Omar Perales, a 50 años de un gol icónico en la historia de Cipolletti
Omar Vicente Perales no es un jugador más en la historia del Club Cipolletti. El "7" del Albinegro, fue el encargado de patear el último penal para ascender al Nacional en 1973 y poner al Capataz de la Patagonia en la primera división del fútbol argentino.
Este sábado se cumplen 50 años del día en que la Visera de Cemento tuvo a más de ocho mil almas aguardando ver a Cipolletti dar un paso más. La final aquella tarde se disputó ante All Boys de Santa Rosa y luego de empatar en 0 en los 90, hubo que definir desde los 12 pasos.
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La definición se llevó a cabo en el arco que da hacia la calle O'Higgins. Julio Felipe Luna, arquero del local, ya había hecho su trabajo conteniendo los dos primeros penales de los pampeanos. Néstor Michellini había malogrado para el Capataz y la definición quedó en los pies de Perales. “Fue el momento más difícil, ellos habían errado los dos primeros y tuvimos la mala suerte de que a Michelini le atajaron el penal. Estábamos un tanto arriba. En la nómina de 5 me tocó último”, recordó en el mano a mano con LM Cipolletti.
Eran las 17:25 cuando Perales puso la pelota en el punto penal y tomó carrera para ejecutar. Tenía la chance de finalizar la serie, en caso de errar, la definición quedaría empatada y se tenía que dar en La Pampa. “Cuando tiré el penal, yo lo escuchaba a Cadelago que transmitía. 'Va a ejecutar Perales son las 5:25', decía. El árbitro Coradina, que estaba a mi izquierda, vino y me dijo algo que nunca voy a olvidar. 'Perales, si usted convierte se termina la serie acá'. Había que hacerlo sí o si. Si no, no clasificábamos”, contó con emoción.
El tanto del delantero erizó la piel de los protagonistas, el cuerpo técnico y la hinchada fiel del Capataz: “La cancha estaba llena, si pasaba una mosca volando se escuchaba, creo que a la gente hasta le costaba respirar. Era pato o gallareta: 'tiene que entrar', pensé”.
El palo bendito
En frente de Perales estaba Elías Amián Galant, arquero de All Boys. De físico imponente, fornido, que hacía ver pequeño el arco de La Visera. Por esa razón, el "7" de Cipo sabía que tenía que elegir bien a donde iría el remate. “Un arquerazo y encima grandote. Dije, 'le pego a un palo, abajo fuerte', pero se me fue demasiado fuerte. Le pegué al palo abajo en la base, la pelota se enredó en la red y queda estacionada en la derecha”, relató sobre la ejecución.
Omar Vicente Perales tiene una tradición cada vez que ingresa al campo de juego del estadio. Con todo el amor del mundo besa y le agradece al palo izquierdo del arco que da a la calle O'Higghins. Aquel poste que en la tarde del 19 de agosto de 1973 jugó a favor después de que la pelota impactara en él. “Cuando entro siempre lo beso, este me salvó. Ojalá convierta muchos goles Cipolletti”, deseó.
Un festejo accidentado
La euforia por haber conseguido el tan ansiado ascenso desbordó a Perales, que después del gol rápidamente emprendió su carrera a los gritos hacia los bancos de suplentes. En el camino, un fanático lo tomó del cuello y lo dejó inconsciente. “Salí corriendo y cuando iba llegando a la mitad de la cancha me agarró uno del cogote y quedé desvanecido. Me desperté en el vestuario, estuve como una hora ahí. Cuando salí estaba toda la gente”, contó del momento en que recuperó el conocimiento.
Aún estaba en la camilla cuando despertó después del incidente, la preocupación se trasladó también al rival. Tal es así que Perales no se olvida del gesto que tuvo el presidente de All Boys de La Pampa. “Cuando desperté estaba al lado mío el presidente de ellos, Marinelli. El tipo estaba preocupado porque me habían llevado mal. Me desmayé por la emoción y el festejo. No me paraba nadie por la alegría y la desesperación. Lo voy a recordar toda la vida”, sumó.
La alegría y los festejos se trasladaron a las inmediaciones de La Visera. Era tanta la cantidad de vecinos e hinchas que querían ver y estar con el plantel que las pocas cuadras hacia el hotel se hicieron largas. “Nosotros vinimos caminando, concentrábamos en el Hotel Nogaró, ahí teníamos toda nuestra ropa. Pero para llegar de la cancha al hotel, que eran cuatro cuadras, tardamos media hora. La gente estaba desesperada esperándonos, daba vueltas en caravana por toda la ciudad”, mencionó sobre la hinchada.
Cipolletti, su hogar
Perales comenzó su vínculo con el Club Cipolletti a los 11 años. A partir de allí recorrió las inferiores, le dio el ascenso al nacional y lo jugó enfrentándose a Boca, River e Independiente, entre otros grandes del país. “Para mi es todo, yo mi carrera la hice acá. Tenía 11 años cuando empecé a jugar. Me retiré a los 32 satisfecho porque jugué un Nacional. ¿Qué más iba a pedir? Ya estaba hecho. Estos colores son tradicionales”, afirmó sobre el Capataz.
Omar, portador de la "7" en aquella tarde del 19 de agosto de 1973, paradójicamente comenzó su carrera jugando como marcador de punta. Un técnico en las divisiones menores necesitaba a un delantero para un partido y allí fue él. Desde aquel momento ocupó ese lugar en el campo y se vistió de gloria con los colores blanco y negro en el corazón.
Trabajo realizado por Juan Pablo Andrez (periodista), Anahí Cárdena y el equipo de LM Play
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