Las Grutas: una temporada de verano para cuidar el bolsillo
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Pero más allá del alza de precios, los turistas siguen eligiendo Las Grutas como el principal destino turístico de la costa atlántica en la Patagonia. Y así lo demuestra la gran cantidad de reservas realizadas para este fin de año y el inicio del 2016.
80 pesos cuesta la docena de churros, tortas fritas o donas. Se trata de productos de habitual consumo en la playa rionegrina. En este rubro, el aumento respecto a la temporada pasada fue del 33%, ya que el precio de las docenas era de $60.
Un día de playa
Ayer fue una jornada agradable en el balneario rionegrino. La marea subió de manera vertiginosa y el viento la empujó haciéndola chocar contra el acantilado. Así desapareció la playa entre la Primera y la Tercera Bajada, el sector más densamente visitado de Las Grutas.
Por momentos sólo perduró una franja de arena de la Cuarta a la Séptima, y es donde la gente se acomodó como pudo, algo indeseable para el que prefiere un espacio amplio para disfrutar de su descanso.
Mientras que hacia el lado opuesto -el norte- aparece un recodo en la línea de la costa que desnuda otra lengua de playa que resiste incluso las pleamares extraordinarias, condición que atrae a los veraneantes conocedores del comportamiento del fenómeno.
El lugar está a unos 200 metros del centro y cuenta con tres bajadas, conocidas como Cero, La Rueda y Pewans. Lo más acertado es llegar caminando, ya que en la Costanera no se permite el ingreso de vehículos y se complica ubicar un lugar donde estacionar.
La concentración de veraneantes seduce a los vendedores ambulantes, que ven reducido su ámbito laboral, por lo que se puede adquirir los productos habituales. Además funciona un parador con platos típicos y bebidas frescas.
Alternativas para disfrutar cuando baja la marea
Cuando comienza a bajar la marea en Las Grutas, se descubre que en realidad la porción de arena antes cubierta por el agua es de unos pocos metros.
Después se extiende una extensa restinga, como un interminable playón de roca pulida por la embestida incesante de las olas.
Es entonces cuando aparece una de las mayores atracciones que ofrece el balneario rionegrino: las piletas.
Se trata de pozos de distintos diámetros, formas y profundidades que fueron cavados en la superficie con máquinas viales hace ya varios años.
Desde lo alto, a medida que el mar se va retirando de la costa, se pueden distinguir las cavidades por las diferentes tonalidades que adopta el océano en ese sector.
Ya en bajamar, es fascinante hacer el recorrido caminando por la misma playa. Primero aparecen las cuevas o grutas cavadas en el acantilado, fenómeno que le dio originalmente el nombre al balneario.
Allí también, entre lagunas y charcos, se diseminan grandes trozos de roca que alguna vez se desprendieron del accidente costero y le dan mayor atractivo al paseo.
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