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El Cabezón Giacosa: del recuerdo del exitoso Cuero Krudo, al folclore y el tango

Uno de los ex dueños de la emblemática zapatería y apasionado del folclore y el tango, repasa su vida y se refiere a su presente. ¡Qué personaje!

Cuenta que en la calle no lo saludan como Carlos, ni siquiera por su popular apodo Cabezón: “me dicen ¿cómo anda don Cuero?, así me reconocen aún hoy”…

Es que generaciones de cipoleños compraban el calzado en la zapatería denominada Cuero Krudo, la cuál tenía varias sucursales en la ciudad, y no lo olvidan.

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Muchos vecinos, a la vez, disfrutaron de su voz y guitarra en las peñas de folclore y boliches de Cipolletti y la región. Y actualmente sigue deleitando con su canto en la Banda Municipal.

Comerciante histórico, folklorista apasionado, tanguero de los buenos. Quién no lo conoce a Carlitos Giacosa, que repasa pasado y presente en una nota en la que demuestra que a los 80 años está sumamente lúcido y con ganas de seguir disfrutando la vida.

Golpes duros y muchos recuerdos

Esa vida que en medio de los exitosos emprendimientos laborales y de tantas noches a pura bohemia también supo golpearlo duramente con la muerte de su ex mujer Esther y la de uno de los tres hijos de ese primer matrimonio, el recordado Falu.

Logró rehacer su vida junto a la incondicional Edith, con la que tuvo otras dos hijas y hoy disfruta también del amor de sus nietos.

“Lo último que hice antes de jubilarme fue vender galletitas. Pero claro que todos me recuerdan por las 4 ó 5 zapaterías Cuero Krudo que tuvimos junto a otros 2 ó 3 socios. Recuerdos hay muchos, de clientes, de viajantes amigos, de lo que se movía el negocio”, asegura con inocultable nostalgia.

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La confianza que existía entre el empresario y el público consumidor, el valor de la palabra empeñada, es algo que lamentablemente se perdió y se extraña.

“Era una época en la que con los proveedores se arreglaba de otra forma, ‘mándame cheque a 90, 180 días…’, nos daban esas facilidades. Al cliente le decías ‘págame la mitad’, se fiaba. No había problema ni de pago, ni de plata. Creo que en tantos años y locales, solo no me pagaron dos pares de zapatos, con eso te digo todo”, marca las diferencias en su contacto con LM Cipolletti.

Su época fue la del “mocasín, la de los zapatos Grimoldi y tantas marcas de nivel. Teníamos zapaterías grandes y otras chicas en paralelo, zapatillas, calzados de plástico. Nos complicó un poco cuando llegó una firma brasileña Piccadilly, nosotros teníamos el zapato a $ 100 y ellos a $ 20, ponele. Eso nos jodió”, reconoce al repasar su extensa trayectoria en ese rubro.

Miles de kilómetros recorridos con un 608 “desde Villa Regina a Zapala”, repartiendo “materiales para zapateros, suelas, cemento, goma, plantilla. Eran 5 gallegos, 5 italianos y 90 chilenos los comerciantes de esa época. Y otro dato, antes andabas solo por la ruta y no había nada, ni redes sociales, ni siquiera celular, olvídate”.

Qué hizo con la plata

“Cuando se disolvió la sociedad, nos repartimos el dinero y casi que salimos hechos. Creo que con mi ex mujer que falleció habíamos puesto en una lata 40 mil dólares, 20 mil para cada uno y yo me fuí al norte de Italia para conocer donde había nacido mi padre, 40 días en Europa estuve. Me la reventé toda jaja”, rememora, entre risas, el destino que le dio al dinero.

El suyo fue uno de los negocios emblemáticos de la ciudad: “Teníamos 20 ó 21 empleados, impresionante”.

El folclore y el tango

Siempre con la guitarra en la mano, animando numerosas veladas, cantor histórico. “Anduve por las peñas, me conocen mucho”, explica agradecido este querido folclorista.

De manera casual, casi sin buscarlo, llegó la chance en el tango. “Un amigo de guitarrero cantor me dijo un día ‘hace falta un cantor de tango’ y así empecé, de audaz nomás. Actualmente integro la banda municipal. Y tengo siempre mis dos guitarras, la criolla y otra de electroacústica. Me he presentado en Cipolletti, en Neuquén, en Roca, más que nada por hobby. También hemos ido a Bariloche, a Salta, hasta, Bariloche, en Colonia Suiza con fiesta del curanto”, señala.

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Hace cinco años sufrió un ACV que “me dejó una pata media chueca pero de la voz y la mente estoy intacto, las letras me las acuerdo, la cabeza está perfecta”, celebra el Cabezón en su casa del Barrio Los Pinos frente al Parque Norte.

Ya pasó el tiempo de vivir a las corridas. Ahora, asegura, “estoy bien y disfrutando la vida, mis 4 hijas, mis nietos. Agradecido a Dios, no todos llegan a los 80 años como yo”.

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