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Asaltaron la panadería La Americana y la casa de sus dueños

El hecho fue protagonizado por un grupo comando, cuyos integrantes actuaron con los rostros cubiertos y portando armas. Se llevaron una gran suma de dinero, dos pistolas, abundante munición y dos consolas de cámaras de seguridad.

Un grupo tipo comando asaltó la panadería La Americana y la casa de sus propietarios, ubicadas en un mismo inmueble en Santa Cruz 37, en el barrio del Trabajo. La banda se alzó con un botín consistente en una gran suma de dinero, dos pistolas, entre 600 y 700 balas, y dos consolas de cámaras de seguridad, entre otros elementos sustraídos.

El hecho ocurrió a las 3 de la madrugada del jueves, momento en el cual había un solo trabajador cumpliendo funciones en el establecimiento. En la vivienda, ubicada en el piso superior del local, no se hallaba, por fortuna, ningún integrante del grupo familiar. En las pesquisas del caso interviene la Comisaría 32 y la Brigada de Investigaciones.

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Los asaltantes lograron meterse en la panadería y sin inconvenientes redujeron al empleado, que resultó con algunos magullones y a quien controlaron por completo al atarlo con precintos. Eran cuatro los sujetos actuantes, tenían cubiertos los rostros y utilizaban handys para comunicarse entre ellos. Todos portaban armas. Se sospecha de un quinto implicado, que habría actuado como “campana” y que los habría esperado afuera en un vehículo.

Marco Andrés Flores, propietario de la panadería, hizo público el episodio este domingo, criticó la inseguridad reinante y dijo que, hasta ahora, no habría pistas que conduzcan a los protagonistas. Lo que sí, resulta evidente que los malvivientes hicieron tareas de inteligencia y que podrían contar con un “entregador”, por la forma en que actuaron. Por ejemplo, ubicaron pronto las llaves de la casa y en sus comunicaciones, de acuerdo al testimonio del trabajador, parecían recibir indicaciones de alguien que conocería bien el lugar.

En la vivienda no había nadie en el momento, porque el propietario había tenido que trasladarse a Buenos Aires por cuestiones de salud. Muy posiblemente, la ausencia de habitantes era conocida por los forajidos, como parte de sus preparativos criminales.

La presencia de un perro bravo en el acceso a la vivienda parece no haber sido obstáculo para la banda. O uno de los integrantes lo conocía y pudo tranquilizarlo, o le dieron una droga o algo para calmarlo. Lo cierto es que, con las llaves en su poder, no tuvieron inconveniente en ingresar y allí hacer de las suyas un buen rato. Se estima que permanecieron cerca de 45 minutos, en los que desordenaron todo y rompieron mucho, entre otras cosas, los taparrollos de las persianas y parte del techo, claramente en busca de dinero.

Se llevaron los registros de videos

Tras arrasar con el interior de la vivienda, lograron su cometido. Reunieron, pues, una cantidad muy apreciable de dinero, que Flores prefirió no especificar y que tenía previsto destinar a la compra de harina, insumo principal y hoy bastante caro de su actividad. Pero, además, se interesaron y se quedaron con las dos pistolas con que cuenta la familia, ambas registradas, una de ellas perteneciente a Marco y la otra a su esposa. Una de las armas es calibre 9 milímetros y la otra, calibre 45. Además, se apoderaron de una gran cantidad de munición. Al parecer, no vieron una Ithaca que se hallaba en el lugar, porque, si no, probablemente se la hubiesen llevado.

Flores, como muchos otros empresarios y comerciantes, están muy preocupados por la seguridad. Por eso, tiene instalado en su casa un sistema de vigilancia con 24 cámaras y dos consolas DVR. Las cámaras las dejaron los sujetos, pero no perdonaron las consolas y con ellas a los registros que pudieran tener del episodio. También se apoderaron de una cadenita de oro de una de las tres hijas del damnificado.

El trabajador, que fue controlado todo el tiempo por uno de los asaltantes, fue amenazado por éstos cuando se iban para que no intentara zafarse por un buen rato. Pese a todo, cuando se encontró solo, buscó liberarse, lo que logró no sin esfuerzo, al punto de lastimarse al hacer sus contoneos. Una vez libre, dio la alarma. Ahora, la Policía y la Justicia tienen en su poder solucionar el caso.

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