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Desapareció el 57% de las tierras productivas cipoleñas

En la mayoría de los casos, las chacras dieron paso a nuevos barrios.

En la época de apogeo de la producción frutícola, en Cipolletti eran más de 7000 las hectáreas productivas. Pero esa realidad cambió de manera abrupta en los últimos años, quedando sólo 3000, es decir, un 57% menos.

Recorriendo la geografía cipoleña se puede observar el avance urbanístico sobre las chacras. Las construcciones le fueron ganando territorio a la fruticultura.

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Los años de decadencia en la economía más importante del Alto Valle fue determinando que los productores fueran vendiendo sus tierras, generando enormes loteos. Además, en la mayoría de estos casos las nuevas generaciones se dedicaron a otras actividades, totalmente diferentes a la producción de peras y manzanas.

En otros casos, los productores dejaron de realizar las tareas culturales. El tema de los altos costos, la no venta de la fruta o si lograban encontrar un comprador el precio final no cubría los gastos y año tras año iban a pérdida y se desfinanciaban. O el factor del tiempo les jugaba en contra, alguna helada o caída de granizo.

3000 son las hectáreas que aún quedan produciendo.

En el momento de mayor apogeo de la actividad frutícola en el Alto Valle, Cipolletti contaba con más de 7000 hectáreas productivas. La necesidad económica y la falta de interés de las nuevas generaciones por la actividad fueron modificando la postal de la ciudad.

Poco a poco el verde paisaje de la producción rural se fue perdiendo para pasar al color triste del abandono. Plantas que en algún momento dieron frutos quedaron inertes, sin vida, y de allí a la desaparición fue cuestión de un corto tiempo.

Quedó demostrado que no hubo reconversión frutícola. Aquellos que arrancaron las plantas, las espalderas, nunca más regresaron a esta actividad. Algunos fueron por la alfalfa, otros por grandes huertas, alquilaron sus chacras o directamente se enfocaron en otros emprendimientos, como son las canchas de fútbol para los torneos amateurs que en la región son furor durante todos los fines de semana y dejan un importante rédito económico.

Abandono y peligro sanitario


Eduardo Artero es un reconocido chacarero frutícola de Cipolletti y es, a su vez, titular del Consorcio de Riego de la ciudad. Conoce bien cada punto productivo de la ciudad y viene marcando desde hace muchos años la caída de la actividad.
"Hay muchas chacras abandonadas; no es de ahora, algunas desde hace 4 o 5 años. Los productores no pudieron continuar trabajándola y allí quedaron. Esto, además de ser una pérdida para el sector, trae aparejado problemas sanitarios porque al no ser erradicados estos montes las plagas proliferan y pasan a chacras en producción", explicó Artero.
Luego remarcó que "muchos arrancaron los frutales buscando otras alternativas. Pero, por ejemplo, no es sencillo colocar alfalfa. Otros eligen la verdura o, como está pasando ahora, sacan las plantas y arman canchas de fútbol, lo que no sé si se puede porque está en zonas productivas. Es un tema para la Municipalidad y el Concejo Deliberante". Agregó también que en el último tiempo ya ni se puede vivir en zonas productivas porque muchos organizan fiestas privadas en las chacras, aprovechando la lejanía del centro y predios cerrados. "Hay que clarificar qué es rural y qué es urbano", dijo.

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