió que “para ayudar a un hijo del pueblo cada uno aportará 20 pesos”. En 1947 don Raúl Quadrini arribaba a la Estación del Ferrocarril Sud, con el título de médico. Ese día, su orgulloso padre don Augusto lo esperaba con un auto prestado por el señor Colantuono, ya que deseaba recibirlo con todos los honores.

En 1944, cuando ya era practicante en el Hospital de la Societá Unione e Benevolenza de Rosario, conoció a su futura esposa, doña Nelly Giromini, rosarina, nacida un 5 de octubre de 1925, maestra y visitadora de higiene, título que se otorgaba en ese entonces (equivalente al de asistente social hoy). Un amigo de Raúl, el futuro doctor Ángel Cappelletti, y una amiga de Nelly, se confabularon para presentarlos, aprovechando un evento que se realizaría en una plaza de la ciudad, en el marco de los festejos de Carnaval. La anécdota fue que, cuando ella bajó del tranvía, él la piropeó, y ella se mostró indiferente: ambos ignoraban que, un rato más tarde, serían presentados e iniciarían toda una vida juntos.

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Casamiento de Raúl y Nelly.

Casamiento de Raúl y Nelly.

Nelly guardó, entre sus recuerdos más preciados, el vestido con el que conoció a Raúl. Se casaron en la catedral de Rosario el 2 de octubre de 1948 y se radicaron enCipolletti dos semanas más tarde. Al doctor Quadrini le ofrecieron un puesto en Salud Pública, y podía optar entre ser médico de planta en la Sala de Primeros Auxilios de Cipolletti (que luego fue el Hospital de la localidad, hoy Hospital Doctor Pedro Moguillansky), o director en el Hospital de Comallo.

Eligió Cipolletti. Su sueldo inicial, de 300 pesos, se gastaba en su mayoría en el alquiler de un departamento (260 pesos), sobre la calle San Martín casi Miguel Muñoz, que todavía existe, ubicado sobre una famosa zapatería y un banco. Allí vivió varios años y tenía su consultorio, que ocupaba la mayor parte del departamento. Para la vida diaria les quedaba una pequeña habitación y una cocinita, con una mesa y dos sillas. Allí vivieron hasta después de haber nacido Raúl, el tercer hijo luego de Graciela y Liliana, con muchas carencias y dificultades. Luego llegaron tres hijos más: Marcelo, Leticia y Alejandro (que siguió los pasos de su padre). Para entonces, había comprado al escribano González Dorrego una casona ubicada justo en la esquina de Yrigoyen y Miguel Muñoz, que tenía un enorme terreno, con alameda y acequia.

Esta casa subsiste en la actualidad, aunque oculta tras varios comercios que fueron construidos sobre el parque delantero de la propiedad. Sobre el mismo terreno, ya sobre calle Yrigoyen, construyó años más tarde su casa propia, donde habitó con Nelly y sus hijos durante 15 años. Con ayuda de uno de sus tíos, José Quadrini, pudo abrir su consultorio propio.

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Doctor Quadrini con colegas.

Doctor Quadrini con colegas.

Trabajador incansable, repartía su tiempo entre el hospital, el sanatorio y su consultorio. Siempre atento a la escucha de sus pacientes, las consultas solían convertirse en largas jornadas, y más aún si alguno de ellos tocaba el tema fútbol, su pasión deportiva, y que practicó asiduamente en su juventud. Hincha fervoroso de sus amados Boca Juniors y Cipolletti, en una etapa de su carrera se dedicó a atender gratuitamente, como profesional, a los sucesivos planteles albinegros. Era socio del club y asiduo concurrente a “la Visera de Cemento”, a la que iba todos los domingos con su radio portátil para no perderse las alternativas del fútbol grande y, cuando sus tareas se lo permitían, se trasladaba a otras localidades, cercanas y no tanto, a ver a su amado Cipo.

