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Vacunas para prevenir COVID-19: ¿qué sabemos hasta ahora?

En tiempo récord, a menos de un año del inicio de las investigaciones, alrededor de 96 diferentes vacunas se encuentran en carrera para poder ser aplicadas a la población en general.

La científica argentina y doctora en química biológica de la UBA y el Instituto Leloir, Laura Bover, explica cuál es el panorama actual a un año de la pandemia, y cuáles son los cuatro tipos principales y más avanzados de vacunas. Bover es además la actual directora del laboratorio de Anticuerpos Monoclonales del M.D. Anderson Cancer Center de Texas, EEUU.

A un año de decretada la pandemia de COVID-19 por la Organización Mundial de la Salud, mucho es lo que ha ocurrido, mucho lo que hemos aprendido y mucho también lo que aún ignoramos. Lo cual es más que lógico puesto que en la historia de la humanidad nunca se aunaron tantos esfuerzos, inteligencia e investigaciones al respecto, en tan corto tiempo.

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Con casi 120 millones de casos a nivel mundial y 2.650.000 muertes globales, algo es claro: hay que detener la propagación del virus: ¿Cómo?

La circulación entre la población de los virus de cualquier tipo, es crucial para que los virus “vivan”, porque ellos no tienen la capacidad de hacerlo sin nuestra ayuda. Nuestro organismo “les presta” a través de nuestras células, la maquinaria para que se dividan y multipliquen, destruyendo a las células que les “brindaron” ese servicio e infectando nuestros órganos. Y, a través de nuestra saliva, gotitas pequeñas llamadas aerosoles que emitimos al hablar, contagian a otras personas que se encuentren a menos de la tan mentada “distancia social” y sin la protección adicional del “tapabocas”.

La cura de COVID-19, nombre de la enfermedad producida por el coronavirus SARS-CoV-2, hasta ahora es elusiva. Se han encontrado medicamentos existentes que han sido y continúan siendo útiles, se han desarrollado algunos nuevos, como los anticuerpos monoclonales preparados especialmente para combatir a éste y no a otros virus, algunos antivirales, plasma convaleciente, corticoides. Pero, dependiendo de las condiciones de cada paciente, a veces no son efectivos, conduciendo a una enfermedad severa y en algunos casos a la muerte de quien la padece.

Entran en juego entonces las vacunas que se han desarrollado en tiempo récord: a menos de un año del inicio de las investigaciones, alrededor de 96 diferentes vacunas se encuentran en distintas etapas del proceso para poder aplicarlas a la población en general.

Una vacuna es como mostrarle a nuestro sistema inmune el “identikit”, una foto o dibujo del futuro invasor, de tal forma de estar preparado cuando este ataque.

Brevemente describiré los cuatro tipos principales y más avanzados de vacunas:

1) Vacunas de ARNm (trocito de material genético del coronavirus que lleva la información para que nuestras células produzcan la proteína S de la corona del virus). Dicha proteína “extraña” para nuestro cuerpo activará a nuestro sistema inmune, sistema de defensa de nuestro organismo para combatir al coronavirus cuando nos infecte.

(Pfizer, Moderna).

No se integran a nuestro genoma, no producen mutaciones.

2) Vacunas de vectores adenovirales con ADN viral (ADN viral: trocito de gen del coronavirus que lleva la información para que nuestras células produzcan la proteína S de la corona del virus). Los adenovirus (o vectores adenovirales) solo actúan como “medio de transporte” de ese material genético que desencadenará la respuesta inmune. No nos infectan. Similares se usan en hepatitis y en ébola. (Sputnik V, AstraZeneca/Oxford (Covishield), Johnson & Johnson, Cansino).

No se integran a nuestro genoma, no producen mutaciones.

3) Vacunas de virus inactivados: se inactivan los coronavirus con productos químicos de tal forma que no sean infectivos. Es una “foto” completa del invasor, pero no es el invasor vivo. Se utilizan similares para la vacuna de la gripe y la BCG. (Sinovac y Sinopharm (esta última en Argentina ya).

No se integran a nuestro genoma, no producen mutaciones.

4) Vacunas de proteína S o péptidos de S: péptidos son trocitos más pequeños de la proteína S. Estas vacunas vienen más lentas en su experimentación y producción. Requieren el uso de adyuvantes para ser efectivas (Novavax).

No se integran a nuestro genoma, no producen mutaciones.

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Las mayores dudas y las respuestas clave

  • Si una persona se enfermó de coronavirus, ¿su sistema inmune genera anticuerpos que pueden ser detectados?

