Pasados de Copa: Las locuras de los futboleros en la esquina mundialista de Cipolletti que está de estreno
Marcelo, un apasionado de la selección, amplió la obra en la puerta de su casa, que ya tenía los murales de Messi, Maradona y Kempes. De rezos, abrazos con la pared y lágrimas…
La disputa del Mundial 2026 inspiró a Marcelo Muner a culminar su obra albiceleste en la transitada y cada vez más pintoresca esquina de Teniente Ibáñez y Sáenz Peña, en pleno Cipolletti.
Allí donde “el desfile de gente para sacarse una foto es incesante”, este futbolero de ley le puso aún más color y terminó de darle forma e identidad a la intersección de los murales.
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“Pintamos las tres estrellas y le pusimos el nombre al lugar. No solo con la intención de decorar la esquina sino para que los vecinos se lleven su recuerdo. Desde que se pintó, en el Mundial pasado, todas las veces que salgo afuera siempre hay alguien tomándose imágenes”, explica con regocijo este fana de Cipolletti y de San Lorenzo de Almagro.
La pasión no tiene nombre
Tras barajar distintas opciones, surgió Coronados de Gloria la expresión que finalmente se impuso a la hora de denominar a esta suerte de “santuario del fútbol”, como lo describe quien se define como un “enamorado de la selección y por eso le dediqué las paredes”.
Y al repasar las simpáticas anécdotas, que siguen surgiendo de a montones, justifica lo que puede parecer una exageración: “En las noches, cuando vienen los muchachos del centro, lloran, se abrazan al Mural del Diego... Quizá con alguna copita de más. Gente que se emociona y la toma como referencia. También están los que le rezan a los ídolos, en especial a Maradona”.
¿Cómo es eso? “Te lo juro, por ejemplo una señora que pasaba en moto todos los días me confesó que ella le pedía al Diego por su mamá, que la tenía internada y dice que salió adelante. Fue muy emocionante para mí”, asegura dejando incrédulo a su interlocutor.
En una clara muestra del boom alcanzado, revela que “a Luciano, el autor, le ofrecieron pintar el mismo mural en otros puntos de la ciudad” .
Negocio copado
Marcelo fabrica todo lo relacionado al cotillón de la selección. Desde gorritos, a banderas, las clásicas cornetas y desde luego las camisetas de la Scaloneta.
Destaca el respeto y la empatía de los vecinos hacia su vistoso espacio, al que cuidan entre todos y lo hacen propio. “Pasaron 3 años y medio de que lo empezamos y no lo ensucian, no lo rompen, quiera o no hay un sentimiento que se comparte”, celebra.
La pregunta antipática
“¿Maradona o Messi? No los comparo, admiro a Messi, lo quiero, pero el Diego es mi debilidad. Con mis amigos somos contemporáneos a los 3 Murales, esto es historia pura y ellos son parte de la historia, porque tampoco hay que subestimar al Matador Kempes”, responde la pregunta más antipática al tiempo que un abuelo y su nieto piden permiso para retratarse con Leo.
“¿Cómo la veo a la selección en el Mundial? Al principio tenía mis dudas hoy por hoy estoy más esperanzado que nunca”, se despide para atender a un cliente. Claro que sí. Vamos por la cuarta. Para seguir Coronados de Gloria.
La historia de una esquina de selección
Años atrás, el compañero Luis Uribe supo contar la historia completa de Marcelo, Luciano y de esa esquina que emana pasión. Aquí la recordamos textual:
“Apasionado del fútbol y fanático de Cipo, se dijo a sí mismo que si Argentina ganaba el mundial, pintaría a los dos más grandes jugadores de la historia en los paredones de su propiedad.
Hizo algunas consultas, pero no les cerraban las ideas propuestas. Hasta que arrancó la competencia y como forma de aliento decoró la fachada con los colores celeste y blanco, a la vez que exponía algunos artículos con el mismo motivo que puso en venta.
Una tarde se presentó Luciano Rodríguez. Dijo que era artista y que le encantaría pintar al Diego, y que esos muros lo llenaban de inspiración.
“Cerraba todo. Por algo pasan las cosas”, destacó Muner.
Así, Luciano comenzó a dibujar la cara del “D10S” y tras algunas de semanas de trabajo apareció la figura con un realismo admirable. Para esto la selección de Scaloni había superado la derrota del debut y avanzaba en el campeonato con su juego arrollador.
Ni bien Lio levantó el trofeo máximo llamó al artista para que completara la obra con la actual figura del PSG. Así lo hizo y también, con un parecido asombroso. Posteriormente pintó las tres estrellas que grafican los logros.
Desde entonces la esquina es un boom. Decenas de personas paran a tomarse fotos y hasta van especialmente para eso. Días atrás sorprendió a Muner un ecuatoriano que no ocultaba su fascinación por la obra de Maradona. “Muy chévere”, no paraba de manifestar con su típico acento. El muchacho vive en Miami y anda de paseo con su pareja venezolana que tiene a su madre aquí en Cipolletti.
Pero además cotidianamente pasan cosas. Durante las madrugadas se suele escuchar a los jóvenes que andan de fiesta y emprenden el “Muchaaachos”. Otra vez Marcelo esculló sollozos en el exterior y cuando salió se encontró con un hombre arrodillado en la vereda llorando a moco tendido. “Gracias, Diego, gracias”, exclamaba con tono de llevar unas copas de más.
Un artista que gana notoriedad
Luciano es oriundo de Cipolletti, tiene 41 años y su veta artística la descubrió de chiquito. Recuerda que en la escuela 305, donde hizo la primaria, comenzó a dibujar y siempre recibía felicitaciones.
Pero al seguir el secundario, en el colegio Belgrano, hubo un episodio clave que significó un giro en su vida.
Cierto día presentó un trabajo que le habían pedido en Plástica y la profesora quedó impactada. Le dijo que tenía un gran talento, y que lo debía explotar. Esas palabras le quedaron marcadas para siempre. Cursó un año en la escuela de Bellas Artes de Neuquén, pero por cosas de la vida abandonó y comenzó a trabajar en un supermercado. Aunque la pasión pudo más y diez años después renunció para dedicarse de lleno a la pintura.
“La vida de artista es difícil, más acá”, admiten al referirse a la cuestión económica.
Pero como dijo Muner, “por algo pasan las cosas”. El mural de Maradona que causa tanta admiración le permitió que Susana Aparicio, compañera del secundario y odontóloga de profesión, lo contratara para realizar dibujos infantiles en sus consultorios.
“Confió en mi trabajo y me abrió una gran puerta laboral”, resaltó.
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