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La gran historia del alma del Alto Valle, su sistema de riego

La producción frutícola en la zona es posible gracias al complejo y eficiente sistema de riego, que fue construido entre 1910 y 1930 por ingenieros italianos. Cómo se creó y cómo funciona el alma del Alto Valle.

Al recorrer los caminos rurales del Alto Valle y, a medida que se van atravesando las chacras, se aprecian las hileras de frutales junto a la belleza de los álamos que dividen las parcelas y las protegen del viento. Como parte de este paisaje yacen silenciosos (hasta fines de agosto) los canales de riego y sus compuertas. La postal cambia en la época del riego, momento en que las chacras estallan de vida.

Esos canales en los que muchos valletanos alguna vez se bañaron de chicos y que son parte del acervo cultural e identitario de nuestra zona, forman parte de una red perfectamente pensada que permite el riego de los cultivos, a la vez que se utiliza para aminorar los desbordes de los ríos y así evitar inundaciones.

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Los canales, parte del acervo cultural e identitario de nuestra zona.

Los canales, parte del acervo cultural e identitario de nuestra zona.

Las huellas de la historia

Las primeras obras de riego en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén se iniciaron a partir de 1884, luego de la conquista y colonización de estos territorios por parte del General Julio A. Roca. En aquella época los cultivos que se trabajaban eran alfalfa, maíz, trigo y cebada. Estas plantaciones precarias e incipientes debían atravesar dos grandes problemas, por un lado, las sequías existentes en ciertos períodos del año y, por el otro, las inundaciones que provocaban los aumentos de los caudales de agua de los ríos.

Según comenta en un estudio el Lic. Amadeo Laurin “Con la llegada del ferrocarril la situación mejora notablemente. La empresa británica Ferrocarril del Sud, emprende la construcción de obras de riego a fin de incrementar sus cargas”, describe el licenciado en museología y asesor del Museo del Riego ubicado en la localidad rionegrina de Barda del Medio, a cargo de la Municipalidad de Contralmirante Cordero.

“Mediante la Ley 3727 (de 1898) se autorizó al ministro de Obras Públicas de la Nación para la construcción de obras de irrigación. Previamente debían realizarse estudios y proyectos sobre el tema. De este modo, se formó una comisión que en el caso de los ríos Neuquén, Limay, Negro y Colorado, fue presidida por el Ingeniero Cesar Cipolletti”, continúa el informe en su apartado histórico.

En solo ocho meses dicha comisión realizó un estudio exhaustivo y detallado de las cuencas hidrográficas de la zona. Hacia el año 1907, el entonces presidente de la Nación José Figueroa Alcorta, dio la orden al ministro de obras Públicas, Ezequiel Ramos Mexía que contratara al Ing. Cipolletti para dirigir las obras de regularización del río Neuquén.

Un año después, la delegación se embarcó desde Génova, Italia, hacia la Patagonia argentina para realizar dichas obras. Sin embargo y “desgraciadamente el Ing. Cipolletti fallece en altamar, y el Ministro Ramos Mexía, contrata en su reemplazo al Ing. Decio Severini, compenetrado en los proyectos del visionario europeo”, expresa el informe elaborado por el Lic. Laurin.

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Todo empezó con el ferrocarril. Foto: gentileza Museo del Riego

Todo empezó con el ferrocarril. Foto: gentileza Museo del Riego

El Dique Ballester, una obra de ingeniería monumental

Una las grandes obras de los valles de Neuquén y Río Negro, sin dudas es el Dique Ballester, un emblema de la ingeniería y un ícono histórico para la producción agropecuaria en la zona. La construcción de esta imponente obra comenzó en 1910 a cargo del Ing. Severini, con la colaboración del Ing. Luis Kambo.

Tal como se proyectó el dique sobre el río Neuquén cumple una doble función, que es la de atenuar las inundaciones y, por otro lado, facilitar el curso de las aguas hacia los canales de riego del Alto Valle. Junto a la bocatoma del canal de alimentación y el canal de desviación de agua hacia la cuenca Vidal, conforman el Sistema Integral de Riego del Alto Valle de Río Negro y Neuquén.

El Dique Ballester es una obra que posee 17 compuertas de 20 metros de ancho, separadas por 16 pilares de hormigón armado y dos estribos a cada extremo. En su totalidad mide 420 metros a lo largo, con compuertas que pesan al menos 33 toneladas cada una. Su construcción terminó en 1918, aunque el sistema completo de riego se finalizó hacia la década del 30.

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En 1907, el Estado argentino contrata al ingeniero Cipolletti.

En 1907, el Estado argentino contrata al ingeniero Cipolletti.

El alma del Alto Valle

En diálogo con Más Producción, Pablo Degele actual jefe del Dique Ballester, nos explica queel sistema de riego funciona actualmente de la misma manera que desde el momento en el que se culminó, que es más o menos en la década del 30. “es un sistema telescópico, el canal comienza en el dique Ballester y termina en la zona de Chichinales” explica.

“En todo el tramo hay siete consorcios y esos siete consorcios conforman un consorcio de segundo grado que es el que maneja el canal principal. Cada uno de ellos tiene una pequeña porción del sistema de riego, que son 65.000 hectáreas más o menos. Y entre todos conforman un consorcio de segundo grado que es el que maneja el canal principal” describe Degele y agrega que el sistema actualmente tiene 7.800 usuarios aproximadamente.

En cuanto al mantenimiento de los canales de riego cada consorcio se ocupa de los canales secundarios, terciarios y hasta a nivel de cuaternario. Mientras que, “de los canales y las acequias comuneras, se encargan los propios usuarios de hacer el mantenimiento. Eso desde siempre ha sido de esta manera” afirma Pablo Degele.

La temporada de riego usualmente inicia en el mes de agosto, si hay lluvia puede variar unos días. “Si se extiende un poquito más el inicio o se hace los primeros días de agosto, hasta los últimos días de abril o primeros días de mayo, normalmente se corta los primeros días de mayo la temporada”, explica el experto, a la vez que aclara que en los meses que no hay riego se aprovecha para realizar mantenimiento del sistema.

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El Museo del Riego. Foto: gentileza de la institución.

El Museo del Riego. Foto: gentileza de la institución.

Cuando se le pide una reflexión sobre el Dique Ballester Pablo Degele expresa que “trabajando en esa obra uno se da cuenta de la magnitud, de la gran capacidad que tuvo ese ingeniero para poder ver esta obra y poder proyectarla y pensarla. Constructivamente se construyó con los mejores materiales, se construyó totalmente a conciencia… es algo realmente majestuoso” aseguró.

Yo creo que el dique Ballester le dio un nuevo modelo a todo lo que es el Alto Valle. Obviamente sin ese dique no existiría. Lo que tenemos hoy, un oasis que dicen algunos, en el medio del desierto, con un sistema de irrigación muy importante, una obra cabecera que es el dique que permite nutrir de agua a todo el Valle y que realmente cuando uno se aleja un poquito y encuentra el monte… lo que se ve con toda la producción frutícola y las arboledas, lo que le ha dado al valle es algo increíble e impresionante” finaliza Pablo Degele.

Hoy, casi cien años después, el sistema de riego que constituye en palabras de Degele el “alma del Alto Valle”, se fue mejorando a medida que la urbanización de las ciudades fue avanzando. Sin embargo, así como se construyó se sigue manteniendo y utilizando para aprovechar mejor el recurso del agua y así hacer posible las tierras ricas y productivas que soñaron nuestros ancestros.

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