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Alarma: sigue cayendo la ocupación en la ciudad

Sólo el 10% de los que pierden el trabajo logra reingresar al mercado.

Desde que inició el año, la delegación cipoleña de Trabajo sólo registró el ingreso de ocho trabajadores al mercado laboral y la brecha con los desocupados se acrecienta cada vez más. El referente zonal Aparicio Riffo contó que no se observan más estudios preocupaciones que los referenciados, aunque sí un crecimiento notable de cesantías en distintos rubros. Puntualmente, la delegación contabiliza más de 60 casos en los que se alcanzó un arreglo entre el empleado desvinculado y la patronal. El problema es que la mayoría no logra reubicarse rápidamente.

Según advirtió Riffo, solamente el 10% de los trabajadores que se quedan en la calle vuelve a ingresar al mercado de trabajo formal, y vinculó esta problemática al cierre de pequeñas y medianas empresas y a la caída de la producción en distintas actividades económicas. Tampoco ayuda la temporada que transita la fruticultura, mucho menos el parate que ha tenido la actividad hidrocarburífera en la región que impacta en la ciudad, como vértice de localidades como Neuquén y Allen.

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“La mayoría son jóvenes de entre 25 y 35 años que no consiguieron estabilidad. La gente mayor trabaja o es desocupada crónica”, evaluó Riffo.

Como si fuese una caja de resonancia, la delegación zonal de Trabajo es testigo de muchas cesantías y pocos ingresos al mercado laboral registrado, lo que tiene su correlato en las vidrieras de muchos comercios. “Es impresionante la cantidad de negocios que han cerrado. De cada cinco comercios, hay dos abiertos que trabajan este verano”, evaluó Riffo.

En comparación con igual período del año pasado, el delegado consideró que la situación económica es mucho más compleja, por cuanto en 2016 el ingreso y la salida de trabajadores al circuito legal del trabajo era más parejo. “Esto ocurre por el parate general que hay en la economía. No se está moviendo nada, no hay venta, no hay mercado. Y la cercanía con Chile no ayuda”, consideró.

A su vez, aseguró que en lo que va del año no se observa un repunte, ni siquiera en la temporada de la fruta y, en este sentido, precisó: “Los galpones han arrancado, pero a media máquina. Y todavía no incorporan toda la cantidad de gente que trabajó el año pasado. Menos aún se incorpora gente nueva”.

El titular de la Cámara de Comercio e Industria, Luis Bunter, coincidió con el diagnóstico y explicó: “No hay reactivación porque la gente no consume y los comercios todavía no se recuperan. El 2016 fue un año de pérdidas y están pagando las deudas”. Confió en que en los meses venideros -marzo y abril- puedan ver una luz y que tanto las elecciones como el nuevo sistema de compras hagan circular un poco la rueda de la economía.

Néstor “Quitín” García es uno de los empresarios que la viene remando sin cortar por el hilo más delgado. Y aunque dice que le cuesta y mucho, porque sin consumo las pymes cayeron en picada, confesó que no tendría la cara para despedir a un trabajador de muchos años que no está haciendo nada malo.

“No hay repunte, todo lo contrario. Esto es parte de la política de ajuste que lleva adelante el gobierno (nacional). No hay consumo, no hay actividad; y en este contexto ¿quién va a tomar gente? Los únicos que pueden estar contentos son los bancos”, aseveró el dueño de Embotelladora Comahue.

García consideró, además, que en este momento resulta muy elocuente la frase “sálvese quien pueda”, pero que aun así hay que ser optimistas. “Yo estoy haciendo lo imposible para salir de la crisis. En algún momento van a dejar de correr el arco”, expresó.

En lo que va del año, la delegación de Trabajo intervino en 60 casos en los que empleado y patronal acordaron una desvinculación.

Existe mucho empleo en negro

Si bien la delegación zonal de Trabajo no tiene números finos del trabajo en negro y afirma que la mayoría de las empresas están registradas en esta ciudad, reconoció que no es despreciable la cantidad de personas que trabajan en la informalidad. “Estamos tratando de llegar con inspecciones a los barrios cerrados, donde hay mucha gente trabajando en negro y la desocupación también es grandísima. Pero la realidad es que es difícil hacer un seguimiento. Por lo general, no encontramos a nadie. Cuando los inspectores llegan a una obra, las otras paran de inmediato y mandan al personal a la casa”, relató el delegado de Trabajo Aparicio Riffo.

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