El Tropezón y su historia tienen los días contados
Otro pedazo de la historia de Cipolletti parece tener sus días contados. El edificio del viejo almacén de ramos generales El Tropezón, ubicado en Rivadavia y Mariano Moreno, tendría sus días contados, llevándose recuerdos de los primeros años de la ciudad. Se cuenta que hasta el famoso bandido rural Juan Bautista Bairoletto, el legendario Robin Hood criollo, supo frecuentar el establecimiento.
Algunos trabajos que se están concretando por estos días en el lugar llamaron la atención de algunos vecinos. Entre ellos, del titular del Museo Provincial Carlos Ameghino, Carlos Muñoz, quien al ver las actividades sintió vivo interés y dolor por el posible desenlace.
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En su institución hay fotos antiguas de la vetusta construcción y también de su propietario, don Juan Bautista Arévalo, cuyo apellido da nombre al barrio en que se encuentra el almacén.
No conforme con haber observado los trabajos en el inmueble, el funcionario conversó en el lugar con una integrante de la familia Arévalo, quien le dijo que se estaba sacando parte del techo que estaba en muy mal estado.
Pero, además, le expresó que en no mucho tiempo más "será tirado abajo prácticamente todo" para darle al sector otro destino. Lamentablemente, El Tropezón nunca fue declarado monumento histórico de la ciudad ni recibió atención pública por ninguna gestión de la comuna.
Muñoz, que en el museo cuenta con un área histórica de Cipolletti, expresó que en el antiguo comercio se abastecían los pobladores de una amplia zona de Río Negro y Neuquén, por entonces territorios nacionales. Los carreros llevaban cueros, charqui, leña y otros productos y los canjeaban por azúcar, yerba mate, harina y algunos vicios, como bebidas alcohólicas para ayudar al alma y combatir la soledad.
El propio Bairoletto se solía hacer una escapada al lugar, en el curso de su vida aventurera, perseguido por una ley que entonces, como ahora, no era muy justa.
Los dueños del local también tenían un carro tirado por caballos que participó haciendo suministros durante la construcción del dique Ingeniero Ballester.
Muñoz, un luchador contra las fuerzas del olvido, no ocultó su pena por el destino de una huella más del pasado que se perderá.
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