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Casi 30 años después, la sorprendente coincidencia que hizo "llorar" al popular kiosquero Naza

Una increíble vivencia que el querido comerciante de Cipolletti experimentó en Neuquén y comparte con los lectores de LMC. “Jamás podía imaginarlo”, admite.

Año 1998. Mucho antes de atender su propio y popular kiosco, Naza, de nombre Salvador Caballero se había quedado sin trabajo y salía a “hacer changas” porque estaba a punto de estrenar su rol de papá con el nacimiento de Franco...

Al primer lugar que iba a preguntar “si había algún laburito” era al corralón Litrán, situado en Gatica y Ruta 22 de Neuquén.

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Me paraba en la puerta y esperaba mi turno. A veces necesitaban ayuda para descargar camiones que llegaban de Zapala con cemento y cal, se descargaba a mano, no es como ahora que hay autoelevador”, explica con una memoria admirable.

“Hacía una hora, a veces dos, o todo el día de esfuerzo y no se vayan a creer que ganaba mucho. Era por un sandwich pero yo no le aflojaba porque me servía, dale que dale”, señala y acompaña sus dichos con un movimiento corporal como si estuviera ahora realizando la pesada tarea.

Kiosquero
Naza, el popular kiosquero del centro repasó una increíble anécdota.

Naza, el popular kiosquero del centro repasó una increíble anécdota.

Lo mejor de la anécdota, claramente está por venir.

“No me da vergüenza admitir que en ese entonces no tenía zapatos buenos como para andar trabajando, iba con zapatillas rotas". “No me da vergüenza admitir que en ese entonces no tenía zapatos buenos como para andar trabajando, iba con zapatillas rotas".

"Ya había agarrado confianza con los muchachos, porque me hacían descargar e incluso me llevaban a comer con ellos afuera. Una vuelta estuvimos al lado de la Catedral de Neuquén, en una confitería. Yo me ponía contento de que me consideraran”, cuenta mientras vende un atado de cigarrillos a un cliente.

Así fue la coincidencia que lo hizo llorar a Naza

“Como ellos iban a descargar cemento a las empresas petroleras donde los empleados cuando tenían el botín/calzado gastado lo devolvían para que les entreguen uno nuevo ("ese zapato de seguridad de punta de hierro"), había varios pares viejos dignos que quedaban ahí… Un día el jefe de Litrán me hizo pasar a una piecita y estaban todos los zapatos… 'Elegite uno”, me dijo. "¡Paaa, qué alegría enorme fue para mí”, reconoce y se emociona al evocar aquel momento.

Naza, kiosquero

Año 2026. Pasaron casi 3 décadas y por esas vueltas de la vida o caprichos del destino “tuve que ir a ese mismo lugar, ahora por una circunstancia totalmente distinta, acompañé a mu hijo -por Franco, 28 años- a retirar su primer auto”.

“Tenían que cambiarle el parabrisas y cuando llegué se me hizo muy familiar el predio. Enseguida me di cuenta de que era dónde yo iba a hacer las changas, ahora lógicamente funciona otra empresa allí”, comparte Naza la imperdible, emotiva y azarosa vivencia.

“En ese lugar me regalaban calzado cuando Franco, que hoy trabaja en Cliba en la parte de administración, no había nacido. Pasé de ir a buscar trabajo y zapatos usados o rotos, a retirar el auto de mi hijo...”, expresa asombrado por la coincidencia el querido comerciante.

Cuando hacía changas jamás podía haber pensado que mi hijo iba a tener un auto y menos que iba a acompañarlo a ese mismo lugar”, culmina con lágrimas en sus ojos el también papá de Sofía. “Y sí, soy de emocionarme, ese día de la anécdota me lloré todo”, reconoce Nazareno, un tipo humilde y franco, que hace honor al nombre de su hijo, y por demás querible.

¡Grande Pa!

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