En general se pueden detectar anticuerpos contra el coronavirus en la persona recuperada. Estos anticuerpos pueden detectarse con kits contra la proteína S (la misma que se usa en las vacunas) o contra otra proteína del virus (proteína N). Este último tipo de kit sirve sólo para testear a convalecientes. No sirve para testear a los vacunados con la mayoría de las vacunas, porque el kit es contra otra proteína, la N.

Puede ocurrir que aunque una persona haya estado enferma no tenga títulos de anticuerpos. Se especula que eso ocurre cuando la carga viral (la cantidad de virus que infectaron a la persona) es muy baja.

  • Si una persona se enfermó de coronavirus ¿queda protegida de una nueva infección?

No necesariamente y no se sabe con exactitud por qué hay personas que vuelven a contraer la enfermedad. Se especula que tal vez esas personas tuvieron baja carga viral y no generaron una respuesta inmune estable y no tiene anticuerpos.

  • Si una persona se enfermó de coronavirus ¿cuánto tiempo está protegida contra la enfermedad?

Aún no se sabe. Se cree que quienes tuvieron enfermedad más severa, asociada tal vez a alta carga viral, pueden quedar protegidos durante 6-9 meses.

  • ¿Cuánto tiempo dura la protección obtenida a través de las vacunas?

No se sabe aún y se está investigando. En Argentina en la Universidad de La Plata, se está realizando un estudio de seguimiento de personal de la salud vacunado voluntario. En este estudio se toman muestras de sangre de los voluntarios y se analiza el título (cantidad) de anticuerpos contra la proteína S, que es la que dispara la respuesta inmune en el caso de cualquier vacuna. Los voluntarios enrolados serán seguidos a lo largo del tiempo para analizar cuánto tiempo dura esa respuesta.

  • ¿Si estoy vacunado puedo contagiar?

No se sabe. Hasta no estar seguros si un vacunado contagia, hay que seguir manteniendo las precauciones: uso de tapabocas y distancia social. Muy importante, dado que en tan corto tiempo hemos tenido las vacunas, estas investigaciones, que regularmente se harían a lo largo de 5 o más años, se hacen sobre la marcha. Debemos ser precavidos y pacientes.

  • ¿Si estoy vacunado puedo contagiarme?

, puedo contagiarme, porque ninguna vacuna protege el 100%. Por lo tanto valen las recomendaciones de la respuesta anterior. Lo que sí aseguran la mayoría de las empresas farmacéuticas que producen vacunas y han publicado sus resultados en revistas científicas, es que las vacunas previenen de desarrollar enfermedad grave.

  • ¿Es necesaria una segunda dosis en aquellas vacunas que la indican?

En general una respuesta inmune es más efectiva cuando se desafía al sistema inmune más de una vez. Por ejemplo, y como dijimos que las vacunas son como mostrarle al sistema inmune un “identikit” del invasor (“foto” del virus), la primera dosis puede ser “foto de frente” y la segunda dosis “foto de perfil” del virus, para que se lo reconozca mejor. Es importante destacar, que los datos publicados de eficacia (protección) de las diferentes vacunas, fueron probados con dos dosis o con una (en el caso de la de J&J). Esto no implica que una sola dosis no ofrezca al menos una protección parcial y que ante la escasez se prefiera vacunar a más gente para lograr la “inmunidad de rebaño”. ¿Qué significa esto? Dijimos que los virus nos usan para vivir y dividirse ellos. Si les cortamos el camino vacunándonos todos, no tienen la posibilidad de seguir infectando.

  • ¿Qué ocurre con los tiempos entre dosis? ¿Deben ser estrictos?

Los datos publicados sobre respuesta a las vacunas, se ensayaron con esos tiempos entre dosis (3 - 4 semanas). Actualmente, en la Universidad de Oxford se están completando estudios espaciando las dosis entre 4 a 12 semanas, para ver cual protocolo de vacunación resulta más efectivo. Asimismo, se está ensayando combinar distintos tipos de vacuna (por ejemplo una vacuna de ARNm con una de Adenovirus o de proteína). Los datos tardarán al menos 1 año en conocerse.

  • ¿Protegen las vacunas existentes contra las variantes de Reino Unido, Brasil y Sudáfrica?

Todas las compañías están haciendo estudios al respecto. La mayoría encuentra que la protección es menor contra las nuevas “versiones” del virus. Y están por lo tanto planeando diseñar dosis extra de refuerzo para administrar y lograr protección contra ellas.

Laura Bover es científica argentina, doctora en química biológica de la UBA y el instituto Leloir. Actual directora del laboratorio de Anticuerpos Monoclonales del M.D. Anderson Cancer Center de Texas, EEUU.

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