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Guillermo Cabella: de rudo zaguero de Cipo a psiquiatra multifacético

La vida de un apasionado. Dejó la ciudad en 1988, pero alienta desde lejos al club que identifica a Cipolletti. Hace radio y fue actor "de caradura", dice.

No fue de esos jugadores exquisitos ni se ponía colorado cuando había que despejar el peligro del área. Por eso no extrañaba que la pelota terminara en una casa vecina tras alguno de sus rechazos. Tampoco que la acción la padeciera algún rival.

“Era un picapiedra, pero jugué en Cipo, mi equipo, del que soy hincha”, resalta Guillermo Cabella (53 años), quien vistió la camiseta Albinegra de 1982 a 1987, de las divisiones inferiores a la primera.

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Se fue a La Plata en 1988, ni bien terminó el colegio secundario para estudiar medicina, y nunca más volvió.

Sin embargo, pese al tiempo y la distancia, su amor por la ciudad le resquebraja la voz, sobre todo al evocar a su papá, “el Pocho”, su mamá Toti (ambos fallecidos), su hermana Eliana, y el puñado de amigos que dejó aquí y conserva.

De aquella época aparece la Escuela 53 donde hizo el primario, el “Normal 5”, la pasión eterna por el rock and roll y la cabellera larga y libre como expresión de temperamento, que también mantiene.

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Tras graduarse, cumplió la residencia en el área de psiquiatría del hospital Eva Perón, en el partido bonaerense de San Martín. En 2001 se instaló en Viedma, de la mano de su esposa, Odra Di Liscia, también profesional de salud y oriunda de la capital provincial, donde nacieron Luana, a punto de cumplir 20 años, y Matías, de 14.

Allí Cabella trabajó en el hospital Zatti y en la Unidad Penal 12 (la cárcel federal), asistiendo a los presos.

Actualmente es médico auditor del Ipross, atiende en un geriátrico y como completó la especialidad legista, suelen convocarlo para realizar pericias judiciales.

Pero como es un tipo inquieto, además tiene una faceta artística que lo ha hecho trascender con mayor notoriedad.

Casi sin quererlo incursionó en el cine al protagonizar la película “El deseo de Domingo” junto a Max Berliner, actor y productor que falleció en 2019 a los 99 años, recordado por especialmente en el mundo de la publicidad.

Contó, con tono de pudor, que hasta lo han reconocido en la calle como “el hombre de la película”.

“Lo hice de caradura, pero quedó buena”, afirma entre risas.

Su otra incursión ha sido en la radio. Obediente al designio de su género musical que lo apasiona, conduce y produce “Rock con historia”, su programa de radio que lleva 20 años al aire y que se ha convertido en un clásico de la radiofonía de la comarca Viedma-Patagones.

La nostalgia eterna

“Extraño Cipolletti. Jamás perdí esa conexión y sigo en contacto con mis amigos de siempre. Román Darrieux; Jadi Badillo, el Negro Cerda, Aníbal”, menciona entre otros.

Cuando su trabajo se lo permite, se da una vuelta por la ciudad.

“Una vez llevé a mis hijos a mi vieja casa de la calle España (ahora es Juan Manuel de Rosas) para que conocieran. Para mi fue muy fuerte. También visitaron mi escuela y por su puesto la cancha de Cipo, antes de que sacaran el sintético. Ellos también terminaron siendo hinchas de Cipo. Imagínate, me escuchan ‘Cipolletti, Cipolletti, Cipolletti’, se terminaron contagiando, aunque nacieron en Viedma y son de Sol de Mayo como toda la familia de mi esposa”, relata.

“A mí no me importa Boca, River, Estudiantes. Yo soy de Cipolletti, hincha de mi ciudad. Eso nos ha dado identidad. Por eso somos lo más grande del sur”, resalta.

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Jamás se imaginó que podría ser parte de una película, pero lo fue. Lo convenció su amigo Fernando Scarfó, cineasta viedmense, a quien había conocido en sus años universitarios en La Plata.

“Un día me avisó que estaba escribiendo un guion. Me contó que era una historia de un abuelo con alzheimer y un nieto roquero que vivía en Viedma y trabajaba en el Estado. Me preguntó `¿me querés ayudar?´. Le dije que sí. Pensé que era por algo del alzheimer, que por la psiquiatría podía describir los síntomas”, recordó.

“Pero me preguntó si podía actuar, y le dije que sí, convencido de que era para hacer de médico de un geriátrico. Pasó el tiempo y un día me llama eufórico `¡ganamos, ganamos´!. Era un concurso del Incaa, que otorgaba aportes para filmar. Lo felicité, me vuelve a preguntar si iba a actuar. Le contesto de nuevo que sí, para la escena del psiquiatra”.

Cabella, sin embargo, terminó siendo el protagonista. “Es mi amigo y si un amigo me pide ir a Jujuy en carreta, vamos. Y así fue, le metimos para adelante”, resaltó.

Fue una experiencia que requirió de su predisposición. Cumplió con las normas de la actuación, maquillarse, vestirse. Pero además después de filmar se tenía que ir a trabajar. No olvida una escena en la que camina por el viejo puente ferroviario que une Viedma con Patagones que hicieron a las 3 de la madrugada. “De ahí me fui a llevar la nena a la escuela y después a laburar”, explicó.

El rodaje se hizo entre febrero y mayo de 2015. Participaron cerca de 100 extras, todos vecinos de la zona, con locaciones en distintos lugares de la capital rionegrina.

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