"La gente estaba muy enojada y costó mucho serenarla"

El Flaco París recordó cómo se enteró de la movilziación popular.

Eduardo París recordó el Cipolletazo en un mano a mano con LM Cipolletti. El ex concejal aseguró que lo puso al tanto su madre de lo que sucedía en la Municipalidad, ese histórico día de septiembre de hace 50 años. Había vuelto a casa desde su trabajo en el frigorífico Valle Soleado y entonces se enteró. Arribó a la comuna justo cuando la multitud ingresaba en las instalaciones. En el lugar, fue uno de los que “ayudaron a salir” por la ventana “a estas personas”, como llamó a los enviados por el gobernador Figueroa Bunge para desplazar a Julio Dante Salto. “La gente estaba muy enojada y costó mucho serenarla”, señaló, y destacó el papel del ya legendario jefe comunal en la tarea de apaciguar los ánimos.

París expresó que el Cipolletazo fue un acontecimiento, además de histórico, “poético”. En su opinión, “todo lo que uno estudió, todo aquello con lo que uno se formó como aspiración, estuvo plasmado acá”. En particular, porque el pueblo supo estar “al lado de una persona que vos la veías en su máxima humildad siempre. Con una casaquita livianita en días fríos, a veces con un pedazo de pan en el bolsillo porque era lo que le permitía alimentarse porque atendía en los barrios, en las clínicas, en el hospital, y además de eso se ocupaba de los problemas sociales de la gente. Realmente un interpretador de la necesidad de un pueblo”.

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Así lo vio un vecino

Entre los anónimos pero igualmente fundamentales protagonistas del Cipolletazo, estuvo Saúl Vidal. En 1969 trabajaba en la empresa Agua y Energía y sabía de electricidad. Estallados los hechos, se iniciaba la resistencia. El sábado 13 de septiembre, es decir, el día después de que la comitiva mandada desde Viedma fuera desalojada del Municipio, la ciudad se enfrentaba al autoritarismo dictatorial. Por eso, por la noche, tuvo la misión, junto con un par de trabajadores más, de cortar el suministro. Lo hicieron en el barrio Santa Clara, en un punto clave, donde arrojaron una cadena a las líneas eléctricas. Gran parte de la ciudad quedó a oscuras.

A Saúl la lucha no le salió gratis. Fue detenido y enviado a una celda policial en Cinco Saltos. Estuvo dos días a la sombra. Un hermano tampoco resultó indemne y también fue aprehendido y, en su caso, trasladado a Allen. Pero el llamado de la historia era ineludible. “Toda la gente había salido a la calle”, recordó.

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