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Los hijos de los desaparecidos, entre el recuerdo y el dolor

Sus testimonios ofrecen un aporte valioso en el juicio a represores que se realiza en Neuquén.

“Hoy estamos hermanados en el dolor”, dijo Juan Manuel Pincheira, hijo del desaparecido Miguel Ángel Pincheira, a los jueces del Tribunal Oral Federal de Neuquén durante su declaración el miércoles pasado en el juicio por delitos de lesa humanidad contra quince ex jefes militares y de fuerzas de seguridad nacionales y de las policías provinciales de Río Negro y Neuquén que se está desarrollando en esta ciudad. Con estas palabras, este hombre de 45 años, que tenía un año y tres meses cuando su padre fue secuestrado el 14 de junio de 1976 en Cutral Co, sintetizó la característica que tiene este proceso judicial: son los hijos e hijas de desaparecidos quienes están brindando sus testimonios acerca de los hechos que tuvieron como víctimas a sus padres.

Como en el caso de Juan Manuel, otros hijos e hijas de las víctimas de la represión en la región eran muy pequeños cuando ocurrieron los hechos. Por lo tanto, reconstruyeron quiénes habían sido sus padres a partir del relato recibido de familiares, compañeros de trabajo y de militancia y amigos de éstos. De esta manera pudieron llenar esos vacíos en busca de su identidad, lograr respuestas sobre cómo eran y qué pensaban.

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“Mamá estaría contenta de que declare por la memoria de tantos”, dijo con lágrimas en los ojos César Altomaro Villaverde cuando prestó declaración. César tenía 7 años cuando su madre Alicia Villaverde, fue secuestrada en junio de 1976 de su trabajo en un organismo del Estado, y luego golpeada, torturada y violada en la delegación de la Policía Federal y en los centros clandestinos de detención “La Escuelita” de Neuquén y Bahía Blanca. “Lo que cuento es el recuerdo de un niño”, afirmó en relación al secuestro de su madre, reconocida dramaturga, actriz y directora de teatro.

Hasta el momento declararon cinco hijos de los 9 desaparecidos que tiene la causa por lesa humanidad cometidos durante la dictadura.
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Juan Manuel Pincheira exhibe una foto de su padre, Miguel Ángel. Tenía un año y tres meses cuando su padre fue secuestrado por las fuerzas represivas.

Juan Manuel Pincheira exhibe una foto de su padre, Miguel Ángel. Tenía un año y tres meses cuando su padre fue secuestrado por las fuerzas represivas.

“Hablo como hijo de desaparecido, como aquellos que no tienen la oportunidad de contar su historia y contar que el daño causado se prolongó en muchas etapas de mi vida”, afirmó Juan Manuel Pincheira, hijo de Miguel Ángel Pincheira, secuestrado el 14 de junio de 1976 en Cutral Co y desde entonces se encuentra desaparecido.

“Sigo de alguna forma reconstruyendo lo que fue mi vida y lo importante que hubiera sido tenerlo presente todos estos años, desde mi primera infancia era un pilar fundamental que me robaron”, afirmó Pincheira ante los jueces mientras exhibía la única foto que tiene con su padre. Entre lágrimas dijo que cuando era chico y preguntaba por su padre, recibía como respuesta de sus familiares que estaba trabajando o estaba de viaje. “Al principio no creía que esta historia que sigo reconstruyendo me había sido para mí. Pasé mucho tiempo creyendo que no había pasado, sentía que si preguntaba qué había sucedido, le hacía mal a mis seres queridos que me estaban cuidando. Hasta mi adolescencia no sentí lo que era ser hijo de un desaparecido”, explicó el hijo del hombre que permaneció en cautiverio en diversas cárceles (Neuquén, General Roca y Rawson) y centros clandestinos de detención de Neuquén y Bahía Blanca donde fue torturado y desde entonces está desaparecido.

“Hablo como hijo de desaparecido, como aquellos que no tienen la oportunidad de contar su historia y contar que el daño causado se prolongó en muchas etapas de mi vida”, subrayó.

“Una crece con mucho silencio de la familia y sé que no soy la única de los hijos que creció así”, dijo Lorena Cháves el día que brindó su testimonio como testigo del secuestro y desaparición de su padre Carlos Cháves, trabajador de YPF y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

Lorena tenía tres meses cuando un grupo de tareas secuestro a Carlos en la casa de los padres de su esposa, Gladys Durán. Fue su tía Nancy quien le contó cómo fue el secuestro cuando tenía 16 años. Antes de saberlo, pensaba que su papá se había muerto. Siempre se preguntó si cuando estaba “atado y sucio” en cautiverio “habrá sentido miedo por mí o por mi mamá, alguien le habrá dicho de que a su familia no le había pasado nada”.

Cuando decidió presentarse como testigo en la causa lo hizo para “conectarme con la hija que fui, me tuve que unir de vuelta como hija, adolescente y madre”. Aseguró que hacerlo fue “reparatorio en muchos sentidos: emocional, psicológico, no sólo para mí y mi familia, sino para sus compañeros y sus hijos”.

"Los represores nos quitaron el disfrute, yo no comparto muchos de los ideales que tenía mi papá, pero me quitaron la posibilidad de discutirlo en una sobremesa”, dijo Lorena Chávez, que tenía tres meses cuando secuestraron a su padre, Carlos.

Cuando tenía 25 años, Lorena conoció algo más de la historia de su padre a través de Noemí Labrune, histórica dirigente de la Asamblea por los Derechos Humanos (APDH). Acusó a los imputados en este juicio de quebrar familias completas y vínculos “que es muy difícil reparar”. Agregó que “ellos (por los represores) nos quitaron el disfrute, yo no comparto muchos de los ideales que tenía mi papá, pero me quitaron la posibilidad de discutirlo en una sobremesa”.

Fiscal José Nebbia: “Este es el juicio de los hijos”

“Los testimonios de los familiares y en particular de los hijos e hijas de las víctimas muestran claramente la dimensión del sufrimiento, del dolor y el daño que generaron quienes hoy están siendo juzgados por cometer delitos de lesa humanidad”, expresó a LMNeuquén el fiscal federal José Nebbia.

El representante del Ministerio Público Fiscal destacó que una de las características de este séptimo juicio a represores es la participación de los hijos e hijas de las víctimas de la dictadura “en la reconstrucción de los hechos históricos, aportando datos concretos de lo que les pasó a sus padres a través del relato que recibieron a lo largo del tiempo de sus familiares que vivieron esos trágicos hechos”.

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“Este no es solo un juicio con la prueba dura del día del secuestro y la tortura material, sino también de la historia

“Este no es solo un juicio con la prueba dura del día del secuestro y la tortura material, sino también de la historia", dijo el fiscal José Nebbia,

Agregó que los hijos e hijas que se presentan a declarar “nos traen las palabras de sus abuelos, sus papás, sus tíos”.

Por otra parte, el fiscal señaló que ofrecen otra dimensión de las consecuencias que tuvo en ellos y en sus familiares la dictadura. “Nos traen esa dimensión del dolor, del exilio, del tener que irse del país, de no saber qué pasó, de tener que crecer de golpe”.

Para Nebbia los testimonios de los hijos “tienen el mismo peso que la palabra de un familiar o de un vecino que vio esos hechos, tienen el mismo valor probatorio que cualquier otro testimonio”. Por eso consideró que “este no es solo un juicio con la prueba dura del día del secuestro y la tortura material, sino también de la historia, que es mucho más amplia. Podemos hablar que este es el juicio de los hijos”, concluyó el fiscal.

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