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El drama de los cipoleños inundados que buscaron refugio en una escuela

Hay una pareja de policías que lo perdió todo. Un abuelo solo que no tiene adonde ir. Una familia completa del paraje Santa Elena que salió con lo puesto. Son los evacuados en la Escuela 366. Algunos testimonios.

Son las 9.30. Algunos vecinos están desayunando. Otros duermen tendidos sobre un colchón, al abrigo de una manta y en un aula que se convirtió en habitación para transitar la contingencia. No es su casa, pero ahí están seguros, frente al verde de un pizarrón. Es una escuela, la 366, que fue acondicionada por el Municipio como centro de evacuados.

Dejaron todo cuando el agua avanzó sin piedad sobre lo mucho o poco que tienen; y ahora se preguntan cómo van a salir adelante. Lo más probable es que busquen refugio en la casa de algún pariente hasta que el agua drene por completo y puedan volver a sus hogares.

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Llegaron al centro de evacuados anoche, después de las 22, prácticamente con lo puesto. Sobre algunos bancos de la escuela acomodaron la ropa que pudieron llevarse y nada más. La mayoría descansa y recupera fuerzas. Pasaron miedo, zozobra.

En un aula devenida en habitación, hay una pareja de policías que dice que está en situación de calle. Thelma Aguilar (32) trabaja en la Comisaría Cuarta y Jonathan Frego (33), en la Caminera de Cipolletti. Viven en una chacra, sobre calle Rimmele. Allí, levantaron una casita muy precaria a cambio de cuidar la propiedad de un tercero. Anoche, cuando las condiciones climáticas se intensificaron, tuvieron que ser evacuados.

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"Se nos colapsó el techo de nylon que tenemos y perdimos todo. Teníamos 20 centímetros de agua adentro de la casa y seguía cayendo. Se nos mojó todo", dijo Thelma; y su pareja acotó: "El techo parecía una canilla".

Son de Viedma, y hace poco fueron trasladados a esta ciudad para ejercer su trabajo de policías. Dicen que no tienen aún acceso a una vivienda oficial, aunque lo pidieron reiteradas veces. "La Policía conoce nuestra situación, necesitamos una ayuda", expresó Thelma. Mientras tanto, desayunan sobre un pupitre de escuela.

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Su pareja, Jonathan, fue uno de los efectivos que el viernes pasado ayudó a una mujer embarazada que se desangraba. Junto a otro compañero, abrieron camino en la Ruta 22 para que pueda llegar lo más rápido posible al hospital Castro Rendón, donde el personal de salud ya la estaba esperando con una camilla. Afortunadamente, esos minutos de tiempo que ganó a su favor, gracias a la colaboración del personal de la Caminera y los médicos, fueron claves para que ella salvara su vida y a la de su beba de 32 semanas de gestación.

Jonathan recuerda el episodio que marcó su vida y por algunos instantes se olvida de la desgracia por la que hoy está atravesando. "Fuimos a los silbatazos por la ruta porque no teníamos sirena para hacerle acompañamiento", comentó.

Los tres hijos de Thelma, de 19, 17 y 10 años, permanecen en la casa de una abuela. Mientras tanto, esta pareja de policías evalúa qué hacer para salir de la contingencia. "Es muy triste volver a nuestra casa, porque perdimos todo. Pero la realidad es que no tenemos donde ir", manifestó Thelma. "Dejamos todo en manos de Dios", agregó Jonathan.

De una silla escolar cuelga su uniforme de policía. Salió con su pareja prácticamente con lo puesto; y así están, guarecidos en una escuela sin certezas respecto de lo que pueda acontecer en más.

Afuera del aula que ocupan hay un abuelo sentado en un banco, en el pasillo de la escuela. Viene del Barrio Obrero A. Se llama Luis Alfredo Giménez y está solo. Toma un mate, come un sandwich y su deseo es compartirlo con otros. "Voy a esperar a que pase la lluvia. Acá estoy bien. Me falta el cigarro nomás. No lo puedo dejar", confesó.

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El abuelo fue otro de los vecinos a quien tuvieron que rescatar en las horas más críticas de la tormenta. Contó que se "pinchó el nylon de mi casa, arriba"; y que se le inundó todo. "Tuve miedo, si, quería salir", afirmó.

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A pocos metros de él hay una familia oriunda del paraje Santa Elena. Una pareja joven, de 22 y 23 años, con dos hijos pequeños y un hermano de 15. También desayunan una infusión con galletitas que mojan en unos vasitos de cumpleaños. La mamá nos habla de su calvario, mientras ayuda a su pequeña de un año a comer.

Llamaron a la Central de Emergencias, alrededor de las 19 del martes, pero advirtió que fueron por ellos recién a las 22. "Nadie nos quería ir a buscar. Finalmente, fue Lila (Calderón) -la dirigente social del Barrio Obrero- y nos sacó en una camioneta", contó Roxana Sepúlveda.

También se les llovió todo en su casa. El agua les llegaba casi a la rodilla y necesitaban salir de alguna forma. "Yo lloraba por no tener algo bueno para vivir con mis hijos, porque mis hijos estaban todos mojados y llamábamos al 109 y no nos daban bolilla", señaló.

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Llegaron a las 22 del martes y, luego, advirtió que comenzó a caer "una banda de gente" a la escuela que opera como centro de evacuación. "Es la primera vez que nos evacúan", agregó.

En el transcurso de la jornada de hoy iban a tratar de reubicarse en la casa de un familiar, como probablemente haga la mayoría de los cipoleños inundados que fueron evacuados en la escuela. En total, 10 adultos y 5 menores edad; más otros tres en el Club San Martín.

Roxana necesita material calcáreo para rellenar su casa y atravesar otras tormentas más preparados. "También frazadas para taparnos", concluyó.

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