"Me hubiese gustado conocer más a mi mamá pero me la arrebataron"

Agustina Bonetti, hija de María Emilia González, recuerda a su madre.

Mirada penetrante, actitud firme y sueños de lucha son algunas de las características que describen a Agustina Bonetti, hija de María Emilia González. Tenía tan sólo 2 años y medio cuando le quitaron injustamente a su mamá y a pesar de su corta edad, los recuerdos sobre lo qué pasó en su casa el día que encontraron a las chicas sin vida continúan intactos.

Hoy asegura que quiere seguir adelante con su vida y que no piensa permitir que la sombra del Triple Crimen bajo la que creció la destruya como a sus abuelos.

Con el paso del tiempo, su familia la protegió de todo lo que sucedía en su entorno y de los detalles más dolorosos del caso que conmocionó a todo el país. Sin embargo, las llamadas, la presencia de los medios de comunicación y los informes televisivos eran imposibles de ignorar, dejaban claro que algo aberrante había sucedido pero aún no tenía dimensión de la gravedad.

"Todos corrían y lloraban. En un momento entré a la habitación de mi abuela (Susana Guareschi) y la vi muy mal. Mi papá me llevó al patio y me dijo que mi mamá no iba a volver más, intentó decírmelo de la manera más dulce pero igual yo no entendía nada. A medida que fui creciendo era testigo de como mi abuelo (Ulises González) corría de un lado para otro porque era él quien estaba al frente de todo, mi abuela se dedicó a criarme", recordó la joven de 22 años.

A pesar del oscuro crimen y del dolor por la impunidad, Agustina sostuvo que su infancia fue muy buena y que siempre tuvo personas hermosas a su lado que la acompañaron para que su vida fuera normal, pero no fue fácil.

Recién a los 15 vio un informe gráfico sobre cómo se suponía que había ocurrido el asesinato de las tres chicas y quedó impactada. "Me pegó mucho, ese año fue muy difícil para mí", confesó con tristeza y señaló que a partir de ese instante comenzó a tener más charlas para entender lo sucedido.

La decepción y la tristeza parecían no disolverse y, lejos de encontrar la verdad, su familia se apartó del caso, dejando un abogado a cargo. Sus abuelos se mudaron a El Bolsón y aunque ella tiene la posibilidad de irse, mantiene intacta la esperanza de que Cipolletti vuelva a ser una ciudad para vivir, aunque tiene miedo de caminar por la calle y que le pase lo mismo que a su mamá.

"El único imputado es Claudio Kielmasz que dio seis versiones distintas de lo que pasó. Fue difícil saber que nadie hizo nada, ni la policía ni la justicia, y que el juez avaló todos los errores que se cometieron. Mi mamá tenía muchos sueños, siempre se hizo cargo de todo y la verdad es que me hubiese gustado conocerla más, pero me la arrebataron", reflexionó Agustina.

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