Especialistas se refieren a la problemática del suicidio y cómo prevenirlo

Ernesto Páez y Martín Álvarez le brindaron una entrevista a LMNeuquén y abordaron el tema. Desde su punto de vista, la regulación emocional debería formar parte de los contenidos educativos para colaborar en la prevención del trastorno del comportamiento suicida.

Por PABLO MONTANARO - montanarop@lmneuquen.com.ar

En la Argentina, el suicidio constituye una de las primeras cinco causas de muerte en la población en general desde la infancia hasta la ancianidad. Es por ello que el psicólogo y psicopedagogo Ernesto Páez y el especialista en neuropsicología Martín Álvarez, integrantes del programa de prevención, atención y posvención del suicidio de la Fundación Manos Unidas por la Paz, estuvieron en Neuquén, donde realizaron una jornada para abordar la prevención del trastorno del comportamiento suicida.

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—¿Se puede identificar algún rango etario de la población que sufre el trastorno del comportamiento suicida?

Martín Álvarez: En nuestro país, como en el resto del mundo, la franja etaria más delicada y que tiene mayor incidencia está entre los 15 y 34 años. Debemos tener en cuenta que el trastorno de comportamiento suicida va desde los 5 años hasta la ancianidad.

—¿Cómo prevenir estos trastornos?

MA: No hay una sola causa que produce el trastorno. En su mayoría identificamos la última causa: se quitó la vida porque lo dejó la pareja, se quitó la vida porque se sacó malas notas en la escuela, se quitó la vida por violencia familiar. Pero, seguramente, esa persona tiene una baja autoestima y dificultades para afrontar las emociones. Hay que prestar atención y hacer una consulta en salud mental a partir de ciertos indicios, como cuando las personas se retraen o pasan a ser introvertidas.

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—¿Las crisis económicas como la actual también son causales de suicidio?

Ernesto Páez: Es un factor predisponente no determinante, porque algunas situaciones pueden surgir más que otras y que hagan que el suicidio se haga presente en esa persona.

—¿Cuánto tiene que ver la autoagresión de una persona?

MA: Cualquier conducta autodestructiva es un indicador; por ejemplo, el consumo problemático de sustancias, el exceso de tatuajes y piercings. Lo que debemos tener en cuenta es que el trastorno del comportamiento suicida es una autoagresión. En ese sentido, el piercing, el tatuaje excesivo son formas que la persona utiliza para ir lastimándose de a poco. Todo suicidio se programa.

—¿Cómo pueden colaborar en la prevención las instituciones educativas?

EP: Los trastornos del comportamiento suicida en sus formas de intervención no solo tienen que tener una mirada interdisciplinaria, sino intersectorial. El sistema educativo tiene un rol importante sobre todo en la detección temprana que ayudará a salvar vidas. Por otro lado, es necesario que la población tenga conocimientos específicos sobre esta situación que viven muchas personas. Teniendo en cuenta esa mirada podemos visualizar un tratamiento, una asistencia, un acompañamiento específico. Frente a esto la escuela tiene mucho para hacer además de generar espacios de reflexión apuntados a la prevención, a la pedagogía emocional y a la resolución de conflictos orientados a trabajar el tratamiento de las emociones.

MA: La escuela es el mejor ámbito para la detección y prevención. La escuela y los sistemas educativos deberían empezar a trabajar en lo que es la educación emocional y la regulación emocional como parte de los contenidos, a los efectos de generar también la prevención en el trastorno del comportamiento suicida. Si la escuela introduce la resolución de conflictos en forma pacífica permitirá que la persona aprenda a resolver los conflictos, que es una de las debilidades que tiene el suicida, porque no sabe tratar ni resolver los conflictos.

—¿Los retos suicidas son una de las modalidades que acechan en las redes sociales?

MA: Juegos como la ballena azul y Momo, entre muchos otros, están relacionados a conductas autodestructivas. Lo más importante en este punto es cómo introducir, por ejemplo en el ámbito educativo, un espacio donde la tecnología y las redes sociales sean parte de la dinámica pedagógica.

EP: Lo importante es detectarlo y tener un adulto atento. A veces los adultos lo primero que hacemos es juzgar, decir que eso está prohibido. En realidad, tenemos que preguntarle al chico qué vio y poder ayudarlo y decirle que ese material es nocivo. Enseñar la autoprotección, eso es educar en el uso responsable de las redes sociales.

—Por otro lado, ¿las redes también pueden ser el medio para detectar el comportamiento suicida?

MA: Las nuevas formas de comunicación tenemos que incorporarlas para detectar e incluso diagnosticar el trastorno del comportamiento suicida. Antes la persona que tenía comportamiento suicida dejaba una nota escrita, actualmente esas notas están puestas en Instagram, Facebook y otras redes sociales donde la persona deja un mensaje o una foto con una mirada particular. Se trata de integrar a las redes, de establecer puentes de comunicación para ayudar a las personas.

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