La ciudad cuenta desde ayer con un nuevo barrio

Unas 73 familias cipoleñas hicieron realidad el sueño de la casa propia.

Guadalupe Maqueda

maquedag@lmneuquen.com.ar

El viento rebelde que sopló ayer con muchas ganas no postergó más el sueño de la vivienda propia, ahora cumplido. Sobre una callecita interna del loteo conocido como ex Zoppi, la gente comenzó a amontonarse y rodear las casas de vivos colores, con olor a nuevo y rejas blancas, que serán el hogar de más de 70 familias. Vecinos apoyados sobre las paredes, como si marcasen territorio poco antes de recibir las llaves y al fin abrir la puerta, esperaban ese instante soñado.

“Ya tenemos preparado el camión de la mudanza. Nos entregan la llave y nos mudamos, sin luz ni gas, nos mudamos igual”, dijo Analía Alpis (35), una vecina y socia de la cooperativa Vientos del Sur que ayer recibió las llaves de su casa.

Ella es empleada de la Fundación Médica y desde hace cinco años que esperaba abrazar el sueño de la casa propia. Se muda con su marido y sus tres hijos de 14, 10 y 6 años. “Estamos felices, ahora mis hijos van a tener la experiencia de salir al barrio y jugar en la vereda”, acotó la mujer.

Una cortina de tierra envolvía el ambiente, pero fue más fuerte la alegría del momento, que arrancó una sonrisa y humedeció los ojos, y algunos cuantos lo congelaron en el celular con una foto o un video.

Carlos Arriagada (34) es un empleado de comercio que esperaba allí junto a su mujer y la hija de ambos, ansioso y casi sin palabras, pero muy seguro de lo que iba a hacer ni bien tocase con sus manos las llaves de su casa.

Como la vecina Alpis, el socio de la cooperativa La Nevada dijo: “Hacemos la mudanza y no perdemos más tiempo. Ya tengo la camioneta, tenemos todo embalado, cargo las cajas y nos venimos. No vamos a esperar los servicios. Es un sueño hecho realidad”.

María Rodríguez (34), de La Nevada, estaba muy emocionada porque esperó nada menos que diez años tener su casa y mudarse allí con sus dos hijos de 10 y 7 años. “Fue mucha la espera, pero la esperanza es lo último que se pierde y mis hijos están felices. Tendrán su patio y su mascota”, confesó.

Mientras pasaron los años, esta trabajadora llegó a conocer a muchos de los que serán sus vecinos, y ayer, con ese dolor de estómago que agarra cuando llega el momento tan esperado, estaba ansiosa de recibir las llaves. Ya tenía todo planeado, dónde poner las cosas de los chicos, las cortinas que le regaló una amiga y el pinito que le falta para estas fiestas.

Rafael Morales sostenía a su niño de un año y medio, mientras su mujer Johanna Miguelisse, ex empleada de la Fundación Médica, y sus otros dos hijos, de 8 y 11 años, compartían la emoción del momento. Hacía cinco años que habían entrado a la cooperativa Viviendas del Sur, pero la entrega de la casa se postergó muchas veces. “Y ya no veíamos la hora”, remarcó Morales, a lo que su mujer agregó: “Va a estar lindo. Hay amigos de la edad de mis hijos y es gente que ya conocemos”.

Son casas con dos dormitorios, un baño, una cocina que tiene lavadero integrado y una sala de estar-comedor, de 49 metros cuadrados. La inversión total para este plan de viviendas superó los 40 millones de pesos.

Temen que ocupen casas sin entregar

Ayer no todos los integrantes de las cooperativas recibieron sus casas. Algunos tendrán que esperar unos días más porque restan algunos trabajos en las calles. Por eso temen que en el interín haya una toma. “Mi miedo mayor es que se meta una mujer con hijos porque no la sacás más”, comentó una futura propietaria, mientras a su izquierda otra vecina asentía con la cabeza, aunque con mejor suerte que ella porque ayer recibía las llaves de su casa, y más lejos, un propietario comentaba que ese era el rumor que corría.

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