De trato amable, cosechó muchos amigos entre sus colegas radicados en la ciudad: era el primer médico nacido y criado en Cipolletti. Mantuvo una larga amistad con los doctores Pedro Moguillansky, Héctor Bensimon, Jorge Allan, Mario Sandi, entre otros. En sus inicios, operaba e internaba a sus pacientes en el Sanatorio Aranda (fundado por el doctor Atilio Aranda y ubicado, por ese entonces, en la esquina de Yrigoyen y España), junto con un equipo médico compuesto por los doctores Héctor Bensimon (que se alejó de la región en 1962 para radicarse en Estados Unidos), Pedro Moguillansky y José Andrada. Pero cuando este cerró y otro grupo de colegas fundó el Sanatorio Río Negro, junto con el doctor Bensimon compraron al doctor Gobich el Sanatorio Cipolletti (donde hasta hace unos años estaba el Hotel Astoria), en la calle Italia.

Más tarde, al cerrar el Sanatorio Cipolletti, comenzó a trabajar en el Río Negro. Siempre nombraba a sus estrechas colaboradoras, las enfermeras Clementina y Raquel San Martín, Julia Aranda, y las instrumentadoras Matilde, Rosita y Trudy, Joaquina Dionisio, la eficiente y gran caba de la sala de cirugía del Hospital Cipolletti, al igual que la incansable Rufa; a los ambulancieros, Burgos y Peletay, a sus secretarias Irene, Rita y Silvia, cuyos rostros y nombres han perdurado en el recuerdo de su familia.

Por ese entonces, no existían las especializaciones médicas como hoy: el doctor Quadrini, como se lo llamaba y se lo recuerda, atendía partos (muchos cipoleños llegaron al mundo en sus brazos), consultas clínicas y realizaba prácticas quirúrgicas diversas. Su esposa siempre recordaba que, debido a algunos imprevistos nacimientos, más de una vez se quedaban con la valija preparada para hacerse una escapadita a la cordillera, y cuando podía alejarse por unos días más, le encantaba visitar el mar.

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Doctor Raúl Quadrini.

Doctor Raúl Quadrini.

Los domicilios y las urgencias eran moneda corriente, incluso a altas horas de la noche o la madrugada, cuando llamaban por teléfono o tocaban timbre, inclusive, en varias ocasiones, Nelly subía a los niños al auto para acompañarlo. Sus pacientes solían retribuirle con algún chivito, lechoncito, cajones de fruta. Terminaba su jornada laboral muy tarde, repartida entre la atención en el consultorio, las visitas a domicilio y la concurrencia al sanatorio para ver a sus pacientes internados. Cuando volvía a casa, encontraba en la cocina la mesa puesta y su cena preparada.

Cultivó la paciencia como pocos, inclusive con sus hijos, los más pequeños, que solían pelotear en el comedor o contra la pared de la sala de espera, o tocarle asiduamente la puerta del consultorio para pedirle dinero para golosinas, siempre respondía a la requisitoria o salía para pedir que dejaran de pelotear, con la bonhomía que lo caracterizaba. Imponía su autoridad con una sola mirada, y mostraba su afecto con una palmadita en la espalda. Ejerció su profesión con enorme dedicación y responsabilidad, y con la tranquilidad de haber encontrado en Nelly a la compañera ideal para ejercer su vocación con la pasión que lo hacía.

Falleció un 6 de mayo de 1983 en Buenos Aires, donde había viajado para tratarse una afección cardíaca que padecía hacía mucho tiempo. Tenía 63 años. Reconocido y recordado por muchos, pervive en aquellos que lo conocieron por su sencillez y su calidez profesional y humana.

Hoy con las palabras de una de sus hijas menores, lo homenajeamos porque está todo dicho acerca de lo que fue el Dr. Quadrini (padre), lo homenajea su ciudad cipoleña, lo homenajea la historia oral que sabe rescatar –a través de sus descendientes- la memoria de aquellos que hicieron grandes estas tierras de la Norpatagonia.

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