Un hobby que les saca una sonrisa a los chicos

Fabián Lagos arregla pelotas de cuero, un oficio que casi desaparece.

Por Alberto Rivero - riveroa@lmneuquen.com.ar

Un cipoleño se dedica a una actividad que por un momento había dejado de existir, pero la crisis económica que afecta directamente a los bolsillos provocó que vuelva a tomar impulso. Fabián arregla pelotas hace casi tres décadas, y dijo que de ser un hobby pasó a convertirse en un trabajo extra. “Ahora reparo mucho más que antes, porque está muy caro comprar una nueva”, expresó.

Es una práctica que necesita tiempo y dedicación, pero además requiere de los conocimientos necesarios para que los resultados sean exitosos. Se trata de un trabajo antiguo, y que por momentos había dejado de existir porque entre arreglar una pelota y comprar una nueva no había tanto diferencia respecto al precio. Ahora, en épocas de inflación y suba de precios constantes, la gente opta por reparar y estirar lo que más se pueda la vida útil de los productos.

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“Comencé a reparar pelotas de hobby junto con mi cuñado en 1992. Yo tenía 26 años y él me enseñó todo lo que había que saber. No me lo tomaba en serio cuando arranqué. Era un extra que hacía fuera de mi horario laboral. Hay mucha gente que no sabe que existen personas que nos dedicamos a esto, y cuando se pinchan o se rompen creen que no sirve más”, expresó Fabián Lagos en diálogo con LM Cipolletti.

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Es empleado de una reconocida casa de deportes hace 26 años, y con la reparación de pelotas logra aportar unos pesos extras a la economía familiar.

“El arreglo más común son pinchazos por espinas o alguna rotura. Cuando me las traen las descoso, pongo los parches que necesita y luego las vuelvo a coser. Por lo general suelen ser pelotas de fútbol y de vóley. Ahora comprar una nueva sale $1500 la más barata, y arreglarla cuesta sólo $200, por eso están trayendo más”, contó Lagos, quien trabaja en su propia casa del barrio Santa Clara.

Las publicaciones en Facebook que la semana pasada dieron cuenta del trabajo del cipoleño con las pelotas se viralizaron y provocaron que la gente de la ciudad conozca su labor y recurra a sus habilidosas manos.

“La época que más trabajo tengo es durante el verano porque los chicos salen a jugar al aire libre. En invierno se tranquiliza bastante, pero siempre me traen alguna de igual forma”, aseguró.

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