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Tras el enigma gitano

Liliana Fedeli publicó un libro sobre la historia de la comunidad.

Orgullosos de su identidad, celosos de su tradición, pero también paulatinamente más influidos por costumbres locales, los gitanos conforman un colectivo humano de mucha personalidad y que aporta su distintiva cuota de diversidad a la sociedad de Cipolletti y de la región.

La historiadora local Liliana Fedeli emprendió hace cinco años una investigación para conocer a fondo la vida de estos pobladores que, por sus particularidades, siguen envueltos en una capa de misterio y de mitos y muchas veces son apartados y segregados.

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El resultado de su trabajo es el libro Gitanos: una mirada que muchos no ven, publicado por Educo, la editorial de la Universidad Nacional del Comahue.

El primer contacto de Fedeli con la cultura gitana fue a través de su padre, quien por su trabajo se relacionó con la comunidad. Muy enfermo y próximo a morir, recibió la visita, con su ropa más tradicional, de un gitano que le expresó su agradecimiento y amistad. Ella nunca olvidó la anécdota.

Por eso se predispuso a empezar una larga y profunda búsqueda de bibliografía y documentos sobre este pueblo y a concretar numerosas entrevistas para terminar un texto de 295 páginas, con fotos e ilustraciones. “Había que saber algo más desde adentro”, manifestó la historiadora, quien rechazó la visión más persistente y xenófoba que aún circulan sobre los rom, como también se los conoce, las que los señalan como propensos al delito. “Como en cualquier grupo humano, hay gente positiva y gente que no”, enfatizó, y desechó la acusación generalizadora.

Pudo constatar que en la región sí existe una estrecha relación, en términos de actividad económica, con la venta de automóviles, pero esa es una fuente de trabajo, por la que mantienen incluso vínculos con grandes concesionarias.

Tras siglos y siglos de vida errante, en muchos lugares como en Cipolletti, Neuquén y otras ciudades de la Patagonia se han vuelto sedentarios. Sin embargo, persisten en conservar su lengua, en lo que la crianza de los niños, casi exclusiva responsabilidad de las mujeres, resulta fundamental. También mantienen sus ritos propios para momentos trascendentales como los nacimientos y casamientos y también para las instancias fúnebres. Y sostienen un machismo, algo más atemperado en el presente, que guarda un claro rol dominante al varón.

A consecuencia del machismo, la vida de las gitanas suele estar más regida por el tradicionalismo. Conservan el gusto por su vestimenta distintiva de polleras largas y coloridas y el uso, con simbolismo, de pañuelos que indican, por ejemplo, si está soltera, casada o viuda.

Lentamente, la vida exterior los afecta y, por ejemplo, ahora las niñas y las adolescentes pueden avanzar más en sus estudios y ya hay incluso algunas profesionales.

Su cultura es esencialmente oral y las transformaciones del mundo, con su tecnología invasiva, los permean como a todos y los cambian. Pero nunca al extremo de que su sentido de comunidad y su visión tan particular de la realidad no siga vigente. Al contrario, su perseverancia a la larga los lleva a un doble resultado: “Se da, a la vez, que los demás los excluyen pero también que ellos mismos se autoexcluyen”, afirmó Fedeli. Pero así viven hasta hoy. Un mundo propio para respetar.

Falso: Para Fedeli, no es real que la mayoría de los gitanos se vinculan con el delito.

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