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LMCipolletti Detectores de metales

Las costas esconden tesoros y tienen quienes salen a buscarlos

Los visitantes de los ríos, lagos y el mar suelen perder anillos, cadenitas y otros objetos. Hay entusiastas que los rastrean con detectores de metales. Los hallazgos pueden tener buen valor monetario.

La idea de buscar tesoros es fuente de desvelo de muchos aventureros que han nutrido la historia y alimentado la inspiración literaria.

El hecho de encontrar algo perdido ejerce una fascinación que no tiene época.

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Es que el extravío de cosas tampoco tiene fin, porque la gente tiende a perder objetos personales, sobre todo en lugares donde se juntan muchedumbres, como en las costas de ríos, lagos o mares.

En ese escenario se mueve un grupo de entusiastas denominado Patagonia Detectores, que utiliza detectores de metales para rastrear los sitios de recreación veraniega de la región.

Es un hobby tentador, con buenas chances de alcanzar niveles redituables, porque es posible lograr hallazgos de valor.

Uno de los lugares predilectos es el lago Pellegrini de Cinco Saltos. Lo es no solo por su cercanía, sino también por la multitud de visitante que suelen poblar las márgenes de la península Ruca Co, lo que aumenta la posibilidad de que se registren pérdidas.

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El último sábado Pablo Sandoval, uno de los miembros del grupo, estuvo detectando allí.

Con su aparato que se asemeja a una bordeadora de césped, una pala convenientemente modificada, una especie de balsa del tamaño de un salvavidas y auriculares donde recibe la señal que le envía el sensor, sorprendió a quienes disfrutaban de la tarde templada.

Se metió al agua hasta la cintura y estuvo horas concentrado en su tarea.

Cada tanto se detenía, escarbaba y retiraba una palada de material que depositaba sobre el flotador, donde volvía acercar el dispositivo. En ocasiones retiraba entre el montón algo que guardaba en un bolsillo. El resto lo devolvía al agua. Así una y otra vez.

“Empecé hace unos cuatro años por recomendación médica. Tuve un pico de estrés laboral y me aconsejaron que buscara algo que me despejara la cabeza. Ahí apareció el detector. Es un hobby que me calzó justo”, destacó este cipoleño de 42 años.

Según la describe, es una sensación que hay que experimentarla.

“Te ponés los auriculares y te desconectás de todo. Sos vos y la señal del equipo que te va cantando lo que encuentra. Podés pasar horas y horas. Te das cuenta cuando se hace de noche y con los dolores en los brazos”, afirma.

Pero asegura que la satisfacción que se siente al concretar un hallazgo es inexplicable.

“Los primeros importantes que hice, al momento de sacarlo llegué a temblar de la emoción. Después ya te vas acostumbrando. Pero esa sensación de entusiasmo permanece. El médico me dijo que ayuda mucho al cuerpo la adrenalina que genera el encontrar algo que no sabes que es”, explicó.

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La salida, el asadito y a detectar

Hay una comunidad de “detectoristas”, como se denominan, y les agrada salir juntos a rastrear.

Tienen un grupo de watssap que se llama Patagonia Detectores y tiene cerca de 30 integrantes entre gente de la región y Comodoro Rivadavia. Pero creen que son muchos más, porque también hay buscadores solitarios.

Pablo asegura que “hay gente por todos lados detectando”.

En su grupo en general son personas mayores y algunos matrimonios. Habitualmente se juntan 4 o 5, eligen un lugar y parten a pasar el día.

“Nos comemos un asadito y detectamos un rato. Todo muy tranquilo”, resalta.

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No tan solo un hobby

Pero además de ser un pasatiempos relajante, cuenta Pablo que detectar también puede ser redituable, pues no es extraño encontrar objetos valiosos, como anillos y cadenitas de oro y plata o de acero quirúrgico, abundan en la actualidad, además de monedas de distintas épocas y denominaciones, llaves y otros accesorios personales. Y muchas tapitas de cerveza y gaseosas.

Sostuvo que el año pasado juntó todas las piezas de oro que había juntado y las vendió por casi 300 mil pesos. Mientras que este año salió en Pinamar y dos veces en el Pellegrini, y acumuló alrededor de 17 gramos de oro, por lo que estima que lleva poco más de $280 mil. Precisó que el gramo de oro 18 kilates en Buenos Aires se paga a $14 mil.

Mientras que lo que encuentran y no tiene valor lo retiran del agua, porque ese es otro objetivo de detectar: colaborar con el medio ambiente.

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Regular el aparato

Una de las claves es adquirir un detector de calidad “para no renegar”. Uno básico arranca desde los $250 mil pesos. Uno bueno y más eficaz más cerca de $600 mil. Como el que tiene Pablo, por ejemplo, que hasta se puede utilizar para bucear.

Luego es importante saber configurar el aparato para direccionar la búsqueda.

Otro factor importante es el tiempo que se le dedique a la búsqueda. A más, mayor, posibilidades de éxito.

Río de la Plata, la meca

En el país hay muchos lugares donde los detectores se regocijan. Uno de los favoritos es el río de la Plata y los playas entre Buenos Aires y La Plata, como Punta Lara. Es un balneario antiguo que desbordaba de gente a principios del siglo pasado.

“Allí siguen sacando mucho oro, sobre todo anillos con sellos antiguos, porque antes se usaba mucho el oro”, cuenta Sandoval.

Pero también esos sectores de costa se pueden hallar restos de naufragios.

En cuanto al mar dice que hay que conocer la dinámica del sector, porque sucede que tras una marejada la costa queda cubierta de arena y es poco probable encontrar algo. En cambio luego de otra tormenta el oleaje se lleva la arena, entonces puede a aparecer “de todo”.

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