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Cirujano pionero en estas tierras: el doctor Armando Novoa

Un profesional dedicado a la cirugía, de bajo perfil, labor silenciosa y excelente prestigio desde Villa Regina hasta San Martín de los Andes. Su hija Adriana siguió sus pasos.

El doctor Armando Novoa nació en Capital Federal el 14 de septiembre de 1916. Era hijo de Eduardo Cayetano Novoa, madrileño y de infancia difícil: fue criado en la Casa de Niños Espósito ya que lo habían abandonado siendo un bebé. Su nieta Adriana recordaba hace años, cuando la autora de esta nota le realizó la entrevista, que a su abuelo lo encontró un diácono en la puerta de la capilla.

La familia tiene el acta escrita en castellano antiguo, donde se detalla cómo se encontraba el abuelo cuando fue tomado por la iglesia. Todavía muy joven, 8 años, fue encontrado por su tía y su madre, con la que vino a la Argentina; su primer empleo fue de cadete en una mercería.

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Se casó con Enia Gatinoni y tuvieron 3 hijos: Armando Eduardo, Alberto y Roberto.

Armando estudió medicina en la UBA en las épocas en que tenían tutores: se recibió y comenzó a trabajar allá.

Conoció a Yolanda Francisca Scuderi, hija de sicilianos y maestra, con la que se casó y tuvo 5 hijos: Beatriz, nacida en Buenos Aires, Eduardo, Gustavo, Marcela y Adriana, que siguió los pasos de su padre y estudió medicina también en la UBA. Ellos le dieron varios nietos y bisnietos.

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Su arribo al valle

Armando Novoa llegó inicialmente a trabajar a la ciudad de Allen como médico general en 1948. En 1949, todavía en Allen, se contactó con el hospital neuquino por medio del doctor Castro Rendón; gracias a ese acercamiento se vino a trabajar a Neuquén: su primera casa la tuvieron en Santiago del Estero y Roca.

Cuando en la década del ’50 se produjo la epidemia de polio, Armando y familia se volvieron a Buenos Aires, donde nacieron las dos últimas hijas.

En Buenos Aires trabajó en el Policlínico Ferroviario. Se formó en el Servicio de Cirugía del doctor Vepo. Al regresar a Neuquén en 1960, comenzó a trabajar en el Hospital. Fue médico de los ferroviarios antes de que se creara el ADOS. Vivieron en la casa que había sido del doctor Parodi en la calle Salta, entre San Martín y Juan B. Justo. Allí puso el consultorio que atendía cuando salía del hospital. Fue socio fundador del Policlínico Neuquén. Falleció el 28 de marzo de 1981.

Ha quedado en el recuerdo de todos por su perfil bajo: no le gustaban los cargos directivos, la alta exposición. Su hija recordaba que sus pacientes le pagaban la consulta con cajones de fruta, con pollos, conservas.

Sus amigos fueron el doctor Natalio Burd, con el que tuvo el consultorio en la calle Rioja. Hoy, el hospital de Centenario lleva su nombre. También el doctor Enrique Zabert, el doctor Osvaldo Pianciolla, entre otros.

Sus amigos de la pesca eran: el doctor González Gonzalito, anestesista, el doctor Eugenio Pereyra; el doctor Orlando del Pin; el doctor Chanampa; el doctor Ramón, padre, el doctor Enrique Benedetti, entre otros.

Recuerdos imborrables

Cuando realizamos la entrevista, su hija Adriana tenía en su hogar los libros de medicina con los que su padre estudió y que ella misma consultara en sus estudios de la carrera mencionada.

Y que tuvo la suerte de compartir un año de trabajo con su padre en el Policlínico. Nos contaba que a su padre le gustaba escuchar música clásica mientras estudiaba y que “el doctor Orlando del Pin propició la publicación de la historia de la cirugía neuquina, un homenaje de Revista de la Sociedad de Cirugía del Comahue, en donde se lo agasajó a mi padre.”

Adriana estuvo a cargo del Quirófano como especialista en Mastología, en el Hospital Castro Rendón. Falleció en diciembre de 2020, luego de una prolífica labor en el mencionado hospital. Este nuestro reconocimiento a su importante desempeño.

Asimismo, vayan estas humildes líneas como homenaje a Armando Novoa y su hija, doctores de extensa labor que quedó grabada en las generaciones posteriores que siguieron su camino: el de una medicina incondicional, comprometida con los pacientes y solidaria, en un Neuquén en el que todavía quedaba mucho por hacer.

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