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Triste final para muchos productores de peras en el Valle

Por lo inviable de la actividad, cada vez se eliminan más plantas. "Es una triste realidad", manifestó un chacarero.

El desmonte paulatino de las plantaciones de perales marca un fenómeno que se viene extendiendo por el Valle desde hace ya algunos años. La poca ganancia que les reporta la pera a los chacareros, las pérdidas que les genera el tipo de cambio y la competencia cada vez mayor en materia de exportaciones con países como Sudáfrica y Chile, tornan crecientemente inviable una producción que lució esplendorosa, otrora, en el pasado.

Se están dando casos en las últimas temporadas de chacareros que cosechan la pera y, después, proceden a cortar y erradicar sus perales. Así de drástica se ha vuelto la situación. Pero hay casos peores, y es la de productores que no solamente eliminan sus perales, sino que también dejan de producir manzanas y, con el tiempo, desmontan todo y cortan con una actividad a la que le han dedicado su vida.

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El chacarero Jorge Perok taló sus dos últimas hectáreas de pera en esta temporada. En su mejor momento, llegó a tener 28 hectáreas en producción, pero las fue desmontando en forma paulatina y hoy ya no cuenta con ninguna. “Es una triste realidad”, manifestó, al referirse al proceso que lo llevó a deshacerse de sus perales.

Recordó que hace unos 30 años el INTA y los propietarios de galpones impulsaron en forma decidida la plantación de perales y hasta se dijo que la producción de peras iba a suplantar con el tiempo a la de manzanas. El atractivo perduró por algunos años, al compás de los gustos y modas de Europa, que solicitaba la fruta. Algunos hicieron su negocio, no los productores, y se vino el doloroso momento de optar. Seguir con una actividad que se volvía cada vez menos rentable y fundirse, o pasar a otra cosa.

Perok inició el desmonte de sus perales hace unos siete años pero hoy piensa que debió empezar antes. Lo que venía cosechando y vendiendo no le rendía y gastaba cada vez más. Ahora, se está dedicando a la alfalfa, más por mantener en labor sus tierras que por sostener un negocio que le haga diferencia. Ya no apuesta a la fruticultura, cuya “gente la está pasando mal”.

Otro ex productor de peras, que prefirió el anonimato, refirió que se deshizo de sus perales, pero también de sus manzanos. La ganancia que obtenía era muy poca en comparación con el gran trabajo y la mucha inversión que le requería la producción. Ahora, tiene una pequeña producción de fruta de carozo y una mayor de maíz. Son otros tiempos. “La producción de peras y también de manzanas en general no están bien, no son negocio, no son rentables”, manifestó. Y se preguntó: “¿De qué vivirá el Valle sin fruticultura?”.

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