Unidos para superar cualquier adversidad

Julio y Lorena subsisten con 7 hijos, sin trabajo y con muy poca ayuda.

Guadalupe Maqueda

maquedag@lmneuquen.com.ar

Sobre un zanjón hay una casilla, muy cerca del canal principal que atraviesa la toma Martín Fierro, y en su interior una pareja y siete niños que sobreviven. Julio Maidana y su mujer, Lorena, aprovecharon desechos de calcáreo y otros escombros para nivelar el terreno, pero no pueden perder de vista ni por un instante a sus pequeños porque están a un paso de la corriente del agua. El más chico, Nataniel, tiene apenas un mes de vida. Y la más grande, Mariana, con 11 años es una especie de nana para sus hermanos.

Conviven con ese peligro potencial porque no tienen mejor opción. Alguna vez, una iglesia les abrió las puertas por un tiempo, y buscaron echar raíces en Neuquén y Misiones, pero no lo consiguieron.

Hace dos semanas y media el hombre de la casa, de 52 años, clava las tablas de machimbre que pudo comprar para darle reparo a su familia. También colaboran mucho algunos vecinos solidarios como Valeria Valesk. “Nosotros estábamos escondidos y ellos nos descubrieron”, dice Julio.

Él nació en Entre Ríos, donde vivió 28 años. Tuvo otra vida. Un taller de chapa y pintura, otra familia, y un hijo de 14 años que murió ahogado durante un campamento escolar, aunque él no cree que haya sido un accidente (ver aparte). “Desde 2006 sobrevivo”, afirmó.

Esa pérdida lo hizo pedazos. “Estuve seis años sin poder levantar un martillo”, contó. Pero cuando el dolor venció su cuerpo y la voluntad, conoció a su actual pareja misionera mientras vivían en el oeste neuquino. Ella le tiró un colchón en la cocina de su hermano para que no muriera de frío. De condición muy humilde y con tres boquitas que alimentar, le dio la mano y se echaron a rodar juntos por la vida. “Me dio cuatro preciosos hijos más tres de regalo. Es un sueño para mí y no se merecen que yo baje los brazos. Estoy hecho pomada, pero soy un hombre de trabajo”, expresó.

Vecinas como Alejandra le acercan comida y otras donaciones. Pero el agua la juntan en un balde, tienen una hornalla para cocinar y calentarse. Sus hijos todavía no pueden retomar la escuela. Comen lo que les acercan los vecinos porque no tienen ingresos. Su mujer no recibe pensión por ser mamá de siete chicos y él está sin trabajo.

“Yo lo que más quiero es poder hacerme de herramientas para trabajar. Necesito dos pistolas para sopletear o una (soldadora) autógena. Es lo que más me dignificaría”, manifestó.

Yo lo que más quiero es poder hacerme de herramientas para trabajar. Es lo que más me dignificaría”. Julio. 52 años

La tragedia que marcó su vida

Hoy preocupa e indigna que el aparato estatal no llegue a tiempo con soluciones de fondo para una familia donde hay siete niños en situación de riesgo. Antes, Julio Maidana recibió la peor trompada en el corazón que un padre puede sufrir, cuando su hijo de 14 años murió en un campamento escolar, en un camping de Centenario. Era alumno de la primaria 115 del barrio San Lorenzo de Neuquén. No olvidará nunca el día que fue a la morgue judicial y una perito le dijo: “Sólo Dios le va a hacer justicia a este nene”.

Maidana sostiene que a su hijo lo golpearon otros alumnos y luego lo escondieron en la pileta, donde apareció sin vida. Recordó que su cuerpo estaba muy golpeado. “No fue un accidente”, aseguró, y denunció haber soportado que la provincia de Neuquén lo estafe y que distintos funcionarios judiciales y abogados usen su dolor.

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